24 de octubre de 2019, 3:41:16
Deportes

Las sombras del deporte español


¿Por qué España no juega el Mundial de rugby?


Este fin de semana se disputa la final del Mundial de rugby en Nueva Zelanda, uno de los eventos deportivos más seguidos del planeta. Sin embargo, España no ha contado con una selección que le represente en esta cita, rompiendo la competitividad de los atletas nacionales en las actividades de equipo. Este es el signo más palpable de la situación que sufre el juego del oval en nuestro país. El Imparcial ha charlado con algunos de los profesionales del rugby patrio para conocer el dramático estado que atraviesa este deporte.


El rugby español goza de una larga tradición que se remonta a comienzos del siglo XX con la disputa del primer partido de la selección nacional -ante Francia en 1927-. A pesar del tempranero arranque, este deporte no alcanzó la regularidad organizativa en nuestro país hasta las década de los 70, periodo en el que se constituyó el campeonato doméstico más importante del oval: la División de Honor. El periodo de crecimiento de esta actividad en nuestro país alcanzó la cima en 1999, año en el que el combinado español disputó por primera y única vez el Mundial. Pero, a pesar de haber logrado este punto de inflexión en su desarrollo, el quince del León -como se conoce a la selección absoluta- no ha vuelto a acceder al torneo internacional y se encuentra en una de las peores situaciones de las últimas décadas, por debajo de países como Portugal, Rumanía o Namibia. ¿Qué ha ocurrido para que el nivel del rugby español haya caído de ese modo en un intervalo de 10 años?


El panorama está bastante negro”. De este modo describe la situación que atraviesa este deporte en nuestro país el director de la agencia de representación de jugadores más prestigiosa de España, Iberian Rugby Contact. César Pérez nos explica que “estamos muy lejos de cualquiera de las selecciones que han acudido al Mundial y, además, en lugar de acercarnos, nos estamos alejando cada día más”. El dirigente diagnostica uno de los posibles factores que han erosionado el nivel de esta actividad en España: “No tenemos una estructura profesionalizada, los clubes y la Federación Española de Rugby están trabajando sin un proyecto de medio plazo, al día a día, y esto afecta a las categorías inferiores”.

César Pérez nos apunta que en las divisiones inferiores de la selección nacional y de los clubes “somos capaces de competir con la élite del rugby, pero cuando damos el paso en el que los chicos necesitan una dedicación profesional, no llegamos”. El manager de la prestigiosa agencia, que afirma que están “sacando jugadores de España porque aquí no pueden desarrollarse”, nos relata el tipo de retribuciones que reciben los jugadores en nuestro país: “Lo habitual es que un jugador español no cobre de su club, aunque puede ser que algunos equipos ofrezcan una ficha de en torno a los 200 euros mensuales o cobren por partido convocado-partido ganado”. Por último, el representante de jugadores nos explica que incluso en las divisiones inferiores del rugby francés, la diferencia del salario sobrepasa los 3000 euros con respecto al caso español.


Otro de los elementos claves para entender la situación que sufre el rugby español es el poco cuidado que se ha tenido con la cantera. Así lo cree Bruce Hemara, icono de este deporte en Nueva Zelanda y ex jugador de los All Blacks, que trabaja para la Santboiana de la División de Honor del rugby español como director técnico. Hemara diagnostica la ausencia de “programas de desarrollo y formación de jugadores y entrenadores” como uno de los factores erosivos y añade que “se han concentrado demasiado en la selección española y han descuidado el trabajo de base”. En opinión del campeón del mundo, el hecho de que el rugby no sea el deporte nacional de nuestro país provoca que haya que “cambiar los hábitos de los niños para enseñarles las propiedades de este deporte desde muy temprano”. Por último, el All Black nos explica que traer extranjeros -hecho que se ha convertido en una práctica común- "puede ser bueno a corto plazo, pero es peligroso para la formación de los jugadores de la casa”. “Si quieres contratar, contrata buenos entrenadores y págales bien para que enseñen a los jugadores y les motiven bien”, concluye.

Padecemos un cáncer federativo desde hace muchos años y debemos combatirlo con una medicina llamada cambio”. Así de rotundo responde César Sempere –uno de los jugadores más prometedores de nuestro rugby- a la pregunta de cómo esta la salud del juego del oval patrio. El zaguero-apertura que juega en el Northampton Saints Rugby Football Club tras haber competido en la liga francesa y haber dado el salto a la élite de este deporte, nos explica que “necesitamos rejuvenecer la federación y darle aires nuevos, con ideas inteligentes, actualizadas, y no seguir trabajando con ideas antiguas, conformistas y de intereses internos”.


Sempere, que valora la labor que están realizando los clubes en la función de captación y el trabajo de base, nos señala que “si un jugador español se dedicase ocho horas diarias a trabajar y entrenarse para competir, tal y como sucede en Inglaterra, no habría tanta diferencia”, en relación con la necesidad de alcanzar el profesionalismo. Por último, el jugador nos indica que el trabajo ha de girar en torno a la “humildad y la cantera” y no compararse con países de larga tradición para tratar de llegar a alcanzarles algún día, porque “estamos a años de esta realidad, por desgracia”.

Uno de los gremios relevantes para comprender la situación que vive el rugby en nuestro país es el de los clubes. El Imparcial ha charlado con el presidente de uno de los equipos que representa la erosión que está viviendo este deporte. Pedro Monzón es el mandatario del C.R.C. Madrid, club que ganó la Liga y la Copa en 2009 y que tuvo que vender su licencia para sobrevivir en la División de Honor B. El dirigente nos explica que “el nudo del problema es que no hay financiación, no hay entendimiento entre los clubes y no encontramos el camino para que este deporte salga en algún medio de comunicación”. Monzón, que hace hincapié en la relevancia que tiene conseguir hacerse un hueco en los medios para conseguir un colchón financiero para este deporte, nos detalla su diagnóstico de la enfermedad que vive el rugby patrio: “Tenemos una mezcla extraña entre los que cobran y los que no, situación que en cualquier deporte no sobreviviría, y hemos dejado pasar muchos trenes hacia el profesionalismo”.


