5 de diciembre de 2020, 0:08:58
Cultura

entrevista con nacho vigalondo y kike maíllo


¿Por qué los ataques alienígenas siempre ocurren en Estados Unidos?


Eva, la ópera prima de Kike Maíllo estrenada el pasado mes de octubre, ha sembrado un precedente en la cinematografía española, poco acostumbrada a alumbrar películas de ciencia ficción. El riesgo de la ruptura y de la escasez de recursos, que ahora se explican en el libro Eva. Cómo se hizo, también ha sido combatido por el realizador Nacho Vigalondo, que en marzo estrenará su segunda película, Extraterrestre. Ambos cineastas forman parten del motor de un cambio que está macerando en el encorsetado cine español.


Acusado de fábrica de “españoladas” y castigado muchas veces en taquilla cuando intenta recurrir a la innovación, el cine español sigue renqueante en su particular pelea por conectar con el público. Sin embargo, en los últimos años una nueva generación de cineastas está arrojando luz en forma de ideas y soltando el lastre de los tópicos y los complejos que han perseguido a nuestra industria cinematográfica desde hace décadas.

Géneros impensables en una cinematografía tachada de “guerracivilista” se abren paso con fuerza de la mano de jóvenes realizadores que vienen a desmontar mitos traídos por la gran pantalla tales como que el escenario predilecto de los ataques extraterrestres son los Estados Unidos o que los robots vienen con una patente, también estadounidense, bajo el brazo.

“Siendo las dos películas maravillosas, somos una generación que está mucho más cerca de Los Gremlins que de La escopeta nacional”. En una entrevista con EL IMPARCIAL, el cineasta Kike Maíllo rememora una infancia marcada por E.T., Indiana Jones o Encuentros en la tercera fase. “Hemos crecido con un cine en el que la fantasía estaba muy presente y todo eso tiene que salir por algún lado”, concluye. El realizador catalán ha gestado una de las grandes sorpresas cinematográficas del año, Eva, un “melodrama de ciencia ficción”, como él mismo la describe, situado en un futuro cercano en el que los humanos conviven con criaturas mecánicas y que constituye la ópera prima del cineasta.


El cineasta Kike Maíllo durante el rodaje de Eva en Suiza


Nacho Vigalondo también apostó fuerte en su debut como director cinematográfico. En 2007, su carta de presentación, Los cronocrímenes, se sumó al ínfimo colectivo de producciones españolas sobre viajes en el tiempo. El nominado al Oscar por su cortometraje Las 7:35 de la mañana –en el que también amasó un género poco común, el musical- sigue por la senda de la ciencia ficción para su segundo largo, que tras haber conquistado al público en Toronto, San Sebastián, Sitges y en el Spanish Cinema Now de Nueva York llegará a salas comerciales el próximo 23 de marzo. En Extraterrestre, una noche de borrachera deja paso a una mañana con algo más que el problema de la resaca y las lagunas mentales: un gigantesco ovni se ha instalado en el cielo de Madrid.

“Siempre me ha gustado el género fantástico”, asegura Vigalondo a este periódico. “Ya en la universidad me interesé por la ciencia ficción, sobre todo leyendo, pues sigue siendo un género fundamentalmente literario”.

Toda una generación, también en España, se subió al Enterprise con los personajes de Star Trek y se estremeció ante la “merienda” de Diana en la serie televisiva V y, sin embargo, aún son pocas las manifestaciones de ese gusto por lo fantástico en las producciones cinematográficas actuales de nuestro país.

Para Kike Maíllo sí existe en España “el impulso” de contar estas historias “porque forma parte de nuestra educación”, pero muchas veces “esas inquietudes no pueden volcarse”. El realizador apunta a un problema heredado del pasado. “Durante la dictadura se mantuvo en España un sistema de producción muy agrícola en el que no había cabida para el I+D, así que fuimos durante mucho tiempo a la cola de cosas que estaban sucediendo en Europa y, ni que decir tiene, en Estados Unidos y Japón”. Según el “padre” de Eva, “todo esto se traslada a que un género cinematográfico que habla de la tecnología es un género que puede ser, en cierta manera, todavía inentendido; el hecho de que la tecnología promueva la narración no es algo que esté aún en nuestra cultura”.


Nacho Vigalondo durante la presentación de Extraterrestre en Sitges (Efe)


Por su parte, Nacho Vigalondo pone el acento en una visión más o menos miope del presupuesto. “La ciencia ficción se ha asociado siempre con una producción elevada, con un gran espectáculo que requiere de un alto presupuesto”, explica a EL IMPARCIAL. “Yo creo que el género también se puede reducir a un cine fantástico en el que las ideas involucradas en la historia se lleven al límite, pero que tengan que ver con la condición humana y no con naves espaciales necesariamente”.

