28 de enero de 2020, 3:02:22
Opinion


Europa: Unamuno y Ortega

Manuel Ramírez Jiménez


Es con la aparición de la Enciclopedia francesa de un artículo sobre España cuando toma cuerpo con fuerza el tema de la europeización de nuestro país ¿Había aportado algo España a la Europa moderna? O de otra forma dicho, qué grado de europeización teníamos. Las opiniones al respecto dividen a los pensadores y con ellas se llega a los finales del siglo XIX y comienzos del XX. Nos interesa aquí la referencia a los dos intelectuales de mayor importancia. Vaya por delante que para ambos nuestra europeización es indispensable la diferencia está en el sujeto a cuyo cargo debe correr la empresa de impulsar nuestra conexión con Europa. Para Unamuno, el Estado. Para Ortega, la sociedad misma. Veamos primero a Unamuno.

A Unamuno la juventud adormecida no le complace. Él sabe bien del atraso que la España de entonces padece en comparación con Europa. Nos quedaba mucho de mirarnos el ombligo y no pasar de ahí. Una voz que llama a la lucha aun partiendo de su propia duda. Su confianza se centra, casi exclusivamente, en el Estado: “El Estado es hoy, en España, tal vez lo mejor que tenemos: lo más europeo”. Al Estado corresponde, antes que a nadie, lo que él llama “aduanas espirituales” para imponer en España “la moderna cultura europea, la cultura liberal, género de importación en gran parte”. Así surtirán españoles europeizados. Y de la lucha. Luchar contra esto y aquello para vencer al nefasto localismo que ahoga al país. Había que luchar por una auténtica europeización, con el Estado en cabeza.

La voz de Ortega va a sonar con insistencia desde la perspectiva del avance científico. “Europa es ciencia y la ciencia”. Y ello porque “si creemos que Europa es la ciencia, habremos de simbolizar a España en la inconsciencia”. Para Ortega, sin embargo, se trata de una función de toda la sociedad siguiendo el ejemplo de unas élites renovadoras. ¡El elitismo atribuido al filósofo! Y esas élites debían ir a Europa para luego, al regresar, esparcir los nuevos conocimientos en nuestro país: “Europa es ciencia antes que nada. ¡Amigos de mi tiempo, estudiad! Y luego, a vuestra vuelta de Europa, encendamos el alma del pueblo con las palabras de idealismo que aquellos hombres de Europa nos hayan enseñado”. De aquí su vibrante repulsa al ciego seguimiento de la tradición que aparece en sus “Meditaciones del Quijote”. Alegatos contra el localismo y el particularismo con la bandera de Europa que no faltó nunca: “Sólo mirada desde Europa es posible España”, había sentenciado frente a los tradicionalistas que no compartían sus ideas, convencidos de la “gran lección” que nuestro país tenía que dar al mundo. La voz de Ortega sonará con insistencia frente a ellos.
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