5 de diciembre de 2020, 0:53:47
Cultura

SU ÓPERA PRIMA, [i]EVA[/i], OPTA A 12 PREMIOS GOYA


Kike Maíllo: “En España tenemos muy poco amor propio”


Al cineasta Kike Maíllo le gustaría parar el tiempo. Se resiste a que llegue el próximo 19 de febrero, día de entrega de los premios Goya, para seguir instalado en el estado de “inmensa felicidad” al que le han transportado las 12 nominaciones de Eva, la innovadora ciencia ficción con la que ha debutado en la gran pantalla. El barcelonés dice sentir todo este éxito como “una bienvenida” a la industria cinematográfica española que, según opina “está deshaciéndose de muchos de sus clichés” y encaminándose a una buena dirección en cuanto a géneros, calidad y diversidad. Lo que de verdad ansía de cara a la cita en el Palacio Municipal de Congresos es disfrutar de la noche, aprovechar al cien por cien esta edición que considera “muy especial” por estar nominado junto a muchos de sus amigos”, y que, asegura, “será la de Enrique Urbizu”.


Eva ha obtenido 12 candidaturas a los premios Goya, el bronce en la terna de las más nominadas. Siendo su ópera prima, ¿cómo sienta estar sólo por detrás de dos grandes y veteranos como Almodóvar (La piel que habito) y Urbizu (No habrá paz para los malvados)?
Se siente muchísima alegría. Creo que en este caso las nominaciones son como un signo de bienvenida. Me lo tomo como un espaldarazo, como un “bienvenido chaval, eres uno de los nuestros”.

¿Intuía este éxito de la película en los premios?
No, siendo mi primera peli, es muy difícil imaginar que podía pasar algo así. Por lo que había hablado con gente de la industria, podíamos imaginarnos que iban a caernos una o dos, ¿pero doce? No, qué va. Creo que el hecho de que una película con tanta gente joven haya sido tenida en cuenta es un signo de muchísima salud de la industria, aparte de la suerte que tenemos de ser nosotros los nominados.

¿Alguna de las nominaciones le hace especial ilusión? ¿Quizá la suya, como mejor director novel?
Más que de la de dirección novel, con la que obviamente estoy encantado, creo que me siento orgulloso de todas aquellas que hablan del contenido, del rango dramático de la película. Más allá de ser una película de ciencia ficción es una historia emotiva, emocionante, que coquetea con el melodrama, así que creo que el hecho de que estén nominados el guión y dos de los actores (Daniel Brühl, a mejor interpretación masculina y Lluis Homar a mejor actor de reparto) me hace especial ilusión.

Aparte de las 12 nominaciones a los Goya, Eva cuenta con 16 candidaturas en los Gaudí y 10 en las Medallas CEC. ¿Qué importancia le da a los premios? ¿Cree que puede alargar la vida comercial de la película o abrir puertas a nuevos proyectos del director?
Creo que de alguna manera sí me puede facilitar hacer una segunda película, lo que es realmente difícil en este país. En España se generan muchísimas óperas primas al año y, tristemente, muy pocos repiten. El sistema fagocita muy rápidamente los ‘operaprimistas’, a los que estamos arrancando.

Pero, sobre todo, a mí los premios me interesan para que la película se conozca, más allá de lo que pueda hacer en el futuro. No he hecho una película para poder hacer otra, sino porque quería contar esta historia, y el hecho de que esté nominada en diversos sitios creo que le da una oportunidad, sobre todo, de ser conocida. No sé si se llegará a tanto como poder reabrir una nueva carrera comercial, ¡ojalá! Pero la oportunidad que brindan los premios es, sobre todo, que la gente sepa de la película.

En este sentido, la acogida de Eva en los Goya, ¿puede ser también señal de que la Academia reconoce el riesgo, de que se premia la voluntad de hacer algo diferente?
Por supuesto. Creo que esta es una película que realmente es arriesgada en dos o tres rasgos. Primero, en coger un género que no se utiliza mucho en España y, encima, en lugar de jugar al juego del cine americano, jugar a otro quizás más europeo… Creo que sí se está valorando la “caradura” de arriesgar.

Igual que Eva ha roto con la temática comúnmente atribuida al cine español, ¿cree que, en general, la industria cinematográfica de nuestro país se está quitando complejos? Las nominaciones a mejor película en esta edición muestran una variedad que hubiera sido casi impensable hace años…
Sí que creo que las nominaciones de este año son más obvias en ese sentido, sobre todo en que hay muchas películas de género: el western de Mateo Gil (Blackthorn), la película de Almodóvar (La piel que habito), que une fantasía y terror, el magnífico thriller de Urbizu (No habrá paz para los malvados)… Evidentemente hay algo de coincidencia, pero sí que creo que existe por parte de la Academia una voluntad de refrescar, de premiar lo novedoso que se está haciendo. En mi opinión esto es algo muy, muy bueno de cara al público porque cuanto más se diversifique el mercado a más gente podremos tentar para que vaya a ver nuestras películas.


