15 de agosto de 2020, 12:57:10
Opinión


ANTONI TÀPIES, LA FASCINACION DEL ABISMO

Luis María ANSON


El arte como el hombre, decía mi inolvidado Juan Eduardo Cirlot, se mueve entre dos fuerzas contrarias que lo solicitan: una es la belleza de la serenidad absoluta; la otra, la fascinación del abismo. Antoni Tàpies construyó su obra plástica, una de las más relevantes del siglo XX, sobre la fascinación del abismo.

A lo largo de mi dilatada vida profesional he tenido la suerte de conocer a muchos de los grandes de la pintura contemporánea; Picasso, Bacon, Miró, Dalí, Wyeth… Los pintores de relieve suelen hacer lo que saben pero muchos de ellos no saben lo que hacen. Antoni Tàpies era un descomunal pintor y además sabía muy bien lo que hacía. Y lo explicaba de forma que deslumbraba. Fue un teórico de su propia pintura, sobre todo cuando hablaba de su encuentro con las tapias vomitadas y turbias de los suburbios barceloneses.

En la euforia del acto del Premio Príncipe de Asturias en Oviedo mantuvo en todo momento la distancia. Recuerdo que hablamos de los grandes artistas españoles del siglo XX, desde Gaudí a Chillida, desde Falla a Santiago Calatrava. Elogió a Luis Buñuel con intensidad. Y me dijo: “Tiene razón Buñuel. La única dignidad es la nada”. Tàpies estaba por encima de los premios, las distinciones, los marquesados, los oropeles y los fuegos artificiales. Mi gran amigo Modest Cuixart reverenciaba la actitud vital de Tàpies tanto como el informalismo de su pintura, su capacidad inagotable para la abstracción. Amaba el genio la música de Wagner y aspiraba como el artista germano a fundir la materia y el espíritu. Era un Parsifal con pinceles. Me golpea la noticia de su muerte y apenas puedo escribir estas palabras entrecortadas. La cultura española ha perdido a uno de sus nombres grandes.
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