20 de octubre de 2019, 19:30:08
Opinion


España necesita una política internacional coherente



José Luis Rodríguez Zapatero comunicaba ayer al Rey de manera oficial la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones. Son días, pues, en los que resulta inevitable hacer balance de lo que han sido estas dos legislaturas. Y si bien es cierto que la política económica focaliza la mayor parte de la atención, hay otros aspectos en los que también merece la pena hacer una reflexión. Aspectos como el de las relaciones internacionales, donde la gestión llevada a cabo por el señor Zapatero puede tildarse de tanto o más desastrosa que en lo referente al ámbito de la economía. De hecho, un asunto tan importante como es la perspectiva de un estado palestino está siendo tratado de acuerdo con lo que ha sido la línea característica de los últimos años: descoordinación, falta de perspectiva y una cierta dosis de radicalismo.

Hay que decir que la impronta de Zapatero se ha dejado sentir en todos los ministerios aunque, en el caso de Exteriores, tanto Moratinos como ahora Trinidad Jiménez han gozado de un cierto nivel de autonomía mayor que el de otros compañeros de gabinete. De ahí que, en consonancia, su cuota de responsabilidad sea también superior a la del resto. Se ha primado mantener una buena sintonía con “estadistas” de la talla de Evo Morales o Hugo Chávez en detrimento de socios tan “poco atractivos” como los Estados Unidos de George W. Bush o la Alemania de la “fracasada” Angela Merkel. Se sacó pecho de que España iba a superar a Italia y Alemania -en paro, desde luego-, y en asuntos como la intervención en Libia, la cancillería española se distinguió por su permanente indefinición. Por fin, la mayor dedicación de ambos ministros se ha centrado en una profusión de nombramientos sectarios y de pandilla, en general, sin respeto al escalafón y contrarios al principio del mérito.

Por no hablar del vergonzante papel llevado a cabo por Moratinos al defender a capa y espada la dictadura cubana ante sus colegas europeos. La postura de los 27 no ha cambiado un ápice -entre otras cosas, porque tampoco ha cambiando nada en Cuba-, y eso es algo en lo que España se ha dejado una buena parte de su credibilidad. no se puede aspirar a ser alguien en el concierto internacional al margen de la Unión Europea o Estados Unidos y alinearse con posturas cuando menos discutibles. Al mismo tiempo, se antoja fundamental la prudencia en cuestiones tales como la palestina, con cuya causa se ha posicionado sin ambages Trinidad Jiménez. La Unión está a la expectativa, como gran parte del mundo. Y España ni puede ni debe ser un verso suelto en este tema. Como en tantos otros. Es preciso hacer una política internacional de principios pero basada en intereses, consensuada entre los dos grandes partidos nacionales y coordinada con la Unión Europea y los EE.UU.
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