7 de diciembre de 2019, 11:07:26
Opinion


Esperpento norcoreano



Tras las histriónicas muestras de dolor por la muerte de Kim Jong Il ayer domingo la televisión estatal norcoreana mostraba imágenes del general Jang Song Thaek, cuñado del dictador fallecido y supuesto hombre fuerte del régimen, incluso por encima del heredero, Kim Jong Un. Lo poco que se sabe de éste último, dado el hermetismo que caracteriza a Corea del Norte, es que se trata de un joven de apenas 30 años y cuyas capacidades son toda una incógnita.

Las imágenes de los funerales de Kim Jong Il revelan el drama que vive el país, obligado a llorar por un tirano. Su único aliado, China, se ha apresurado a reconocer al nuevo líder norcoreano. Sin este apoyo, el régimen de Pyongyang se vería abocado al fracaso: el país vive una hambruna considerable, fruto del excesivo gasto militar y los desvaríos de la única dinastía comunista del planeta. La razón de ser del apoyo chino estriba en perturbar a Corea del Sur, toda una potencia en la zona y fiel aliado de Estados Unidos. No obstante, Pekín debería considerar que, a efectos comerciales, le merece mucho más la pena fomentar la estabilidad que la tensión. El respeto a los derechos humanos no es muy diferente en los dos regímenes totalitarios pero, al menos en apariencia, el chino presenta una pátina de normalidad social –y éxito económico- mucho más presentable que la norcoreana. En cualquier caso, la mera existencia de un gobierno como el de Corea del Norte es una auténtico esperpento. Y el único que puede hacer algo al respecto es China.
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