19 de octubre de 2019, 22:12:20
Cultura

Crítica de arte


[i]Hans Haacke. Castillos en el aire[/i]


La concepción del arte que tiene Hans Haacke (Colonia, 1936) resulta particularmente interesante por el trasfondo que subyace de sus creaciones, que irradian un mensaje crítico con lo establecido e invitan a preguntarse sobre si todavía existen límites en las relaciones individuales, políticas o económicas. Una exposición en el Museo Reina Sofía reúne cuarenta obras de este artista, quien ha creado para esta muestra el proyecto “Castillos en el aire”, fruto de una visita al Ensanche de Vallecas en 2011, en el que encontró un paraje desolador fruto de la burbuja inmobiliaria en el que, para más inri, las calles fueron bautizadas con nombres como arte conceptual, arte minimal, arte pop o Eduardo Chillida.


El Museo Reina Sofía muestra hasta el 23 de julio cuarenta obras de Hans Haacke (Colonia, 1936) en una exposición en la que Manuel Borja-Villel, director de esta institución, figura como comisario y que ha sido considerada como la más completa del artista organizada hasta ahora.

Vista de la instalación Castillos en el aire, 2012, de Hans Haacke.


La idea que tiene Haacke del arte invita a pensar en que se trata de un creador preocupado por su entorno, por lo que observa y lo que acontece día a día en el ámbito cotidiano, pero también en las relaciones que se han establecido y se establecen en la política o en la economía, en la que la fiebre consumista ha adoptado un papel trascendental en los últimos tiempos. Despeja de dudas el hecho de que haya sido considerado uno de los principales representantes de la llamada crítica institucional, la que le ha llevado a distanciarse de lo establecido y a tratar de mitigar en la medida de lo posible el impacto nocivo de la globalización y de las relaciones entre el arte y el poder.

Para esta muestra, el artista ha creado un proyecto nuevo titulado Castillos en el aire fruto de su visita al Ensanche de Vallecas en 2011. Cabe preguntarse qué pudo sorprender a alguien tan experimentado como Haacke aquel recorrido por la periferia de Madrid. El visitante encuentra la respuesta a esta cuestión al comienzo de la exposición gracias a una proyección de 35 metros de largo que muestra imágenes de casas sin terminar de construir y calles fantasmales que no hacen sino reflejar las consecuencias de un boom inmobiliario hoy condenado a un abandono, por ahora, irrecuperable.

Filtración, 1992, sofá de 76 x 183 x 86 cm, y cojín bordado, de Hans Haacke.


Pero aquella estampa desoladora no sólo debió impactara Haacke por la pérdida de recursos materiales, sino también por el hecho de que las calles fueron bautizadas con nombres como arte expresionista, abstracto, conceptual, minimal, figurativo o pop, además, de Eduardo Chillida. A buen seguro debió hacerse la misma pregunta que se hace el visitante ante lo que observa: ¿acaso merece Chillida y estas corrientes artísticas dar nombre a semejante paraje?

Así pues, mediante la proyección de esas imágenes, además de unas fotografías sobre lo que encontró Haacke en aquella zona y un mapa explicativo que indica lo que ha sido construido, lo que está aún parado y lo que ni siquiera ha sido todavía ejecutado, consigue que el visitante comience a preguntarse en pocos segundos por los excesos de una sociedad no exenta de ambición. Cabe, incluso, la posibilidad de encontrar una sutil semejanza entre las desoladoras instantáneas captadas en Madrid con ciudades abandonadas como Chernóbil o con otras bombardeas durante las guerras acaecidas en el siglo XX.

Noticias, 1969/72/2012, de Hans Haacke.


En otro espacio de la muestra han sido instaladas obras firmadas por otros autores junto a las instantáneas que muestran las placas de las calles que lucen los edificios abandonados de esta zona de Madrid. Así, a la calle Eduardo Chillida le acompaña la obra Topos I de acero del escultor vasco; a la calle Arte Pop, Cuchillos, de Andy Warhol; a la calle hiperrealista, Cabinas telefónicas, de Richard Estes; o a la calle arte expresionista, Verano en Nidden, de Max Pechstein. De nuevo surge la misma cuestión: ¿es posible asumir que corrientes como estas y nombres tan reconocidos como el de Chillida den nombre a calles fantasmales relegadas al olvido?.

País de Helmsboro, 1990, de Hans Haacke.


Además de Castillos en el aire, el Reina Sofía muestra algunas de las obras más significativas de la trayectoria del artista nacido en Colonia. Entre las que más llaman la atención de los visitantes figuran Filtración, un sofá deshecho en el que descansa un cojín bordado, y Noticias, que consiste en una impresora colocada sobre una mesa metálica programada para imprimir un mismo texto interrumpidamente; el resultado es una divertida montaña de papel que evidencia de nuevo la idea de una sociedad marcada por los excesos, de los que no se salva la información.

País de Helmsboro es, sin duda, uno de sus trabajos más atractivos. Se trata de una cajetilla de tabaco de grandes dimensiones de la que salen agolpándose los cigarrillos. Creado a partir de serigrafías y fotos sobre madera, cartón y papel, incluye detalles francamente irónicos por parte del artista que el visitante entenderá si lee con atención la cartela que acompaña a esta obra.

La hierba crece, 1969/2011, de Hans Haacke.


Otra interesante, y que también acapara mucha atención, es La hierba crece, un cúmulo de tierra del que crece hierba y que, según explica el museo en una nota, “funciona como un contrapunto orgánico a los flujos económicos, sociales y políticos en los que se centra la obra de Haacke”. Le acompaña una fotografía tomada en los años 70 en la playa de Carboneras, en Almería, que consiste en la acumulación de basura en una estructura triangular similar que recuerda, y mucho, a la de La hierba crece en una muestra más del interés de haber planteado esta exposición como un envite a replantearse las consecuencias del modo en el que nos comportamos entre nosotros y con el entorno.

Conviene resaltar la presencia de una serie de fotografías expuestas tomadas por Haacke entre 1959 y 1982 pertenecientes a su colección particular y que se exponen ahora por primera vez. Una buena ocasión, por tanto, para adentrarse en el inconformista universo de este artista.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini. Tercera planta.

Fechas: del 15 de febrero hasta el 23 de julio.

Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 21:00 horas / domingo: de 10:00 a 14:30 horas / martes: cerrado (incluidos festivos)

Precio entrada: 3 euros.


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