A este respecto, el dirigente del CRC nos explica que el proyecto de la SuperIbérica -torneo con franquicias bajo el mecenazgo de Michael Robinson, que contaba con financiación y retransmisiones de los partidos por Canal+- fue un “tren que dejamos escapar”. “Si cada vez que alguien se acerca con interés y ve que esto es un avispero, no se arriesgan”, afirma. Monzón cierra su diagnóstico expresando su opinión sobre los motivos que fundamentan los malos resultados de las últimas fechas: “Tenemos una realidad de gente medio entrenada que le dedica tiempo cuando puede”.

El club que domina en la actualidad el rugby patrio es el Club de Rugby La Vila. Su presidente, Jason Craig nos expone su visión sobre la situación: “El problema es que faltan jugadores y faltan niños en las escuelas, y una de las maneras de mejorar esto es la visibilidad en los medios, para poder generar ingresos mediante patrocinadores y atraer a más jugadores”. En opinión del mandatario, que insiste en la importancia de crear una red de escuelas de rugby, “no hay bastantes jugadores españoles en España”. El ex jugador de La Vila nos explica que es muy importante contratar “monitores y entrenadores profesionales” parea mejorar.

Fermín de la Calle es uno de los expertos de rugby más prestigiosos de nuestro país y, desde su trinchera, batalla por conseguir que esta actividad crezca en España. Describe el juego del oval español como un “enfermo crónico” que sufre porque “los que lo dirigente no quieren que mejore”. Para ejemplificar la situación que viven los jugadores en nuestro país, el analista nos explica que uno de los capitanes de la selección “es subdirector de banco, llega al entrenamiento con traje y corbata y se va a trabajar al día siguiente con el ojo morado”. De la Calle entiende que la receta para salir de esta crisis “hay que plantear un proyecto a medio plazo porque hay margen para hacerlo -ya que la selección juega el Seis Naciones B y no hay peligro de descenso-, trabajar sin prisa, involucrar a la gente y sacar rendimiento a los chavales jóvenes”.


El experto de este deporte comparte con nosotros la lucha de los jugadores por tener estatutos y asociaciones que peleen por sus derechos, ejemplifica la situación de la selección española argumentando que “el seleccionador que tenemos ha sido la opción más barata y ha conseguido meter a 22 extranjeros de 25 convocados, permitiendo que la gente pase de la selección y que nos ganen de 60 puntos cada partido”. De la Calle opina que “es positivo que españoles jueguen en ligas de nivel profesional”, aunque nos advierte del peligro que ello puede conllevar: “Los clubes llegan a descontarles dinero por las ausencias provocadas por a venir a la selección”. Sin embargo, el analista, que valora la labor de los clubes por tratar de captar masa social, no relata la experiencia de Oriol Ripol, jugador que se fue de la liga nacional para convertirse en jugador profesional de éxito. “Oriol habló con los Sale Sharks y jugó con la selección de rugby 7 y, claro, estaban encantados porque les estaba enseñando un montón, pero ahora mismo es incompatible que hagan las dos cosas, porque nosotros vamos andando y el resto va en coche”.

Ripol es uno de los símbolos del juego del oval patrio. Tras un par de pruebas en Nueva Zelanda y Gales decidió jugársela y luchar por dedicarse a este deporte profesionalmente en Inglaterra, país en el que se respira rugby. En una trayectoria de once años en las islas británicas, este catalán presume de haber triunfado en los Sale Sharks, con una Guiness Premiership -Liga Inglesa- y una European Challenge Cup –segundo torneo continental en importancia- bajo el brazo. Esta referencia española analiza para El Imparcial su experiencia y diagnóstico de la situación que atraviesa su amado deporte en España.

"El rugby español no ha evolucionado mucho, aunque ahora la gente lo conoce mucho más -sabe diferenciarlo del fútbol americano- y tiene futuro porque hay buenos jóvenes”, afirma. Ripol comparte con nosotros su receta para reconducir la inercia: “Pasar al profesionalismo es un camino difícil y largo, por lo que lo más importante es tener una buena infraestructura en los clubes que ayuden a los jóvenes a crecer y promocionar el rugby como el saludable y gran deporte que es”. Oriol, que se vio obligado a renunciar a la selección española por continuar su trayectoria profesional, nos relata sus vivencias fuera de Barcelona. "A la gente le sorprendía ver un jugador de España cuando llegué, pero si hubiese podido tener la oportunidad de jugar en mi club y en la selección, como cualquier jugador de fútbol, hubiese sido una maravilla”, señala.

Desgraciadamente yo no podía vivir del rugby en España y tuve que irme al exterior”, resume el jugador catalán. Oriol, que nos comenta las inexistentes ayudas que le proporcionó la Federación para realizar su carrera profesional, nos explica que es “triste que jugadores jóvenes no tengan la proyección de ir a probar fuera, aunque sea solo un año”. Por último, Ripol nos señala que le gustaría volver para poder compartir sus conocimientos con los entrenadores y jóvenes españoles y concluye recomendando a los chavales que estudien y disfruten del rugby: “Hay que disfrutar de este deporte, no necesariamente tienen que ser profesionales, porque el rugby te da unos valores muy buenos para la vida”.
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