20 de octubre de 2019, 3:22:14
Opinion


RAJOY, ACIERTO GENERAL CON UN SOLO ERROR

Luis María ANSON


Pretenden algunos criticar a Mariano Rajoy diciendo que ha nombrado un Gobierno de leales. Pues claro. Con mayoría absoluta no iba a nombrar un Gobierno con desleales. Lo importante para el interés general no es si sus ministros son leales o no; lo importante es si son capaces. Y lo son. Rajoy no ha encaramado en los ministerios a las Bibianas, Malenis o Trinidades de turno.
En mi opinión, el acierto de Rajoy ha sido general. Ha puesto en marcha el Gobierno de expertos que la situación crítica exigía. Con un solo error: la supresión del ministerio de Cultura. José Ignacio Wert es hombre especialmente capacitado para dirigir la política cultural del Gobierno. Ni una reserva a su nombre. Pero el ministerio de Cultura debió mantenerse. El pasado día 6 de noviembre dirigí a Mariano Rajoy una carta pública en El Mundo que decía así:
“Me dicen los que te rodean que no saben si estás subiendo la escalera para nombrar ministro a Alberto Ruiz-Gallardón y reventar un poco a Esperanza Aguirre; o si la estás bajando para dejarle anclado en la alcaldía y con dos palmos de narices. También me dicen, aunque haya necesitado un sacacorchos digital para extraer la información, que en tu política de ahorro y austeridad en la Administración proyectas liquidar el ministerio de Cultura. ¡Qué error, qué inmenso error!, afirman algunos colaboradores tuyos, y muy cercanos.
Mira, querido presidente, España será la décima o la duodécima potencia económica del mundo. Es la tercera o cuarta en cultura. El idioma español ha desplazado al francés y se ha convertido en el segundo del mundo, si bien a considerable distancia del inglés, aunque como lengua madre lo ha superado ya. (El chino no está considerado como idioma internacional y el enjambre dialectal es de tal calibre en aquel país que su extensión no se puede comparar con el inglés o el español). Nuestra literatura, nuestro teatro, nuestro cine, nuestras artes plásticas, nuestra arquitectura, nuestros cantantes de ópera, también los populares, nuestra música, ocupan posiciones cimeras en el mundo actual y, hermanados con las naciones iberoamericanas, disputamos a la cultura sajona, eslava o sínica la primacía mundial.
Desde el punto de vista internacional, cuando se alcanza la excelencia, la negociación y las relaciones culturales deben establecerse a nivel ministerial. Charles De Gaulle dio ese relieve a la cultura porque Francia galleaba todavía en posiciones de cabeza. André Malraux realizó una formidable gestión. Felipe González imitó al general de El corazón y la espada y, superando las timideces de Adolfo Suárez, creyó encontrar en Jorge Semprún al Malraux español. No fue así pero el camino señalado por González era certero.
El centro derecha español ha cedido casi siempre la aduana cultural a la izquierda. Yo me aventuré a desafiar tamaño despropósito y convertimos a El Cultural, primero en el ABC verdadero, después en La Razón, ahora en El Mundo, en la revista de referencia de la cultura en España. No quiero darte consejos, pues ya te sabes equivocar tú solo. Pero cometerás un error si decides suprimir el ministerio de Cultura en aras de una austeridad mal entendida. Deja la cultura en su sitio y recorta suntuosidades, despilfarros y derroches de otros sectores de nuestras Administraciones manirrotas, la central, la autonómica, la provincial y la municipal. Dispones de frondosos árboles para podar.”
Hasta aquí mi carta del pasado 6 de noviembre. Naturalmente, Rajoy ha preferido recrearse en el error, como corresponde a la soberbia pedernal de casi todos los políticos.
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