7 de diciembre de 2019, 3:55:49
Cultura

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Tres grandes exposiciones inundan de arte el Paseo del Prado este otoño



Meses después de que algunas de las obras más importantes de la colección del Museo del Prado viajaran a San Petesburgo para ser expuestas en el Hermitage, un total de 120 piezas en propiedad de esta institución rusa visitan Madrid a partir del 8 de noviembre.


En esta ocasión, las obras firmadas por Velázquez, Tiziano, Goya o El Greco que cuelgan de las paredes del Prado harán un hueco a los lienzos de artistas como Rembrandt, Caravaggio, Renoir o Picasso, que se expondrán en la muestra El Hermitage en el Prado, en la que no sólo podrán contemplarse pinturas, sino también dibujos, esculturas, artes decorativas e, incluso, mobiliario.

De esta forma concluye el intercambio de colecciones acordado entre el museo ruso y el Prado, que aspira a lograr el mismo éxito de asistencia alcanzado en San Petesburgo, donde esta iniciativa logró atraer la atención de 630.000 personas convirtiéndose en la muestra más visitada de la historia del Hermitage.

De las obras que posee este centro de arte en su colección, visitan Madrid algunas tan destacadas como San Sebastián, de Tiziano; Tañedor de Laúd, de Caravaggio; Almuerzo, de Velázquez; Retrato de un estudioso, de Rembrandt; Magdalena penitente, de Antonio Canova; Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini; Juego de bolas, de Matisse; Mujer sentada, de Picasso; o Composición VI, de Kandinsky.

Una de las obras expuestas en Arquitecturas pintadas, en el Thyssen (Efe)


Más que un decorado
El Museo Thyssen es otra de las citas obligadas para los amantes del arte. Esta semana ha presentado la exposición Arquitecturas pintadas, en la que se presenta por primera vez este género como único protagonista.

Delfín Rodríguez, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense y comisario de la exposición, comenta a este periódico que se trata de "una narración completa de esta temática a través de obras que abarcan desde la construcción de la perspectiva y del espacio arquitectónico como género autónomo, a partir del Renacimiento, hasta su consolidación en el siglo XVIII".

Este experto explica que el recurso de la arquitectura "fue utilizado como fondo para dar verosimilitud a historias pintadas en primer plano, como en el caso de las religiosas o las mitológicas", algo que no evitó que el género evolucionara hasta que se convirtiera en la única protagonista del lienzo. Así pues, a su juicio, el valor de la arquitectura pintada radica en que se trata de "un aspecto fundamental de la historia de la pintura y de la arquitectura en la Edad Moderna porque corre en paralelo al nacimiento de la perspectiva, así como a la experiencia cultural de la escenografía y del teatro, es decir, de la puesta en escena de personajes en contextos arquitectónicos".

Una de las obras expuestas en Arquitecturas pintadas, en el Thyssen (Efe)


Pese al hecho de que es la primera vez que se dedica una exposición a esta temática desde un punto de vista narrativo, lo cierto es que su estudio ha ocupado a grandes historiadores del arte, ya sea "desde el punto de vista de la historia del teatro, de la ciencia, de la visión o de la perspectiva", comenta este especialista en la materia, quien detalla que se ha indagado en ella no sólo por su presencia en la pintura del Renacimiento o como parte de la producción de un pintor, sino también "como un problema conceptual, religioso o literario". Así pues, su complejidad va más allá de tratarse de un mero decorado pictórico.

Estas pinturas "aportaron a la arquitectura lo que no había hecho todavía esta disciplina", comenta Rodríguez, quien detalla que lo retratado no se circunscribió a vistas reales, sino también a lugares imaginarios o descritos en textos literarios como el Coloso de Rodas o la Torre de Babel. Así, describe la sensación que despierta la exposición, que considera "un laboratorio de experiencias", como un viaje por "lugares reales e históricos con vistas concretas, pero también por escenarios imaginados por escritores, así como por fábulas o narraciones que, en varios casos, esconden una intención propagandística o de convicciones morales o religiosas". Es decir, "que las ruinas no siempre fueron inocentes", comenta.

