23 de enero de 2020, 1:08:48
Mundo

deberá establecer alianzas


Marruecos tendrá un gobierno presidido por un partido islamista


Las elecciones generales anticipadas que se han desarrollado este viernes en Marruecos están dando el resultado esperado: los islamistas moderados del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtendrán la mayoría de escaños a gran distancia del partido nacionalista Isticlal (PI) y del partido de la Autenticidad y Progreso (PAM). Tal como prometió Mohamed VI en su discurso previo al cambio de la Constitución, el jefe de gobierno será un miembro del PJD, es decir “perteneciente al partido ganador” de los comicios.


En espera del anuncio oficial de los resultados de las elecciones en Marruecos, se da como segura la victoria del PJD con un número de diputados que oscila entre los 90, según losmás cautelosos, y los 125, de los seguidores más optimistas de la formación islamista.

El PJD quiere repetir en Marruecos la experiencia turca. Se declara un partido moderado, respetuoso de las libertades y derechos fundamentales y, por encima de todo, defensor de la Constitución y de la Monarquía alauita tradicionalista y tutelar.

Según todos los analistas políticos del proceso en Marruecos, la victoria del PJD hay que atribuirla a varios factores. En primer lugar, se trata de un partido que nunca ha puesto en cuestión los poderes del rey, sus atribuciones constitucionales y la institución monárquica edificada por la dinastía alauita desde el siglo XVII en Marruecos.

En segundo lugar, el PJD ha basado su campaña electoral en la lucha contra las injusticias, contra la corrupción y contra el sistema político clientelista y familiar. A pesar de haber sido objeto de escándalos en algunos de los ayuntamientos que ha gobernado, en la casi totalidad de municipios y estructuras administrativas de base en los que el PJD es director la población marroquí ha constatado un esfuerzo sostenido en la lucha contra la corrupción, una lacra que afecta a una buena parte de las estructuras del poder marroquí. De alguna manera el soberano alauita, Mohamed VI, ha coincidido con los islamistas al indicar que mantendrá una lucha sin cuartel contra todo intento de corromper el proceso electoral, sea con la compra de votos, sea con las falsas promesas siempre incumplidas por parte de algunos candidatos. La población ha visto en esta coincidencia una legitimación de la capacidad del islamismo para dirigir el futuro del país y el placet del rey.

En tercer lugar, la formación islamista está compuesta en su gran mayoría por jóvenes de la generación ascendente, que coincide con la del propio monarca. Mientras que en la inmensa mayoría de los partidos rivales que se han presentado a los comicios, sobre todo los partidos tradicionales, la dirección sigue estando en manos de veteranos líderes septuagenarios.

Arabia Saudita, que se yergue cada vez más claramente como tutor de las revueltas árabes, apoyando con todo tipo de medios a las formaciones islamistas emergentes – Enahda en Túnez, los Hermanos Musulmanes en Egipto y Siria, los islamistas libios y yemeníes -, ve con buenos ojos la victoria del PJD en Marruecos.

Poco antes de las elecciones marroquíes, una delegación muy numerosa de empresarios y hombres de negocios del reino alauita hizo una gira por los países del golfo. La patronal marroquí CGEM (Confederación General de Empresarios de Marruecos) advirtió que el futuro del desarrollo económico, comercial y financiero del país norteafricano, está en el Oriente árabe, y no en Europa. El ejemplo turco y la pujanza económica de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), una estructura a la que se han adherido Marruecos y Jordania, son una atracción muy poderosa para la economía marroquí. Es lo que explica el vuelco de la CGEM y de una buena parte del empresariado, en apoyo al PJD.

No es casualidad que el mismo día en que se realizan las elecciones anticipadas que dan la victoria a los islamistas, el rey Mohamed VI, junto con su hermano el príncipe MulayRachid, haya organizado una ceremonia junto al emir de Qatar, el jeque Mohamed BinZayed Al Nahyan, el príncipe heredero de Abu Dhabi y el ministro de finanzas de Kuwait para constituir una “autoridad para las inversiones turísticas en Marruecos”.

La formación política presidida por Abdelilah Benkiran se verá, sin embargo, obligada a establecer algún tipo de alianza para gobernar. El nacionalista Isticlal y el socialista USFP ya se han mostrado favorables a formar un gobierno de coalición.

La única mancha en estas elecciones ha sido la débil participación, un 45 por ciento de los inscritos, lo que supone un 28 por ciento del cuerpo electoral. Sin embargo, esta “abstención” no es totalmente negativa. Porque si bien una parte de los que no han ido a votar respondían a los llamamientos de los “indignados” del 20 de febrero, y de algunos partidos de la izquierda, así como de la formación islamista no legal pero tolerada Justicia y Espiritualidad, la mayor parte de los abstencionistas no lo son por protesta, sino por inercia social. A pesar de los nuevos derechos reafirmados en la Constitución aprobada en julio pasado, una parte de la población no considera las elecciones como “deber patriótico”, ni siquiera como “ejercicio de responsabilidad para decidir sobre el futuro del país”.

En relación con España, el resultado electoral ha sido el mejor de los escenarios posibles. El partido islamista y el partido nacionalista son dos formaciones que han expresado repetidamente su intención de mejorar las relaciones entre Rabat y Madrid. Sin embargo, ambas esperan que se produzcan gestos significativos por parte del próximo Gobierno de España presidido por el Partido Popular.

Según los observadores y analistas árabes, el resultado electoral en Marruecos va en la línea de los cambios que se están produciendo en el mundo árabe y significan una victoria del esfuerzo modernizador emprendido por Mohamed VI. Una modernización que, desde el Atlántico hasta el Golfo, se identifica con la recuperación de la identidad islámica y su adecuación a los derechos democráticos y a las libertades fundamental.
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