19 de noviembre de 2019, 3:37:58
cine

crítica de cine


Warhorse: Spielberg susurra a los caballos



A estas alturas de su carrera, está claro que Steven Spielberg no necesita demostrar nada aunque, quizás precisamente por esa razón, sus últimos trabajos llegan marcados por una cierta dosis – tampoco demasiada – de “experimento”. Hace unos meses el famoso director desembarcó en los cines con una aventura de Tintín realizada mediante la novedosa técnica de la captura de imagen y ahora lo hace con un filme basado en un cuento infantil, cuyo protagonista es un caballo a través del cual nos trasladamos al frente francés durante la Primera Guerra Mundial. A Spielberg, la historia narrada por Michael Morpurgo posteriormente adaptada al teatro con un importante éxito, le llamó enseguida la atención y decidió poner sus grandes dotes de cineasta - y sus no menos grandes posibilidades de presupuesto - en llevar a la gran pantalla una cinta que vuelve a apostar por los valores más sencillos y a la vez más auténticos que pueden unir a un ser humano con otro ser que no lo es, pero que “debería serlo”. Al director norteamericano siempre le han gustado estas amistades “especiales” y si Elliot y ET se hicieron más que amigos en los años 80, ¿por qué no iban a poder hacerlo un chico inglés y un caballo con una guerra de por medio?

Por otra parte, Spielberg también se ha caracterizado por sus magníficas escenas bélicas y en Warhorse, no iba a ser menos. El director de fotografía Janusz Kaminski, que trabaja con Spielberg desde 1993 y ya ha conseguido dos Oscar por su labor en Salvar al soldado Ryan y La Lista de Schindler, opta a llevarse la tercera estatuilla precisamente por lo que nos muestra ahora en Warhorse. Y es que se podría decir que este “caballo de batalla” de Spielberg es fundamentalmente imagen. Algunas de ellas, verdaderamente memorables por su belleza, su inteligencia y su tributo a la memoria de algunos de los filmes clásicos que ya son parte de la historia, como el momento de las siluetas en sombra contra un horizonte carmesí que trasladan a los momentos más épicos de “Lo que el viento se llevó”.

Junto a la imagen, la música es también un elemento de poder en Warhorse. Otro colaborador habitual de Speilberg, el veterano compositor John Williams, firma la banda sonora y opta, por supuesto, a un Oscar. Otra vez. Williams ya debe de estar más que habituado, porque con esta son ya más de cuarenta las veces que lo ha hecho y cinco, las que ha conseguido llevárselo a casa: El violinista en el tejado, Tiburón, La Guerra de las galaxias, E.T. y La lista de Schindler le avalan. Pero Warhorse, por desgracia, tiene también puntos débiles, demasiado débiles. Empezando por un guión que adolece de una tremenda irregularidad dramática y que, especialmente en la primera media hora de metraje, no logra enganchar y se limita a presentarnos a los principales personajes, sin que lleguemos a involucrarnos con la debida intensidad.

La acción arranca en el condado rural de Devon, donde un terco granjero llamado Ted Narracott, llevado por la euforia que produce el alcohol, se gasta las guineas que no tiene para adquirir un caballo de raza que, por otra parte, no presenta las cualidades necesarias para un animal del que se espera que tire de un arado. La inversión es, en principio, tan desastrosa que el capricho amenaza seriamente con dejar a la familia Narracott sin granja y sólo el tesón y la fe del hijo, Albert, que conoce al caballo desde que nació, sirve para que el bello animal se deje colgar del cuello el arado y matarse a trabajar. Como las desgracias nunca vienen solas, una tormenta acaba con lo recién sembrado y estalla la guerra. La única solución para la familia pasa por vender el caballo a un oficial del ejército británico a punto de embarcar hacia Francia, para disgusto de Albert que aún no ha cumplido la edad reglamentaria para alistarse y viajar con su amigo equino a las trincheras. En cuanto la tenga, viajará al frente, pero mientras tanto Joey tendrá que apañárselas solo. Bueno, solo no. Aparte de los otros humanos – ingleses, franceses y alemanes – con los que habrá de convivir, Joey conoce a otro caballo, Topthorn, que a pesar de ser más grande y majestuoso en apariencia que el propio protagonista, no tiene tanta fortaleza de espíritu y Joey demostrará su calidad, iba a decir humana, cuidando de su amigo y exponiéndose a todo lo malo con tal de salvarle a él.

La mayoría de los caballos utilizados en el filme rodado íntegramente en Inglaterra procedían de aquel país y del nuestro, excepto en el caso de Tophorn que fue llevado desde Hungría. Hasta catorce caballos tuvieron que ser utilizados para interpretar a Joey en las diferentes etapas de su historia de final feliz y lo cierto es que el resultado logrado con el precioso equino será un verdadero deleite para los amantes de estos animales fieles y trabajadores hasta la muerte. Literalmente. No ocurre lo mismo en el capítulo referente a la interpretación humana. Ni siquiera en el papel protagonista, porque Jeremy Irvine resulta bastante menos convincente que su compañero caballo. Spielberg ha optado por un reparto internacional formado por actores de Inglaterra, Francia y Alemania, muchos de los cuales interpretan su propia nacionalidad y entre ellos destacan Emily Watson, David Thewlis, Peter Mullan, Niels Arestrup, Tom Hiddleston y Patrick Kennedy.

Warhorse es, en todo caso, un producto de calidad, en el que prima especialmente la belleza plástica y son las historias paralelas a la principal las que más interés despiertan, con escenas que consiguen elevar el tono de una película con el indudable sello de la casa Spielberg.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es