19 de octubre de 2019, 18:59:58
Nacional

Bardají y Elía, autores de "El reto de Rajoy"


"Hay que hacer un esfuerzo de imaginación y buscar nuevos aliados"


El director de Política Internacional de FAES y el editor de opinión del GEES acaban de publicar "El reto de Rajoy" en el sello Ciudadela Libros. Se trata de una obra que no pretende dar recetas al nuevo Gobierno sino explicar cómo Rafael Bardají y Óscar Elía ven el entorno en el que se va a tener que mover Mariano Rajoy. Y en ese "cómo ven" el mundo Bardají y Elía están algunas de la claves que en el escenario internacional y en el ámbito doméstico pueden contribuir a la tarea histórica a la que se enfrentará el nuevo Ejecutivo: la recuperación de una sociedad moderna en España. Por eso El Imparcial ha entrevistado a estos dos expertos que, entre otras cosas, advierten de que centrarse sólo en la economía o apostar sólo por China serían graves errores.


Rafael Bardají es director de Política Internacional de la Fundación FAES y fue asesor ejecutivo de los ministros de Defensa Eduardo Serra y Federico Trillo además de subdirector del Real Instituto Elcano y fundador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES). Óscar Elía es editor y jefe de Opinión del GEES, colaborador en diferentes medios de comunicación y director del programa "Por tierra, mar y aire" en EsRadio. A cuatro manos acaban de publicar en el sello Ciudadela Libros "El reto de Rajoy", una obra que sin querer dar recetas al próximo Gobierno es un manual imprescindible para no perderse en la marea nacional e internacional a la que Mariano Rajoy tendrá que hacer frente para devolver a España al lugar que ocupó y que merece recuperar.

Describís un panorama desolador en vuestro libro, tanto en España como en el mundo.
Rafael Bardají (R.B.): No pretendíamos dar recetas al nuevo Gobierno sino explicar cómo nosotros vemos el entorno en el que se va a tener que mover. En el plano internacional se ha producido una ruptura con lo que tradicionalmente ha sido nuestra política exterior y, en el plano nacional, el Gobierno se va a encontrar con unos mimbres mucho más débiles, con una España que ha perdido el norte en términos de valores, que está desarmada en términos de capacidad de reacción militar, diplomática y económica, y con una España lastrada porque se ha dado entrada a grupos minoritarios radicales que han disgregado la sociedad. España está en una situación peor que nunca desde Carlos III, pero tenemos confianza en que se sabe cómo hacer las cosas aunque haya factores que excedan la competencia de cualquier Gobierno.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Óscar Elía (Ó.E.): La crisis no es sólo económica, sino que la crisis económica es la expresión de una serie de crisis que van superpuestas una encima de otra: institucional, social y moral. A este punto no hemos llegado de manera misteriosa sino por una serie de decisiones equivocadas. El nuevo Gobierno podrá resolverlo con liderazgo no sólo institucional sino también moral.

Pero las recetas de los 90 no se podrán aplicar en un escenario que hoy es tan diferente dentro y fuera de casa.
R.B.: Estamos en un momento psicológico, político y económico completamente diferente. España está más sola que nunca. Hemos perdido a los aliados porque Estados Unidos se está retirando de la escena, la OTAN o la UE están en crisis permanente, y nuestros vecinos adoptan políticas basadas exclusivamente en sus intereses nacionales. Al mismo tiempo, se está produciendo una evolución muy negativa y peligrosa en el norte de África, desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico, en países en los que la democracia, que siempre es bienvenida, está trayendo el voto a los islamistas radicales. Hay una serie de fuerzas en presencia que nos dejan más solos y más débiles frente a unos peligros que no se van a reducir. Por eso, creo que hay que hacer un esfuerzo de imaginación y buscar nuevos aliados y nuevas alianzas. No podemos depender de una instituciones obsoletas como la Alianza Atlántica o de causas que no son fiables como los Estados Unidos de Obama. Hay países emergentes que son muy importantes con los que la diplomacia española ha tenido poca relación y con los que tendría que incrementar su actividad: India, Israel y Brasil (quizá también Australia). Ese eje nos daría alguna alternativa estratégica de futuro porque mantenernos con Turquía en la Alianza de Civilizaciones o intentar que Obama nos haga caso me parece que son batallas perdidas.

