12 de diciembre de 2019, 13:17:10
Los Lunes de El Imparcial

CRÍTICA


Miguel de Unamuno: Cuentos completos


Miguel de Unamuno: Cuentos completos. Edición de Óscar Carrascosa Tinoco. Páginas de Espuma. Madrid, 2011. 456 páginas. 27 €


Comienza el Año Unamuno, al cumplirse el setenta y cinco aniversario de su muerte. El 31 de diciembre de 1936 había nevado en Salamanca, y la nieve se heló en sus calles. Un intenso frío cubría la ciudad del Tormes. Don Miguel, recluido en su casa de la calle de Bordadores, pasa la mañana jugando con su nieto Miguel y leyéndole cuentos. Después de comer espera la visita del falangista Bartolomé Aragón, ex estudiante suyo, que iba a verle con cierta asiduidad. En esta ocasión, venía del frente y no quería dejar pasar la oportunidad de charlar y debatir con su antiguo profesor. Éste le agradece que no vaya vestido con la camisa azul, aunque observa que sí lleva la insignia con el yugo y las flechas, y le dice, ante la pregunta de Aragón por su salud, que se encuentra bien, incluso mejor que nunca. Se sientan a la mesa-camilla y comienzan a hablar. Unamuno le había anunciado que tenía que decirle cosas muy duras y le había pedido que no le interrumpiese.

La terrible situación española, con esa guerra que Unamuno calificó como “incivil”, centra el diálogo. En un momento Aragón señala: “La verdad es que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España disponiendo de sus mejores hijos”. Don Miguel se altera y le responde gritando: “¡No! ¡Eso no puede ser, Aragón! Dios no puede volverle la espalda a España. ¡España se salvará porque tiene que salvarse!” Inesperadamente, en medio del silencio que de pronto inunda la estancia, comienza a olerse a chamuscado. Bartolomé Aragón comprueba que una de las zapatillas de Unamuno se está quemando en el brasero y se da cuenta de que su antiguo profesor está inconsciente. Asustado, pide auxilio. Llaman al médico, quien no puede hacer otra cosa que certificar su fallecimiento a causa de una hemorragia bulbar. Porque Unamuno ese 31 de diciembre no solo aguardaba a Bartolomé Aragón. Tenía una cita mucho más importante, tan temida como inaplazable: “Ya está Unamuno con la muerte, su perenne amiga-enemiga. Toda su vida, toda su filosofía han sido, como las de Spinoza, una meditatio mortis”, escribió Ortega, en un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires el 4 de enero de 1937. Sin duda este año que ahora comienza es especialmente una buena oprtunidad para una meditación sobre su figura y obra.

Hasta llegar a ese 31 de diciembre de 1936, una trayectoria fecunda y plena, pero también complicada y compleja -desde su nacimiento en Bilbao el 29 de septiembre de 1864- como profesor y rector de la Universidad de Salamanca –cargo del que fue varias veces destituido y restituido-, destierro, exilio voluntario, concejal y diputado. También colaborador con infinidad de artículos de numerosas publicaciones de la época, de dentro y fuera de nuestras fronteras, entre otras, Los Lunes del Imparcial, suplemento en el que asimismo colaboraron, entre otros, Pérez Galdos, Clarín, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Valle-Inclán y Azorín. Y, sobre todo, autor de una ingente obra en todos los géneros –en la mente de todos están títulos como los ensayos Vida de Don Quijote y Sancho, Del sentimiento trágico de la vida, las “nivolas” San Manuel Bueno, mártir, Niebla, el poemario Rosario de sonetos líricos, o las piezas teatrales El otro y La venda.

En esa ingente obra, quizás la parte menos conocida por el público y atendida por la crítica haya sido la cuentística. Unamuno fue un gran autor de narraciones breves, por más que hayan sido poco investigadas. A esto, sin duda, ha contribuido el que los relatos unamunianos estuvieran dispersos y no se contara, salvo en las Obras completas, de un volumen accesible que recopilara esta faceta del rector de la Universidad salmantina. A cubrir oportunamente ese hueco vienen estos Cuentos completos, que es un excelente preámbulo a este Año Unamuno que ahora comienza, y para el que se ha confeccionado una amplia y variada programación, especialmente el Ayuntamiento de Salamanca. En Cuentos completos, su editor, el escritor, investigador, profesor y gestor cultural Óscar Carrascosa Tinoco ha realizado una más que meritoria labor al poner al alcance de los lectores la práctica totalidad de los relatos de Unamuno, incluyéndose los que permanecían inéditos. El resultado es una rigurosa y cuidada edición que establece el corpus en 87 relatos, que abarcan un amplio periodo de su actividad como escritor, desde una época juvenil –el primer cuento es “Ver con los ojos”, fechado en 1886- hasta una de madurez, en 1923.

Este corpus viene precedido por una amplia introducción de Óscar Carrascosa, que, en algunas de sus partes, resulta demasiado erudita y más adecuada para una revista especializada. No obstante, despierta interés su análisis de la idea unamuniana de cuento, abordando en especial la pertinencia o no del argumento, que, en general, rechaza Don Miguel, para asemejarlos a la vida que es también, dirá, “una sarta sin cuerda”, aunque no siempre sigue su propia receta. Así, estos relatos dan cuentan también de la libertad unamuniana a la hora de la creación, en la que el concepto genérico queda difuminado, y, sobre todo, en sus diversos registros, desde la sátira, a la reflexión o la observación, muestran las preocupaciones existenciales de este lúcido agitador de conciencias, que no está ni con los “hunos” ni con los “hotros”, que se debate entre la razón y el sentimiento, sin rehuir las contradicciones en un agonía sin fin. Preocupaciones que son leimotiv en su pensamiento con independencia de épocas de su vida y géneros. Al respecto valga como pequeño pero significativo ejemplo que en su relato “Ver con los ojos” se lea: “¿Quién no sabe que ser un infeliz es de mucha cuenta para gozar felicidad?”, asunto relevante en San Manuel Bueno, mártir, a través de manera especial de la figura de su personaje Blasillo.

Ahora, al cumplirse setenta y cinco años de la muerte de Unamuno, el mejor homenaje que se le puede rendir es leer o releer su obra, de la que sus cuentos forman una parte sustancial: “Cuando me creáis más muerto /retemblaré en vuestras manos/ Aquí os dejo mi alma-libro, / hombre-mundo verdadero. / Cuando vibres todo entero, / soy yo, lector, que en ti vibro.


Por Adrián Sanmartín





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