4 de diciembre de 2021, 17:23:58
Opinión


Toros y libertad

José Eugenio Soriano García


Con la corrida de ayer, se acaba, si en su caso no lo remedia el sentido común o algún recurso de inconstitucionalidad, la fiesta en Cataluña. La Fiesta con mayúsculas, porque los corre bous y otras demostraciones con toros van a continuar.

Es evidente que fue el tripartito, con el partido socialista incluido, el que liquidó una tradición y un espectáculo multisecular en el Principado. Se sumó, gustoso, a la prohibición CiU, en demostración de que coincidía con la persecución de todo lo que pudiera implicar una relación con una simbología típicamente hispana.

Escuchando últimamente a muchos catalanes, por ejemplo a Eduardo Mendoza en el Festival Hay de Segovia (magníficamente organizado y ejemplo de buena gestión cultural) parece que pocos estaban de acuerdo con la prohibición. Pocos, salvo los buenistas de turno, que curiosamente atacan el rito taurino pero que no dicen absolutamente nada de la pesca o de la caza. Y hay que decir que si hablamos de la locura de “derechos” de los animales, pocas cosas más crueles que engarzar por el cogote al pez clavándole los arpones de todo anzuelo hasta morir o hacerle morir de forma aún peor como provocarle la asfixia por hacerle perecer en la superficie donde no puede respirar; no digamos nada de la caza, donde tantas veces, todos los días desde luego, miles de animales escapan mal heridos para ser pasto de crueles destrozos por el resto de la fauna que pronto se echa sobre el lastimado.

Me apresuro a indicar, a renglón seguido, que no seré yo quien pretenda acabar con la pesca o la caza. En realidad no lo podría hacer por la potísima razón de que jamás he cazado ni pescado y no tengo la menor idea de lo que sucede en realidad con la presa. Pero he puesto este ejemplo imbécil como demostración de lo fácil y estúpido que es ponerse a predicar sobre los derechos de los animales. Y desde luego, que no quepa duda de que, pese a mi ignorancia, sí que resulta evidente que no hay caza ni pesca sin sufrimiento para el animal. Y, además, normalmente, esos animales no son fieras preparadas para embestir, como sucede con los toros.

En definitiva, el buenismo en tauromaquia no se sostiene. Se puede hablar de taurodemagogia, que es lo que en realidad han hecho los buenísimos políticos catalanes. Pero el caso es que se ha querido acabar con la Fiesta, como se acaba con la bandera de España o se quema la efigie del Rey. Es la intolerancia bestial – aquí sí que hay bestias y no en el ruedo – la que rige los destinos de gran parte de España. El rencor, el resentimiento, en definitiva la violencia dirigida espontáneamente contra todo el que piense de forma distinta a los patrones con los que te ordenan pensar quienes tan bien viven de mandar sobre tu conciencia (y sobre tu dinero, y tu vida en definitiva), digo, ese rencor y resentimiento hace felices a los mediocres que practican de continuo el autoritarismo como forma de corrección política.

Nos han hecho daño al suprimir la fiesta. Daño gratuito, inútil, sin sentido. Ese es el daño con el que quienes lo hacen pretender dirigir al resto. Y el resto siente cada día más rechazo por estos autoritarios, babosos de conseguir el premio de la corrección política y siempre traicionando, como tantos que votaron la supresión, sus más íntimas convicciones.
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