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No parece que China sea santo de vuestra devoción...
R.B.: China plantea un problema moral-político: es una sociedad que, en lo económico, roza el esclavismo, en lo político sigue siendo marxista, centralizada y comunista y es, por tanto, un sistema carente de las libertades y del respeto a los derechos básicso. China me parece abominable aunque produzcan muy barato. En segundo lugar, si ha tenido una cierta competitividad no sólo ha sido por las malas condiciones laborales sino también porque ha arrasado el bienestar de sus ciudades, que están contaminadas y con cortes energéticos, y porque ha jugado con su moneda para ser más competitivo. No es que sea un milagro económico, es que la palanca política del autoritarismo permite jugar con eso. Es un gigante con pies de barro que jamás llegará a reemplazar a los Estados Unidos. Apostar sólo por China es ilógico y contraproducente, hay que buscar otros elementos de contención de los que es la política de Pekín en el mundo.
Ó.E.: La política exterior de China es la encarnación de un tipo de régimen que los países que importan los negocios chinos también reciben y, con ella, su ideología.

En este escenario nuevo y en crisis, ¿qué hacemos con "nuestros clásicos" en política exterior (Gibraltar, Sáhara, Marruecos, Cuba)?
R.B.: Hay dos políticas en las que el nuevo Gobierno debería dejar muy claro que se distancia de lo que ha hecho José Luis Rodríguez Zapatero. Una es Cuba, escenario en el que los socialistas ha pasado a estar contra los disidentes y a favor del régimen de los Castro. En general, en toda Latinoamérica hay que distanciarse de la política de Zapatero de apoyo a todo populista y dictador, desde Chávez a Hugo Morales. La otra gran línea de cambio debe ser en Oriente Medio y sobre el conflicto palestino-israelí, donde hay que dejar la kefiya como adorno y pasar a una visión equilibrada y justa para todas las partes. Gibraltar es, este momento, una cosa menor. Además, no podemos enfrascarnos en una discusión con el Reino Unido sobre Gibraltar cuando lo que necesitamos es estar cerca de ellos y no perder de vista que Marruecos es una monarquía inestable que nos puede estallar en cualquier momento. En todo lo que tenga que ver con el norte de África hay que tener presente el riesgo de que el islamismo genere una dinámica de radicalización que a su vez radicalice a las fuerzas nacionalistas laicas y eso genere un magma que apunte al futuro de Ceuta y Melilla y, por tanto, a nuestro futuro.

En "El reto de Rajoy" citáis dos amenazas temibles: el islamismo radical y la bomba nuclear. ¿Quién nos salva?
Ó.E.: Occidente ha sido incapaz de convencer a Irán de que abandone el programa nuclear. Damos por hecho que Irán tendrá la bomba y entonces el problema no será qué hace Irán con la bomba nuclear sino que sus vecinos querrán tener la bomba, y también los vecinos de los vecinos. Así podríamos encontrarnos con un mundo polinuclearizado que llegaría hasta nuestras fronteras y rompería el equilibrio diplomático y estratégico que hemos tenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Entraríamos en un mundo nuevo.
R.B.: El programa electoral del PP compromete la creación de la figura de un coordinador de contraproliferación, una novedad bien encaminada.

Sí, pero no hay un "gendarme mundial" capaz de liderar la defensa global frente a esos peligros.
Ó.E.: Asistimos a una renacionalización, cada uno va a tener que mirar por lo suyo en los asuntos diplomáticos, defensivos, etc.
R.B.: El panorama de liderazgo es hoy desolador. Sobre todo si lo comparas los años en los que coincidieron Juan Pablo II, Margareth Thatcher y Ronald Reagan. Las políticas nacionales han dado origen a estos líderes blandos y fofos como Zapatero en la izquierda y Berlusconi o Sarkozy en la derecha.

¿"El reto de Rajoy" tiene atajos?
R.B.: Hay que ser imaginativo. El mundo y España han cambiado mucho. No hay que obsesionarse con aplicar las mismas medidas que con éxito se aplicaron a partir de 1996 porque la UE y el mundo no son lo que eran entonces y hay que jugar en el nuevo escenario.
Ó.E.: Un país que distrae sus energías en querellas internas, se desfonda en el exterior. Hay que poner la casa en orden para luego jugar fuera un papel importante. Y en España aún hay mimbres para poner la casa en orden enmendando las decisiones equivocadas que en materia educativa, social, de medios de comunicación, etc, se han puesto en marcha en los últimos años.
R.B.: Otro error a evitar sería centrarse los primeros años en la agenda interna y dejar los asuntos exteriores para más adelante porque el mundo no nos va a dar ni un respiro. Hay que trabajar en el marco global.

