5 de julio de 2020, 9:53:44
Opinión


La desaparición de los cristianos

Ricardo Ruiz de la Serna


Poco a poco, ante el silencio cómplice de la comunidad internacional, los cristianos van desapareciendo de Oriente Medio. A medida que los partidos y movimientos islamistas cobran fuerza como consecuencia de las revueltas árabes de este año, los cristianos ven con creciente preocupación su futuro. La mayor comunidad cristiana de Oriente Medio es la copta, que ya era antigua en Egipto cuando la expansión del Islam llegó allí. Según la fuente que se tome, entre el 10% y el 18% de los egipcios son coptos. Sin embargo, a pesar de su número, sufre constantes discriminaciones y sobre ellos se cierne la permanente amenaza del terrorismo. El Gobierno egipcio parece incapaz de garantizar su seguridad mientras los episodios de violencia se repiten mes a mes. El último ha sido hace apenas dos semanas y ha dejado un saldo de 29 heridos durante una manifestación que conmemoraba a las víctimas del ataque del 9 de octubre de este año en que murieron 26 personas.

Los islamistas egipcios intentan aplcar los temores de los musulmanes moderados y los cristianos pero con poco éxito. Nadie confía en quienes aparecen como los grandes beneficiados por la caída de Mubarak. Corren buenos tiempos para los Hermanos Musulmanes, que paulatinamente se están adueñando de los espacios, los símbolos y el discurso público. Las conversiones al Islam se están fomentando mientras la minoría copta va quedando cada vez más arrinconada. Pocas voces se están alzando para denunciar esta persecución. Entre ellas está la del cardenal Péter Erdo, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), que se solidarizó con los perseguidos en estos términos:“Frente a los sucesos de estos últimos días en El Cairo, seguros de pertenecer a la misma comunión en Cristo muerto y resucitado, como obispos de Europa, queremos reafirmar nuestra cercanía a todos los ciudadanos de Egipto” El mensaje publicado se solidarizaba con “los hermanos de la comunidad copta afectados estos días por una violencia asesina contra la paz, la convivencia entre las religiones, la libertad y la dignidad humana”.

He aquí el problema de fondo. El islamismo ataca la esencia misma de la dignidad y la libertad del cristiano, del musulmán, del judío y del ateo por igual. Imponiendo su lectura tergiversada del Islam, el islamista pretende erradicar la diferencia a través de la discriminación, la violencia y la persecución religiosa. Por eso, es responsabilidad del mundo -y especialmente de Occidente y de los valores que nuestra civilización representa- defender a estas minorías y a todos los oprimidos y perseguidos por causa de su fe. El islamista nunca estará satisfecho ni con el moderado ni con el infiel ni con nadie porque siempre habrá un giro más radical que imprimir a la doctrina. Siempre habrá algo más que prohibir. Siempre habrá comportamientos que imponer en aras de un fanatismo que mancilla el nombre del Profeta.

Espero que el nuevo Gobierno en España sea sensible a estas cosas.
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