26 de agosto de 2019, 3:25:52
cine

CRITICA DE CINE


La dama de hierro: olvidadiza y olvidada


Meryl Streep protagoniza el primer gran estreno del 2012. “La dama de hierro”, una biografía sobre la ex primera ministra británica Margaret Thatcher a la que da vida con una gran interpretación la actriz norteamericana.


La primera cartelera del año ha llegado marcada por la expectación ante el estreno de “La dama de hierro”, una biografía sobre la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, en la que destaca la soberbia interpretación de otra importante dama, esta del cine, Meryl Streep.

Olvidadiza y olvidada, así nos presenta la cinta dirigida por Phyllida Lloyd a Margaret Thatcher en la primera escena de la película. Han pasado los años y la mujer que dominó con puño de hierro la política británica durante una de las etapas más complicadas del Reino Unido es ahora una anciana que burla a la escolta para acercarse a la tienda de la esquina y comprar medio litro de leche y los periódicos del día. Nadie la reconoce y la anciana regresa tranquilamente a una casa que en nada se parece al 10 de Downing Street. Se sienta a desayunar en la humilde cocina mientras charla con Denis, su esposo, hasta que unas repentinas voces en la entrada les interrumpen. Es entonces cuando nos enteramos de que la ex mandataria está en realidad hablando con el recuerdo de su marido, que lleva muerto varios años, y que, sin embargo, a la anciana política le parece mucho más real que todos los que ahora la rodean. Tampoco son muchos. De acuerdo con el deprimente relato que marca el pulso de esta cinematográfica historia de la vida de Thatcher, es su hija Carol quien se ocupa de la dama con la ayuda de una mujer de compañía y algún colaborador a tiempo parcial. Su hijo continúa viviendo en Sudáfrica y, por lo que parece, sus visitas son extremadamente raras.

El comienzo de los flashbacks que pretenden contar la vida de Thatcher, según un guión bastante endeble que firma Abi Morgan y asegurada estar inspirado en la autobiografía escrita por la hija, Carol Thatcher, surge con motivo de la decisión de desprenderse de los efectos personales de Denis. Hasta ahora no había habido modo de convencer a la obstinada mujer para hacerlo, a pesar del tiempo transcurrido. A través de las prendas que va metiendo en bolsas y en viejas maletas, la mente confusa de la anciana rememora otros tiempos mientras continúa hablando con su esposo fallecido, a quien interpreta el actor británico Jim Broadbent, que aparece como el verdadero y fiel apoyo de la ex mandataria desde que empezó a escalar puestos en el partido conservador, contra todo pronóstico por su condición de joven e inexperta mujer e hija de un tendero.

Desde estos primeros flashbacks, la historia va avanzando, por desgracia sin ganar fuerza ni intensidad dramática, para llegar a los momentos más importantes desde el punto de vista histórico: la llegada al poder en el que se mantuvo durante 11 años, su enfrentamiento con los sindicatos y las huelgas de mineros, su personal lucha contra un IRA recrudecido, su participación junto a los otros emblemáticos líderes de los años 80 en la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría o la famosa Guerra de las Malvinas, con la que consiguió que su popularidad entre los electores volviera a situarse en cotas altas. Y, por último, su propia caída en desgracia a manos de su propio partido y víctima de su propia soberbia. Muchos acontecimientos que indudablemente marcaron parte de la historia, no sólo británica, pero que, increíblemente, en manos de Lloyd, parecen quedar relegados a un segundo plano. Puede que la directora, experta en el mundo del teatro, lo haya hecho de forma intencionada, porque lo que llama su atención y, por tanto, la de los espectadores que tenemos que mirar a través de sus ojos es que lo realmente importante aquí sean los delirios de una mujer que la cinta se empeña en enseñarnos continuamente en su decrepitud y su soledad más absoluta, perdiendo una estupenda oportunidad para realizar un interesante repaso de la historia que marcó en el mundo una década tan difícil como la de los 80, si no en profundidad, al menos sí con una mirada más valiente y apasionada. De forma que la cinta habrá de quedar, y no es poco, como el fascinante trabajo interpretativo de la que es una de las mejores actrices de la historia, Meryl Streep, nominada hasta en 16 ocasiones al Oscar y con dos estatuillas en casa. No sería de extrañar que su encarnación de Margaret Thatcher se convierta en el tercero.
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