10 de diciembre de 2019, 21:07:14
Cultura

EDITADA UNA RECOPILACIÓN DE TRABAJOS DEL FOTOPERIODISTA


Emilio Morenatti: “Prefiero mostrar el mensaje de forma subliminal, sin caer en lo escabroso”


A punto de cumplirse 10 años desde su primera incursión, cámara en mano, en un conflicto bélico, el fotoperiodista Emilio Morenatti reúne algunos de sus mejores trabajos en un nuevo ejemplar de la colección editorial PhotoBolsillo. Después de tomar pequeños instantes de la realidad más cruel del ser humano en Iraq, Paquistán o Palestina y hacerlos llegar a medio mundo y de sobreponerse a un secuestro en Gaza y a un atentado en Afganistán, Morenatti ha asegurado en una entrevista con EL IMPARCIAL que sigue considerando “un privilegio” el ejercicio de esta profesión.


En 1987, Emilio Morenatti acababa de cumplir la mayoría de edad. Las calles de Jerez (Cádiz) -ciudad a la que se trasladó desde Zaragoza con su familia a los pocos meses de nacer- se le antojaban el escenario perfecto sobre el que descargar sus incipientes conocimientos de fotografía. “Perseguía en mi Vespino a los coches de bomberos, policías y ambulancias para cubrir todo tipo de sucesos y luego intentaba vender las fotos en un periódico local”, explica el ahora internacional fotoperiodista en una entrevista con EL IMPARCIAL. Así, El Periódico de Guadalete se convirtió en la cuna de las primeras fotografías de Morenatti, “malísimas técnicamente pero interesantes como documento informativo”.

Veinticinco años después, depurada la técnica y elevado a la enésima potencia el componente de interés periodístico, una selección de la obra de Emilio Morenatti se imprime en el último ejemplar de la colección editorial PhotoBolsillo, que publica desde 1998 monografías de los fotógrafos españoles más relevantes. La plana de sucesos del modesto rotativo jerezano abrió las puertas a lo que se ha convertido en el telón de fondo predilecto del trabajo de Morenatti: las zonas más convulsas del planeta. Afganistán, Palestina, Iraq o Haití han posado para el objetivo de este andaluz adoptivo, mostrando su realidad bélica y desnudando la cotidianidad que sobrevive bajo la costra de guerra y violencia.

“No fue una gran experiencia e incluso quedé decepcionado con esa cobertura en la que había depositado una gran expectativa e ilusión”. Morenatti describe así a este periódico su primer contacto con un conflicto bélico internacional. Después de conseguir un contrato con Efe a raíz de su cobertura de la Expo del 92, al fotógrafo le llegó la oportunidad de enfocar su carrera hacia su mayor pasión cuando la agencia de noticias le envió a cubrir la invasión norteamericana de Iraq en marzo de 2002. “Siempre me he sentido atraído por ese tipo de situaciones imprevisibles y cargadas de acción donde uno tiene que actuar rápido y lidiar con altas dosis de adrenalina”, explica, mostrando su seducción por “el reto” que en estas circunstancias supone “obtener una buena fotografía que cuente lo que está sucediendo”.

PIE DE FOTOEn Iraq, Morenatti pasó la mayor parte del tiempo en el sur del país, como empotrado con los ejércitos español y británico, lejos de la primera línea de frente. El recién estrenado fotógrafo bélico no pudo presenciar la acción del conflicto en primera persona, pero su mayor frustración vino, según explica, por una serie de fotos tomadas en un campo de prisioneros en Umm Qasr, en las que se veía a una columna de prisioneros iraquíes conducidos hacia el interior por soldados americanos “fuertemente armados”, que “fueron censuradas por la agencia Efe y jamás se publicaron”.

Morenatti reconoce que “el empotramiento” en los convoyes de uno u otro ejército en una guerra –como el que él vivió en Iraq- es el recurso de los periodistas cuando “no tienen otro medio a su alcance para contar una guerra”.

Según el fotógrafo, “convivir con los miembros de un convoy no significa caer en la parcialidad informativa”, pero reconoce que “el patriotismo de algunos empotrados arruina el código deontológico” de los periodistas. Morenatti destaca que “conservar la imparcialidad”, a pesar de compartir el día a día con un grupo de hombres que participan de uno de los bandos, “es posible” y debe ser su “militancia como periodistas”.

Lo que de verdad disgusta al fotógrafo del trabajo como empotrado es que el universo a capturar con la cámara se restringe a “los movimientos, la técnica, la estrategia y la vida de los soldados”. “Para mí, contar una guerra es más que eso, es contar el sufrimiento de la población civil y los daños colaterales”, afirma. “Eso hay que tenerlo presente cuando trabajas empotrado”.