El peso de la economía en la cartera de Exteriores será enorme en el próximo Ejecutivo.
R.B.: No debería ser sólo una diplomacia ecónomica, pero es una debilidad estructural que si no respondemos nos merma todo futuro. No me parece mal fusionar Exteriores y Economía o Interior y Defensa. Hay que probar fórmulas nuevas porque sabemos que las viejas ya no funcionan. La economía no lo es todo: de nada me serviría resolver la crisis económica en dos años y tener a Marruecos, Libia o Argelia con una bomba atómica detrás. Hay problemas que no nos van a dar respiro.
Ó.E.: Esa es la clave. En los 90, Occidente creía que controlaba el mundo, pero hoy no se pueden descartar crisis inesperadas que nada tendrán que ver con la economía.
R.B.: Si nosotros estamos en lo cierto, vivimos una crisis sistémica de todo Occidente tal y como los hemos conocido desde los años cuarenta por lo que dedicar todos los esfuerzos a la economía sería como pedirle a la orquesta del Titanic que afinara los instrumentos: al final, se hundirán tocando estupendamente.

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Para superar esa crisis sistémica, reclamáis en el libro una España “dignada” que es:
Ó.E.: No es una España misteriosa, aunque pueda estar adormecida o distraída, y tiene que ver con la recuperación de valores que consideramos primordiales: valores intelectuales y morales de rechazo del pensamiento débil y del relativismo; y valores políticos e institucionales de respeto a las instituciones y al imperio de la ley. Frente a la España indignada, que representa lo peor de la sociedad española, nosotros proponemos la España "dignada", más orgullosa, que se cree capaz y se toma las cosas más en serio.
R.B.: Buscamos una España que cree en sí misma. Sería sanísimo para España que el Estado redujera su presencia, no sólo en la economía y en el funcionariado público, sino en su constante injerencia en nuestras propias vidas, que nos liberáramos de esa dependencia del Estado para nuestro futuro, que los individuos fuéramos cada día más responsable y libres porque sin eso no hay una revolución social en ciernes. Yo creo que sé gastar mi dinero mejor que el Estado, tengo más responsabilidad en la educación de mis hijos que el Estado y lo que le pido al Estado es que funcione con los medios mínimos y que se quite de en medio. Lo público en España pesa tanto que nos está hundiendo.
Ó.E.: El Estado ha creado ciudadanos irresponsables, que no exigen al Estado. Y esto genera un círculo vicioso en el que los ciudadanos son cada día más súbditos y el Estado es cada vez más despótico, extenso y fofo a la hora de tomar decisiones.
R.B.: Los líderes deben dar ejemplo. Los niños quieren ser famosos para salir en la televisión y me imagino que ahora querrán ser Urdangarín. El nuevo Gobierno tiene la responsabilidad de devolvernos el sentido moral que se ha perdido en España. Es una tarea histórica de recuperación de una sociedad moderna.

¿Rajoy será capaz y querrá liderar esa recuperación de valores y principios? ¿Le dejará la izquierda?
R.B.: El reto no es fácil, si lo fuera seguiría Zapatero. Estoy convencido de que Rajoy lo hará y, si no pudiera, le iría muy mal políticamente. España está en el borde del abismo, si este reto de transformación real no está en la agenda es el salto al vacío.
Ó.E.: La izquierda ha sufrido cuatro crisis: una histórica con la caída del Muro, una intelectual que en España ha desembocado en Zapatero, Leire Pajín o Bibiana Aído, una crisis económica provocada en los países que gobernaba por sus políticas de gasto público y un colapso social que aquí se ha traducido en la mayoría absoluta de Rajoy.
R.B.: En el libro calificamos a la izquierda de zombi porque puede complicar la salida a una crisis compleja, pero tampoco hay que darle más cancha.
Ó.E.: Hay que rehabilitar el prestigio de la verdad, que incluye el prestigio del rigor y del esfuerzo. Es decir, no se puede mentir. Lo políticos se tienen que sentir obligados a decir la verdad porque si no desembocamos en la actual crisis institucional.

Poneos un minuto en la piel de Mariano Rajoy y dádme el nombre del próximo ministro de Asuntos Exteriores.
Ó.E.: Este señor (en referencia Rafael Bardají) está en las quinielas.
R.B.: Tiene que ser una persona que sepa compaginar la urgencia de la crisis económica con lo importante de todo este estallido en el mundo que estamos viendo; tiene que ser alguien de prestigio internacional reconocido -y me da igual que venga de una empresa privada líder de España- porque tiene que estar empotrado en los mercados internacionales; al tiempo tiene que tener la capacidad de asimilar que la economía es lo urgente, pero que lo importante es todo lo demás.

¿Y esa persona existe?
R.B.: Yo tengo un nombre imposible. A mí me encantaría que José María Aznar fuera el ministro de Asuntos Exteriores de este próximo Gobierno. Tiene la credibilidad y la dimensión internacional y sabe de qué habla.
Ó.E.: Yo me iría a los valores. Todos los ministros tienen que tener un enorme patriotismo que significa capacidad de sacrificio, ilusión y esperanza en salir adelante y confianza en la nación. En los peores momentos es cuando surgen los grandes liderazgos. Yo repetiría el nombre de Aznar y aportaría el de Rafael Bardají.




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