27 de septiembre de 2021, 9:18:47
Opinión


El nuevo escenario de la política vasca

Juan José Solozábal


El panorama político vasco tras el anuncio de ETA del cese definitivo de su actividad terrorista no es nada fácil de manejar pero sin duda ofrece tremendas posibilidades para la esperanza que no pueden desaprovecharse. La nueva situación es una oportunidad para la libertad y en libertad el futuro pertenece a quiénes argumentan y convencen, a quienes usan la palabra y buscan la persuasión y el acuerdo.

El final esperado no se ha producido exactamente en los términos que hubiésemos querido, pues sabemos que el desistimiento de ETA no ha sido voluntario sino forzado, y que no se reconocerá fácilmente la crueldad y la insensatez de la violencia pasada, pero la realidad es incontestable y los hechos señalan claramente que se ha impuesto el orden del Estado, de modo inexorable y sin cesión política alguna. Si el Estado no se ha doblegado ante la violencia, sería insensato pensar que fuese a hacerlo cuando el terrorismo ha desaparecido. Como se sabe perfectamente el ordenamiento jurídico tiene mecanismos suficientes para resolver los efectos de una violencia cuya causa ha dejado de constituir un peligro en el futuro para la sociedad. La pena tiene un propósito reparativo ciertamente pero no puede quedar sin trascendencia el que su función disuasoria carezca de sentido una vez que se ha producido la renuncia de quienes impulsaron la actividad criminal castigada. El derecho no se aplica automáticamente en una ejecución infalible e inexorable. El derecho es también una técnica de acción social y su utilización no es independiente de los mismos datos de la realidad a la que se refiere. Esta realidad ha cambiado y ello tendrá consecuencias en relación con quienes cumplen condena perfectamente previstas en el sistema penal.

Ese es un plano de la nueva situación, pero el que más interesa es el de los términos en que se plantea el debate político en Euskadi. Un debate cada vez en mayor clave de normalidad, que en el País Vasco quiere decir pluralismo y racionalización. Tengo la convicción de que los nuevos tiempos a la larga no van a primar al nacionalismo, que en todas sus versiones ha resultado beneficiado por el enrarecimiento que la violencia ha propiciado. Veremos que es lo que hace la izquierda abertzale cuando como es lógico tenga que dar cuenta de su apoyo durante tanto tiempo a la práctica de la política basada en la eliminación física del adversario y el amedrentamiento. Todos hemos visto lo que pasaba y no es muy fácil disimular o engañar. Además habrá que estar atentos a que la semilla del mal no se manifieste aunque sea en forma menos patente y repulsiva. Hace ya unos años que don José Miguel de Azaola prevenía frente a las actitudes “típicamente fascistas” que creía predominaban en la rama del nacionalismo que cubría y justificaba entonces el asesinato político( “Cuadernos de Alzate, nº24.Madrid 2201).

A medida que se normalice la situación del País Vasco dando el peso que siempre ha tenido la opción liberal conservadora, conducida ahora por un liderazgo de lenguaje sorprendentemente fresco y eficaz, se estrechará el espacio del partido nacionalista vasco. El PNV está en una peligrosa encrucijada, asediado por una izquierda abertzale cuyas credenciales independentistas no tienen la ambigüedad de los jeltzales, y una derecha conservadora que ofrece unas oportunidades, vistas sus expectativas en la política del Estado, que al rebasar los límites estrechos territoriales del PNV pueden parecer más atractivos a los votantes disputados.

¿Qué hará el PNV? Debe moverse con cuidado discriminando entre lo que le pide el corazón, ser consecuente con el aranismo, y le exige la cabeza, evitar la disputa a los abertzales. Malos tiempos presagiados por la pérdida del grupo parlamentario que le augura la encuesta malhadada del CIS.

En este panorama es una suerte que el Gobierno Vasco, frente a lo que ocurriera en tiempos de Ibarretxe, no sea un motivo de tensión e inestabilidad sino, con todas las deficiencias que señalamos quienes pontificamos sobre la política vasca desde Madrid, un elemento de ponderación y equilibrio. Nuevo escenario, en suma, para el juego político con ingredientes que incrementan la complejidad, derivada del pluralismo institucional, esto es, el gobierno en diversos niveles, y asimismo el pluralismo territorial, con Alava como pieza estabilizadora clave.

En este terreno cumple una función importante al debate intelectual que gira como siempre en torno al encaje del País Vasco en el sistema político español. Ojalá que seamos capaces de discurrir acerca de la integración y la independencia del País Vasco en términos de suficiente complejidad y flexibilidad, planteándose dichas opciones de modo complementario mas que como dilema excluyente y cerrado.
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