Por ese motivo, Morenatti trata de realizar su labor lejos de los ejércitos y aproximarse las personas: retratar el dolor y el sufrimiento de gente normal que se ha visto envuelta en la anormalidad que por definición dibuja un conflicto armado y dejar aflorar los restos de cotidianidad que sobreviven en medio de ese dolor.

“Intento aprovechar los escenarios que me ofrecen culturas tan distantes a la mía”, explica el fotoperiodista que, después de su paso por Iraq ‘fichó’ por Associated Press y ha disparado su objetivo en la guerra de Afganistán, el conflicto de Oriente Medio desde Gaza y Jerusalén, en Paquistán, en Haití, en Nepal o, más recientemente, en Túnez, Egipto o Libia. Envuelto por estas atmósferas, Morenatti asegura no marcarse un “destino fijo” para su obra. Su método de trabajo consiste en salir a la calle “para tomar el pulso a la sociedad”, limitándose a “observar hasta encontrar un escenario idóneo o un momento interesante que fotografiar”.

Esos instantes son los que componen su obra. Habitualmente, pedazos de realidad congelada: una pelea, una manifestación, una mujer paseando con un niño o unos adolescentes zambulléndose en el agua. De manera excepcional, una realidad “creada” como una de sus últimas muestras, Violencia de género en Paquistán, una serie de retratos sobre los estragos del ácido como método cada vez más extendido de maltrato a las mujeres que ganó el primer premio FotoPres 2009.



La importancia del prestigio
A este reconocimiento se suman la nominación al Pulitzer en 2010, tres National Headliner, dos Clarion International Photography, el premio Godó de Fotoperiodismo 2010 y, en el mismo año, el Best of Photo Journalism. Además, recibió en 2007 la Mención de honor en el World Press Photo y la declaración como mejor fotoperiodista del año por el Pictures of the Year International. “Lo peor”, dice sobre ellos, “es abandonar una cobertura para ir a recogerlos”.

Bromas aparte, Morenatti admite el efecto “estimulante” de este tipo de galardones. Acudiendo o no a la modestia, el reconocimiento internacional avala su trabajo en un momento en el que, tal y como reconoce, “lo único que posee un periodista o un medio es el prestigio que refuerza su veracidad”. En este sentido, el fotógrafo dice no prestar mucha atención a las “miles de fotos o noticias que se cuentan en la red” o a los “apartados ‘cuéntanoslo tú mismo’ de los medios” que, a su juicio, “no son del todo fiables” y pueden, incluso, “desinformar”.

En la mayoría de los premios concedidos a Morenatti se ha destacado se voluntad por dar un giro a la realidad, evitando herir sensibilidades y huyendo de la foto previsible. En el debate, instalado en la delicada frontera entre la información y el morbo, el fotógrafo dice intentar llegar con su trabajo al mayor número de personas posible: “para conseguir que las fotos no tengan límite de razas, cultura o edades a veces hay que recurrir a mostrar el mensaje subliminalmente, intentando en la medida de lo posible no caer en lo escabroso”.

“Siempre encuentras la fórmula para empezar otro día”
El transcurso de la realidad ha dado la vuelta a Emilio Morenatti en dos ocasiones, convirtiendo al propio periodista en noticia. El 12 de agosto de 2009, el nombre de Morenatti aparecía por primera vez en el titular y no el pie de foto cuando el coche en el que viajaba como empotrado del ejército estadounidense en Afganistán sufrió un atentado. La explosión de una bomba le provocó heridas en un pie que tuvieron que amputarle. Apenas un año después, el 24 de octubre de 2010, el fotógrafo volvía a las páginas de los periódicos al ser secuestrado a punta de pistola mientras trabajaba en la franja de Gaza.



“Sigo haciendo lo que me gusta, sigo estando en sitios en los que ocurren cosas interesantes y siendo testigo directo de la historia contemporánea de este mundo”. Este es el argumento que esgrime Morenatti cuando se le pregunta el modo de afrontar un trabajo cuya peligrosidad ya no configura para él una posibilidad hipotética. ¿Dudas? “Claro que dudo antes de tomar decisiones”, admite Moranetti, “pero el reto se impone en la mayoría de los casos”. El truco, según el fotoperiodista, está en “aprender de los propios errores” y “encontrar la fórmula para desconectar en lo psicológico y comenzar así al día siguiente”.
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