22 de agosto de 2019, 14:14:49
Opinion


Die fetten Jahre sind Vorbei

José María Zavala


Así se titulaba originalmente una conocida película alemana cuya traducción sería más bien “Se acabaron las vacas gordas”, pero que finalmente fue bautizada en España como “Los Edukadores”. Un producto de la industria del cine que deja bastante que desear tras un interesante inicio.

Pues eso os digo a todos, estéis arriba, abajo o en medio: hemos matado a la Gran Vaca. Y
no puedo ocultar que me alegra. Quién sabe, quizás un grupo de salvamundos ecologistas se haya colado en las filas de la élite financiera para crear a propósito este inevitable y necesario colapso.

Quienes no se enteran de nada adoptan posturas tan inocentes como temer al marxismo o proponer la reinvención del capitalismo. Una parte del 15-M que no aguanto en absoluto es la representada por quienes esgrimen como principal argumento el de la capacidad adquisitiva mermada, con carteles del tipo “Violencia es cobrar 600 Euros”. ¿Si cobrases 1000 y pero tu vida siguiese siendo tan miserable como antes no te quejarías? ¿Es ahora cuando sales a la calle? Violencia es cobrar y punto. No podemos dejar que nuestras ilusiones dependan de una transferencia bancaria mensual. No debemos medir nuestro bienestar por el número de televisores que tengamos en casa o por la capacidad para tener un móvil a la última moda. Nuestra forma de vida es una de las opciones más despreciables que ha parido la Historia y debemos dar gracias a que su fin esté próximo. Tan sólo esperemos que no nos espere nada peor, y para eso vamos a tener que trabajar mucho. Sí, trabajar. Porque frente a las estúpidas acusaciones de que quienes nos quejamos somos una panda de vagos, he de insistir en que detrás de todo esto hay muchas horas invertidas.

Quien se siga creyendo la chorrada esa de “solucionar la crisis” no sabe en qué mundo vive. Quien crea que la vida será tan fácil como lograr “colocarse”, hacer una familia y esperar una pensión no tiene una perspectiva global. No es fácil volver al binomio consumo-crecimiento sobre el que se ha basado la domesticación de Occidente desde la II Guerra Mundial. Ningún empresario en su sano juicio emplearía obra de mano europea si encuentra una opción más barata. Y esto ya es aplicable a los sectores primario, secundario y terciario. Ni un sólo dólar financiará Europa si ve que no es una opción mínimamente segura frente a otras. El mundo es así, no estamos aquí para hacer obras de caridad, hemos venido a hacer dinero, ¿no? Aquí es cuando dejamos de ser españoles o europeos y nos convertimos en recursos.

Pero sobre todo no es deseable que se solucione la “crisis” (esa que empezó hace ya siglos, cuando el dinero empezó a ser más importante que las personas): ni en su faceta financiera ni en la económica, porque volver a la presunta estabilidad de los mercados no nos pondría a salvo ni del desequilibrio social, ni de los riesgos ecológicos, ni de los peligros vinculados al sector energético.

Así que negar el advenimiento de un cambio profundo es una seria necedad que hasta a los peleles de la casta política les cuesta disimular en sus promesas. La vieja leyenda del crecimiento no cuela, ni en su versión original ni disfrazada de ecocapitalismo o desarrollo sostenible. Así que podemos seguir mirando como idiotas a ver si el PIB levanta cabeza de una vez gracias a alguna especie de milagro, o ponernos a trabajar por un decrecimiento “feliz” y no traumático, en el que sepamos utilizar nuestra imaginación, nuestra formación, y nuestros recursos para controlar este cambio y que no sucumba al lado más oscuro de la Humanidad en el que la avaricia, la violencia y el egoísmo se funden para sostener sistemas como ese que hemos estado sufriendo tantos años.
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