22 de noviembre de 2019, 6:14:45
Opinion


15-O ¿Indignación o vandalismo?



El movimiento de los indignados traspaso ayer fronteras, al celebrarse en distintas ciudades del mundo actos de protesta con un mismo fin: echar la culpa al sistema de la actual recesión económica. Algunas de las reivindicaciones que han venido escuchándose a lo largo de estos días vienen cargadas de razones, sobre todo las referidas a prácticas especulativas y poco éticas por parte de ciertas entidades financieras. Tiene sentido igualmente el pedir cuenta a los servidores públicos de la mala gestión llevada a cabo es sus respectivos países, así como también la llamada a una mayor conciencia solidaria.

Pero una cosa son los fines nobles y otra muy distinta el vandalismo. Todo este tipo de movimientos suelen traer aparejada una importante carga demagógica que en la mayor parte de ocasiones acaba por fagocitarlos. Es el caso del 15-M español, donde se pasó del inicial entusiasmo de algunos bienintencionados al matonismo de los antisistema. Ayer pudieron verse incidentes en Roma, Berlín Bruselas, y seguro que habrá más. En el recuerdo, las algaradas callejeras con motivo del Foro de Davos, las reuniones del FMI o similares. La democracia debe tutelar el ejercicio de los derechos de expresión y reunión entre otros, pero no amparar conductas que vulneren la ley, por más que quienes lo hagan se parapeten bajo el manto protector de dichos derechos.
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