Obras de Duccio di Buoninsegna, Annibale Carracci, Claudio de Lorena, Canaletto, Panini o Bellotto han sido reunidas en esta exposición. Sin embargo, su proceso de selección no ha sido tarea fácil, ya que de 350 pinturas candidatas a ser incluidas en la muestra, sólo lo han hecho 140; algunas de ellas vistas ahora por primera vez.


Mar Borobia, jefa de conservación de pintura antigua del Thyssen y también comisaria de esta muestra, explica cómo se ha llevado a cabo la selección de estas pinturas: "Lo principal era tener claro cómo se iba a argumentar los capítulos de la exposición, además de determinados aspectos del proyecto que se querían resaltar". En este trabajo, que califica como "difícil" por la cantidad de piezas con posibilidades de ser expuestas, "primaron criterios de calidad, como su estado de conservación, y que el artista hubiera expresado la idea que se quería destacar".

Otro de los criterios que se barajaron fue "la necesidad de construir una exposición visual donde el público captara de manera sencilla los conceptos que conforman el hilo conductor de la muestra". Algo en lo que coincide Rodríguez, quien considera que el sentido de esta exposición tiene que ver con tratar de convertir al visitante "en un turista de lo real, pero también de lo imaginario" y ayudar a hacerle contemplar las obras en toda su profundidad.

Primera retrospectiva en cincuenta años
En el recorrido por las citas con el arte en el Paseo del Prado no puede faltar la visita a CaixaForum, que cuenta con un programa expositivo que hace posible que este centro pueda codearse con los grandes de la zona. Lo confirma la inauguración esta semana de Delacroix (1793-1863), la mayor retrospectiva del pintor francés en 50 años. Organizada en colaboración con el Museo del Louvre, reúne 130 obras, a través de cuyo montaje reconstruye la evolución pictórica del artista, incluido su viaje a Marruecos, que marcó un antes y un después en su trayectoria.

Mujeres de Argel en sus habitaciones, de Delacroix, expuesta en CaixaForum


El contacto que mantuvo con este país africano es el eje de esta exposición. María González de Castejón, del área de fotografía y artes plásticas de CaixaForum, además de coordinadora de la muestra, explica que el objetivo era "destacar lo que supuso su viaje a Marruecos en su obra posterior" ya que, hasta entonces, "se encontraba estancada", por lo que todo cambió cuando descubrió allí "la luz y el color". A su juicio, obras como Mujeres de Argel en sus habitaciones y Boda judía en Marruecos reúnen la esencia de esta transformación en su producción.

No faltan bocetos, acuarelas y litografías mediante las que el visitante descubre los ensayos del pintor y los secretos del proceso de creación de sus lienzos. En opinión de González de Castejón, la presencia de estas piezas era "imprescindible", ya que en una retrospectiva "se deben mostrar todas las fases del trabajo del artista".



Gracias a estas obras de pequeño y gran formato reunidas, es posible apreciar el dramatismo que emana de sus pinturas, así como percatarse de su dominio del movimiento y de la paleta cromática; características que definen las obras de este pintor romántico francés, cuyo interés por las artes no se limitó a representar un tema, sino a indagar en los entresijos de cómo los artistas llevaban a cabo el proceso de ejecución de sus lienzos.

A riesgo de caer en una desilusión ante la ausencia de La Libertad guiando al pueblo, obra expuesta en el Louvre y una de las más conocidas del pintor, esta especialista explica por qué no ha sido traída a Madrid: "Su complejidad de transporte y exposición no ha hecho posible su traslado". Sin embargo, esta obra "no es la mejor del artista", aunque "sí la más conocida en España", dice González de Castejón, quien se muestra contenta de que no haya sido incluida en la muestra ya que, de esta forma, "ha sido posible centrar la atención del visitante en la obra del artista vinculada a Marruecos, mucho más interesante en su trayectoria que el cuadro del Louvre".

Así pues, los organizadores de la exposición persiguen "reivindicar esta parte de su producción" y "abrir los ojos" de los españoles al resto de la obra de Delacroix. Ahora queda comprobarlo in situ, pero no sólo en CaixaForum, sino también en el Prado y en el Thyssen.

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