28 de febrero de 2021, 9:57:56
Opinión


Ejercicio de responsabilidad del Gobierno: realidades frente al imaginario mediático



El nuevo Ejecutivo desgranaba ayer sus primeras medidas de calado en materia económica. Unas medidas auspiciadas no sólo por la crisis con la que ya se contaba, sino con la estimación corregida del déficit, que supera el 8%, dos puntos porcentuales por encima de lo que preveía el anterior Gobierno. En base a ello, el incremento tributario se hará a través del IBI e IRPF, progresivos, y no de otros eminentemente regresivos como el IVA. De este modo, se ajustan los tramos con arreglo a que paguen más las rentas superiores, algo que el PSOE se jactó de anunciar en campaña, a la vez que acusaba al PP de no querer llevarlo a efecto. Al mismo tiempo, se da un balón de oxígeno a las administraciones autonómicas con el IRPF y a las locales con el IBI, lo que descalifica por completo el supuesto “centralismo” al que tanto temía CIU.

No son medidas populares. Tampoco son indiscutibles y menos infalibles. Pero, al menos, son realistas. Porque lo que no resulta aceptable es negar la condición incontrovertible del ajuste. Este se impone implacable. La idea de que es una opción aceptarlo o no es del todo irreal. Nos guste o no, el ajuste llegará de un modo u otro. En nuestras manos sólo está el gobernarlo de la manera menos mala posible. Por eso esas u otras medidas son debatibles pero imprescindibles. Eso es lo mejor de la comunicación del Gobierno: la aceptación de la realidad. Ahora sólo falta que acierte en sus propuestas y medidas. Que no es poco. Se ha pasado de la edulcorada desinformación de la etapa de Zapatero a estos primeros compases de Rajoy en los que se detalla sin tapujo alguno cuál es la situación real de la economía. La sociedad tiene derecho a saber el estado de las cuentas, por poco grato que resulte. También espera de sus gobernantes más hechos que titulares y, hasta la fecha, así está siendo. Yerran, pues, quienes pensaban –o temían- que Rajoy esperaría a que pasaran las elecciones andaluzas para empezar a actuar. La realidad no admite demoras, y menos aún cuitas electoralistas.

En eso consiste la política social: en legislar para lograr revertir situaciones negativas, en lugar de hacer demagogia de salón. Suben las pensiones y se mantiene la ayuda de 400 euros para parados de larga duración, cuestiones éstas que dan al traste con el supuesto “recorte de derechos” augurado por algunos. Resulta igualmente cabal el ahorro que supondrá la disminución de las aportaciones hechas a sindicatos, patronal y partidos políticos; lo contrario sería de difícil encaje en la actual coyuntura. El sentido común alcanza también al ámbito de la cultura, al suprimirse el canon digital -lo que implicaba tildar de potenciales delincuentes a todos los consumidores- y anunciarse una lucha activa en pos del respeto a la propiedad intelectual. Todo lo anterior es sólo un primer paso de los muchos que hay que dar, pero al menos algo ha empezado a moverse. Y tras el mundo de la realidad virtual y la cultura de la imagen de la que se venía, cualquier avance resulta alentador.
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