Kike Maíllo durante la entrevista con El Imparcial en Madrid.


Creo que al final hay dos clichés que no son ciertos y contra los que hay que luchar muy poderosamente porque no nos ayudan nada a la hora de que gusten nuestras películas. Uno es que las películas son ‘guerracivilistas’, que hacemos películas pseudopolíticas que siempre tienen que ver con la Guerra Civil. Y el segundo tópico es que nuestras películas no están bien hechas. Sin embargo, ves las nominaciones a mejores efectos o a mejor fotografía y son películas que están muy bien hechas, muy impresionantes, por encima de la media americana. Esto es algo que tenemos que saber comunicar.

¿Por qué cree que existe esta concepción general de que el cine español no llega, de que se utiliza dinero público a través de la subvenciones para que luego nadie vaya a las salas a ver cine español?
Creo que entran en juego diferentes factores y resumirlos sería complicado y puede que injusto, pero por dar dos pinceladas, diría que es un problema cultural. Somos un país que tenemos muy poco amor propio, al menos del tipo de amor propio que lleva a querer lo que hace uno mismo. Estamos como en las antípodas de los franceses, somos anti chovinistas: todo lo que sea de fuera siempre es mejor que lo nuestro. Pero creo que poco a poco esto está cambiando, como ha cambiado ya en el deporte, por ejemplo. Cuando era pequeño, la conciencia general era que los deportistas españoles eran los peores. Ese estigma que se ha roto en el deporte hay que empezar a romperlo en otros aspectos, sobre todo en temas culturales, porque la realidad es que somos un país que es una potencia cultural.

Por otra parte, durante la transición, cuando se cayeron las censuras, hubo una sobreproducción de un tipo de cine que se alejaba del lado conservador de la sociedad. Eso, por ejemplo, no ha pasado en Francia, donde hay cine para espectadores “de derechas”, por así decirlo. Aunque ahora creo que lo estamos solventando, en su momento se perdió a la mitad del público, el público que se quejaba de lo malhablados que eran los personajes o el abuso de los desnudos y el sexo, y el que sigue sin conectar con el cine que estamos haciendo.

Los cambios que, dice, están ocurriendo en el cine español, ¿se deben a una nueva hornada de cineastas, a la que perteneces, más jóvenes, con otras inquietudes y referentes?
Por un lado sí. Hay una cosa que está clara y es que somos una generación que ha crecido con películas de videoclub, E.T. y Los Goonies y eso se tiene que notar en algún punto. Nuestra formación parte, básicamente, del cine americano y nos ha aportado una sensibilidad especial hacia ciertos géneros.

Pero también es una cuestión de juventud que ha existido siempre. Por ejemplo, Verbo (la ópera prima del también nominado a mejor dirección novel, Eduardo Chapero-Jackson) es una película que no se parece a nada de lo que se ha visto en España, pero tampoco fuera. Eso es de tener mucha caradura, como la que demostraban Vigas Lunas o Vicente Aranda en sus primeras películas, aunque luego no hayan vuelto a hacer nada parecido. Eso tiene que ver con la valentía de la inexperiencia. Después, seguramente uno quiere gustar más y hace películas más caras que se tienen que acercar a lo más comercial. La película de Chapero-Jackson, independientemente de que te guste o no, requiere mucha valentía. Hay que tenerlos muy bien puestos para hacer algo así.

Por seguir con los que parecen ser los grandes problemas del cine español, ¿en qué medida le afecta a nuestra cinematografía la influencia de Internet?
Para el español un poco menos que para el cine en general porque seguramente no hemos conseguido aún acabar de conectar con nuestro público y las series y las películas que la mayoría de gente se baja de Internet son americanas esencialmente. Pero lo que ocurre aquí en España con las descargas es una lacra, porque es algo que no ocurre en ningún sitio más del mundo.


El actor Daniel Brühl en un fotograma de Eva.


Hay dos cosas que se están juntando. Por un lado, que deberíamos ir más rápido en entender que el cine, tal como lo hemos comprendido, ya no existe. Eso significa que ya no puedes cobrar ni siete, ni cinco ni probablemente tres euros para que alguien vaya a ver cine a una sala un martes por la tarde. Habrá que poner las películas a un euro o gratis si hace falta en determinados contextos, porque eso genera público y el problema es que estamos torpedeando el que público vaya a la sala.

Pero por otro lado hay que restringir un poco el canal. Ha habido demasiada manga ancha por cuestiones que tienen que ver con telefonías y compañías a las que les venía bien que de pronto todos tuviéramos banda ancha en casa. Evidentemente, si pones en la calle un pastel con tenedores, la gente se lo come. Tampoco se puede criminalizar al público.

