28 de septiembre de 2021, 2:54:57
Opinión


El PSOE tiene un problema en Madrid



Populares y socialistas tienen ya ultimadas sus listas electorales. En el seno del PP la aprobación de dichas listas se ha producido en un ambiente de euforia, a diferencia del PSOE, donde al candidato se le acumulan los frentes. Por un lado, las deserciones de primeras figuras -Elena Salgado, Angel Gabilondo o José Bono entre otros- ha quitado bastante lustre a la oferta socialista. Por otro, las imposiciones de Ferraz han creado más de un conflicto, destacando la inclusión forzada de Antonio Camacho -lo que ha suscitado la dimisión de varias agrupaciones locales en Castilla León-, o el menosprecio hecho a los socialistas madrileños relegando a su candidato a los últimos lugares. A causa de ello, la plana mayor del PSM -con Tomás Gómez a la cabeza- se abstuvo durante la votación para aprobar las listas, en una clara señal de desaprobación.

Gran parte de la estrategia electoral de PSOE y PP pasa por ganar en los lugares más emblemáticos. Por de pronto, ya ha perdido el gobierno autonómico de Cataluña y el ayuntamiento de Barcelona -entre otros muchos-, por la sorprendente política de Ferraz hacia el PSC, a quien permitió demasiados guiños al nacionalismo; los resultados no han podido ser más nefastos. Sin embargo, en Madrid ocurre exactamente lo contrario. Bien es verdad que tanto Esperanza Aguirre como Alberto Ruiz Gallardón son dos rivales muy duros, con un respaldo en votos incuestionable. Pero el exceso de celo del “aparato” a la hora de tutelar el nombre de los candidatos para desbancar al PP de consistorio y comunidad ha incomodado considerablemente a la militancia madrileña, harta de ver la sucesión de “paracaidistas” que les lanza Ferraz. No es, desde luego, la mejor forma de hacer las cosas. El PSOE tiene un problema con su estrategia, aguzado en el caso de Madrid por su enorme repercusión. Y más le vale al señor Rubalcaba tomar cartas en el asunto, si no quiere que el descosido del 21 de noviembre sea aún mayor de lo que piensa. Y es evidente que las imprescindibles y profundas reformas que se deberán abordar requieren del consenso con un Partido Socialista, sólido y coherente; es decir, social-demócrata e internacionalista, en lugar de nacionalista.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es