8 de mayo de 2021, 0:59:38
Opinión


La URSS a dos décadas de su final

Marcos Marín Amezcua


A inicios de 1992 se acabó definitivamente la Guerra Fría cuando desapareció uno de sus contendientes: la Unión Soviética (URSS). A veinte años de su desaparición, podemos decir que se acabó la Guerra Fría de la manera más impensable y no está demás reflexionar un poco acerca de este mundo unipolar que hemos tenido desde entonces, definiendo la agenda internacional y a lo que se ha sometido el orbe entero.

Su desaparición constataba severos problemas de concepción ideológica y práctica, que hicieran insostenible su continuidad. Imposibilitaba de una o otra manera, ver al socialismo como una opción real. Una cosa es reclamar igualdades y derechos y otra sostener una carrera armamentista que reventó su economía y evidenció los malestares de una sociedad carente de elementales libertades que reclamó airada en cuanto pudo. Y debe mencionarse sin tapujos: la única responsable de su desaparición fue ella misma, pues la URSS siempre fue hermética a sus problemas, de manera que el mundo pasó de largo y un buen ejemplo de mutis institucional fue el desastre nuclear de Chernobil.

Si su himno era y sigue siendo una joya musical, vista la URSS desde México, aquel reflejaba el poderío de la superpotencia. No he conocido otro más marcial ni poderoso, incluso por encima de La Marsellesa. Y aunque se conserva su música en la actualidad, hoy no nos inspira la fuerza de antaño que se ha quedado en el ayer. Al final se regresó a la bandera zarista y a su escudo y se devolvió la música soviética del himno, modificando la letra.

Durante los años ochenta siempre era tema obligado la rivalidad de las dos superpotencias. Lo que nunca imaginamos fue que la Guerra Fría no se acabaría como ramplonamente lo expuso la peli "Un día después" (el día que la vi en la tele, me durmió). No caímos en la burda solución estadounidense de que si estallaba la bomba, los niños se pusieran bajo sus pupitres (¿así o más tonta la solución?). No, el derrumbe soviético fue más apabullante así como inesperado

La desaparición de la Unión Soviética planteó muchas preguntas para los estudiosos de la relaciones internacionales. Desde saber cuáles serían los símbolos a adoptarían los nuevos países surgidos de su desmembramiento o conocer bajo cuáles condiciones surgían y su grado de soberanía, hasta identificar cómo se traspasarían muy diversas obligaciones hasta entonces contraídas por el gobierno soviético.

Cuando desapareció la URSS en el primer minuto de 1992 quedaron muchas dudas a la vista. ¿Qué pasaría con el arsenal nuclear? ¿cuál país respondería por su cuidado? ¿qué país se quedaría con el lugar reservado en el Consejo de Seguridad de la ONU, antes ocupado por los soviéticos? ¿cómo se resolvería la representación deportiva en los inminentes Juegos Olímpicos de Barcelona el siguiente verano? ¿Cómo se trasladarían obligaciones internacionales de la URSS de muy diversa índole? ¿la embajada soviética en México a cuántos países representaría desde ya? cuando en la primavera siguiente acudí a la Exposición Universal de Sevilla, me encontré con una verdadera sorpresa: el enorme pabellón, quizás el más grande del recinto, ahora solo representaba a Rusia, cuyo nombre se formaba por paneles móviles. Pronto sabríamos que Rusia ocuparía las vacantes soviéticas en la ONU y el COI adoptó esa extraña figura de Comunidad de Estados Independientes que duró poca cosa.

Me pilló aquella desaparición vacacionando en La Habana. En el vestíbulo del afamado hotel Ambos Mundos de La Habana vieja pude ver por el televisor las escenas del arrío de bandera soviética en el Kremlin y miraba discretamente a mi alrededor a los cubanos pensando si en sus rostros hieráticos, adustos, se escapaba el mínima signo de duda, de preocupación, de alivio o lo que fuera. Parecían absortos, como sin no calibraran los alcances de lo sucedido. Cuba perdió una oportunidad de cambio a tiempo. Apenas podíamos intuir lo que se vendría y ellos (los cubanos) no alcanzaban a comprender si su padrino estaba muerto o no.

Diez años después mi impresión era más curiosa, cuando estando en Moscú me percaté de que los rusos no añoraban años carentes de libertades, pero sí el poderío perdido que los relegaba a potencia de segunda. Y sí, la caída del comunismo en Europa del Este demostró lo que al menos sus simpatizantes en México, siempre negaron: que la URSS fue imperialista. Nada nuevo, como antes lo fue Rusia.

Mi amiga Lela Katzarava, que ya solo era georgiana, se quedó atrapada aquel invierno del 91, sin representación en México y sin pasaporte, soviético antes, pues su país como tal, la URSS, había desaparecido. La ahora solo embajada rusa le negó sus servicios. Debía dirigirse a la representación georgiana más cercana.

La URSS a dos décadas. Un día a finales de los años noventa, mi sobrina hacía su tarea y me preguntó: "Tío ¿qué fue la Unión soviética?" ¡¡¡¡¿Fue?!!!!! pues sí, ya no existía. Me quedó claro que para muchos fue una realidad puntual, para otros fue algo que iba de salida, como en mi caso y sin saberlo ni presagiarlo y para muchos más era simplemente cosa del pasado que no les tocó vivir y de allí... para adelante. Aún me intriga cómo se pasó del triunfalismo de los Juegos Olímpicos de Moscú '80 al golpe de estado, escasos 11 años después. La URSS del sonriente y muy apreciado Gorvachov (más lo era fuera de sus fronteras, que adentro) dejó de ser y Rusia comenzó a lidiar con el desmembramiento ya no territorial, sino en todos los aspectos. La fuga de cerebros, la crisis económica, las pugnas por fondear su flota en Ucrania y las rivalidades nacionales y un largo etcétera. Acaso para muchos fue sorprendente ver como ese mapa de Europa –que parece maldito para ver jamás fijas en definitiva a sus fronteras– nuevamente se modificaba. El resurgimiento de las repúblicas Bálticas, el desmembramiento de Yugoslavia o la desaparición de Checoslovaquia y sobre todo, la unificación alemana, que parecían de ciencia ficción, ahora ya estaban allí....el mundo no ha vuelto a ser el mismo. Aún recuerdo la primera vez que vi en un mapa a la Alemania unificada. ¡Cosa más rara! Mi generación creció sabiendo de dos con capitales en Bonn y en Berlín. El derrumbe de 1991 selló toda una etapa de la historia mundial.
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