“La creatividad nace de la limitación”
En la carrera de obstáculos que supone producir y estrenar una película de ciencia ficción en España ambos han echado mano de la creatividad. Maíllo sabía que quería llevar el mundo de la robótica a la gran pantalla –su fascinación por “crear un cacharro y que se mueva” le persigue desde que a los once años intentó construir un robot con cartones y hueveras- pero también que tenía que salvar ese desinterés generalizado del público español por el género. La fórmula mágica apareció deslizando la película, que en una primera escritura era “más thrillerosa”, hacia el melodrama. “Somos un país totalmente melodramático que ha crecido con la copla, la mitad del siglo XX se vertebra en torno a canciones que hablan de devaneos amorosos”, explica el cineasta. De ahí que en Eva los gatos y los mayordomos robots se conjuguen con el siempre atractivo triángulo amoroso.

En cuanto al presupuesto, la película de Maíllo cuenta con la financiación de compañías internacionales –Canal+ Francia, Paramount o Wild Bunch- que, según el cineasta, apuestan más por proyectos “vistosos”. El resultado es un montante de 4,5 millones de euros, una cifra que se sitúa por encima de la media de las producciones españolas –entre los 2,5 y 3 millones- y que ha dotado a la película de unos efectos especiales alabados por la crítica, premiados en el festival de cine de Sitges y cuya peculiaridad en la cinematografía de nuestro país ha propiciado la edición del libro Eva. Así se hizo la película.


Fotograma de Eva


La clave del éxito: aprovechar lo que se tiene. “En España no tenemos una industria con tipos que sepan crear de la nada criaturas fantásticas y lo hagan todos los días, pero sí hacemos posproducción a diario y podemos estirar al máximo los recursos y conocimientos que sí tenemos, que dan para mucho”, afirma Maíllo.

En la estrategia de estirar y buscar soluciones “con lo puesto”, Nacho Vigalondo ha demostrado moverse con soltura. Extraterrestre está rodada con menos de un millón de euros y un ejercicio de funámbulo sobre la cuerda floja. La productora del cántabro sólo pudo financiar el rodaje de los interiores, que se grabaron confiando en poder conseguir después el dinero para terminar la película.

¿Y cómo se cubre el centro de Madrid con un platillo volante con menos de un millón de euros? La vista que se da a los espectadores de la nave es siempre a través de una televisión, nunca de manera directa, de modo que “la inversión en efectos digitales es mucho menor”, explica Vigalondo. Aún así, el cineasta ha sabido darle a este tijeretazo un significado dramático que convierte en virtud la necesidad. “Lo importante de no es que nuestro ovni sea más barato de lo normal, sino que tiene un sentido que los demás no tienen”, advierte, dejando en el aire el ‘quiz’ de la trama.

Kike Maíllo y Nacho Vigalondo han superado muchos de los complejos que acucian al cine español. En palabras del director de Eva, “cuando consigues superar una serie de miedos colectivos que tenemos los realizadores españoles, cuando saltas el muro, te das cuenta de que también hay vida al otro lado”.

Además, tanto Eva como Extraterrestre cuentan ya con distribución en Estados Unidos, salvando otro de los “muros” propios del cine patrio que ha tendido a proyectar películas demasiado locales, con poca vida fuera de nuestras fronteras. “Nunca haría una película pensada sólo para el público español; lo que necesito es que sorprenda tanto a alguien de aquí como a un espectador de Texas o italiano”, asegura Vigalondo, para quien “ya no tiene sentido hacer las cosas como eran antes, hay que hacer un cine competitivo”.


Fotograma de Extraterrestre


El próximo reto para Vigalondo ya tiene nombre: Windows, una cinta que renueva el cine ‘vouyerista’ de los setenta suplantando el miedo a ser espiado a través de una ventana por el peligro actual de que alguien pueda robar las fotos de tu teléfono móvil. Según el cineasta “es, diciéndolo con toda prudencia, una actualización del cine de Hitchcock”, que está actualmente en fase de preproducción.

Sin saber muy bien cómo, Maíllo también quiere arriesgar con su próximo proyecto y asegura que le atrae la idea de rodar un musical con canciones originales, “algo que se ha dejado de hacer prácticamente en todo el mundo”.

La crítica ha ensalzado la creación de Maillo por su atrevimiento, su más que aceptable acabado en cuanto a efectos especiales y por su concepción de un futuro ‘retro’ e infinitamente blanco. La cinta de Vigalondo se ha marchado henchida de aplausos de cada uno de los festivales en los que se ha proyectado. Dos muestras de nueva generación de cineastas que, lenta pero firmemente, están quitándole el corsé al cine español.
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