28 de enero de 2020, 21:58:15
Nacional

tribuna


López en su laberinto



En el debate de política general de la semana pasada en el Parlamento Vasco, el lendakari López ha pasado revista a la situación del País Vasco, sometiendo a debate su diagnóstico y la dirección política de su gobierno. Lo ha tenido que hacer en el punto álgido del ecuador de una legislatura difícilmente repetible y en el interim entre una debacle de su partido en las elecciones locales y forales en Euskadi y la antesala de otras generales, que se vislumbran como de fin de ciclo para su partido en Madrid, tras verse desalojado de casi todas las instancias de poder local, urbano y regional. Por si fuera poco, la crisis sigue apretando y su baja popularidad no hace más que acrecentar su soledad política. Ninguneado por los enredos de su partido en Madrid con el PNV y acorralado por el protagonismo del complejo ETA-Bildu, el resentimiento del PNV y la desconfianza del PP, su socio preferente, afronta el reto de hacerse oir, creyendo tener algo sustantivo que decir y ofrecer a una sociedad fragmentada, desorientada y que no le presta demasiada atención. De las casi 60 páginas de su discurso escrito (por cierto, con un error de datación en su primera página), solo han parecido tener interés las poco más de diez de su punto cuarto (titulado “un compromiso con la libertad y la convivencia democrática”) y, si me apuran, las dos últimas del epígrafe final de sus “bases para la unidad, la concordia y la convivencia” e, incluso, solo los puntos 8 y 9 de su decálogo. Por lo visto y oído en los días posteriores, parece estar encantado con lo conseguido: una supuesta hoja de ruta para un supuesto “plan de paz”, que pueden producir el espejismo de sacarle de su laberinto político particular.

A lo que parece, y mientras no nos digan lo contrario, su inicial apelación al consenso en el citado apartado cuarto de su discurso, no será más que un recurso retórico, si su socio preferente, el PP, no se siente concernido (informado o consultado) en una tema clave del acuerdo que avala su apoyo parlamentario al gobierno de López. De este modo, es difícil que una propuesta, que podría ser importante para el final del terrorismo, resista la tentación de su uso partidista y electoral, por activa o por pasiva. Si fuese así, solo sería la respuesta del actual partido del gobierno a las exigencias de la auténtica hoja de ruta, que sería la marcada por la estrategia conocida de ETA. Con Currin y sus mariachis estaría consiguiendo la internacionalización de sus demandas, al tiempo que maneja, magistralmente, los tiempos en favor de sus objetivos a corto, medio y largo plazo. A corto plazo, apuntalar la campaña y la movilización electoral del tinglado Bildu-Amaiur; a medio plazo, asegurarse la impunidad para sus terroristas, presos o no, y el olvido para sus fechorías de los últimos 50 años (“sin vencedores ni vencidos”); y a largo plazo, sustituir al PNV en el liderazgo para la consecución de los objetivos secesionistas. De todo ello no pueden ser desconocedores ni el lendakari, ni sus asesores (con Eguiguren a la cabeza), ni sus interlocutores gubernamentales, ni sus mentores mediáticos. El problema es que ETA también sabe moverse en los escenarios electorales y no suele hacer favores gratis.

El problema del decálogo del lendakari no está en lo que dice, si no en lo que no dice, insinúa, se interpreta, se deduce o se va desgranando en función de las reacciones posteriores. ETA y su conglomerado a lo suyo, pero no les disgusta la música, el PNV lo ve con desconfianza y desdén, el PP y sus medios amigos lo interpretan en clave electoral y, por tanto, partidista, y el gobierno y sus medios afines avalan con alborozo el recetario. Si ETA está derrotada, que lo está, si han sido la eficacia policial, la unidad y la firmeza democráticas los factores claves de su derrota y si ha sido el valor y la movilización de las víctimas el principal elemento moralizador de la sociedad civil, ¿ por qué cambiar la hoja de ruta y el paso de los demócratas, concediéndole más protagonismo del que se merecen ? Casi todos anhelamos el final, pero éste no es necesariamente mejor por buscarlo con prisas, de forma acelerada o de cualquier manera. De nuevo, la clave vuelve a estar en la unidad de los demócratas y en el terreno de juego de las víctimas, sin reduccionismos retóricos.
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