Entendiendo las necesidades del cine, que al fin y al cabo es una industria, las películas deberían ser más baratas, tanto como lo es la música que la gente sí compra a través de Internet. Creemos que estamos en un sistema en el que ya no estamos, y no podemos tardar más en darnos cuenta, como les pasó a las discográficas. Además, Internet nos brinda la ventaja de abaratar el producto eliminando intermediarios y eso hay que aprovecharlo.

Volviendo a los Goya, ¿echa en falta, en general, alguna nominación?
Los premios siempre son injustos… Quizás para mí lo más significativo de este año sea la poca presencia de Mientras Duermes, de Jaume Balagueró (que ha recibido una única candidatura: la de Luis Tosar como mejor interpretación masculina). Me falta en muchas de las categorías como dirección, película… Balagueró hace con esta película una cosa que aquí vemos muy poco: este género hitchcockiano del terror psicológico en el que el espectador va con el malo, y lo hace muy bien.

¿Qué le parece que este año no se hayan permitido las nominaciones a menores de 16 años y, por tanto, Claudia Vega (la protagonista de Eva) se haya quedado fuera?
No me hace ninguna gracia. No existiendo esa nueva regla podría igualmente no haber sido nominada, pero creo que su trabajo es excepcional. De hecho, la han nominado en los Gaudí como Mejor Actriz, junto a Marta Etura y otras actrices increíbles. A ella le vienen bien estos premios por el tema de arrancar su carrera de una manera más potente. Pero siendo una niña entiendo que lo que tiene que hacer es formarse y trabajar mucho, y esto lo va hacer sí o sí, con o sin la nominación al Goya.

¿Qué expectativas tiene con respecto a Eva y Los Goya? ¿Alguna corazonada?
Bueno, todos estamos más confiados en poder llevarnos el premio a los mejores efectos especiales, porque han hecho un gran trabajo y es una película de ciencia ficción, que no suele hacerse mucho aquí. Pero la verdad es que estoy haciendo un trabajo mental enorme para no pensarlo, porque quiero disfrutar al máximo de esa noche.

Y en cuanto a las nominaciones en la categoría de Mejor Director Novel, junto a Chapero-Jackson (Verbo), Paco Arango (Maktub) y Paula Ortiz (De tu ventana a la mía), ¿qué sensaciones tiene?
Creo que esta categoría es un poco cajón de sastre. Creo que es algo parecido a lo que ocurre en los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, en donde no se conocen demasiado las películas. Nuestras películas tampoco han sido excesivamente vistas por lo que al final se decide el ganador por apenas un puñado de votos. Las diferencias son mínimas.

De todas formas, voy a ser el mismo tío tanto si gano como si no, con las mismas ganas de hacer una segunda película y el mismo poco talento (risas).


El cineasta durante la entrevista.


Pero, ¿llevará el discurso preparado por si acaso?
¡Por supuesto! Si no, me podría histérico. Creo que si sales allí a improvisar, la has cagado. A mí me da mucha seguridad si sé lo que voy a decir, tanto si al final sale como si no, voy más seguro.

Lo que ocurres es que, personalmente, veo una cosa muy bonita de los Goya de este año: que tengo a todos mis amigos entre los nominados. Gente de treinta y pocos, que me han acompañado en toda esta locura y que van a estar allí también. Así que lo que quiero es pasármelo bien.

Después de la repercusión que ha tenido Eva, ¿da miedo pensar en el siguiente paso? ¿Cree que se ha puesto a sí mismo el listón muy alto?
Sí, pero no por las nominaciones o por la repercusión, sino porque realmente no sé qué hacer. Creo que todavía hay mucho rango para hacer una película mejor, siempre puedes ir más arriba, lo que no tengo nada claro es con qué.

Tengo unas tres líneas que estoy empezando a desarrollar y que siguen bailando el agua de la ciencia ficción, aunque es una senda muy difícil puesto que el público español no es excesivamente sensible al género, somos más costumbristas. No estoy del todo seguro… supongo que porque todavía estoy en Eva, no la he soltado.

Para terminar, ¿cuál es su quiniela para los Goya? ¿Estará la cosa repartida o habrá un claro vencedor como ocurrió el año pasado con Pa Negre?
Creo que ésta va a ser la edición de Urbizu. Lleva muchos años en esto, haciendo películas con muchísimo instinto. Creo que él se llevará el Goya al mejor director, mejor película (No habrá paz para los malvados) y Coronado, al mejor actor. Lo que no tengo tan claro es que va a pasar con los premios técnicos, pero este año va a ser el de No habrá paz… Se puede llevar un buen carro.
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