23 de enero de 2020, 16:20:25
Opinion


Hugo Chávez: el parte médico habitual



La salud sigue jugándole una mala pasada al presidente venezolano Hugo Chávez. Pese a que lleva meses intentando de convencer a la comunidad interamericana de que el “cáncer había desaparecido de su cuerpo”, este martes el mandatario reconoció vía telefónica, que una nueva “lesión”, potencialmente maligna, ha reaparecido en su zona pélvica por lo que tendrá que volver a ingresar al quirófano en los próximos días.

Tras días de intensos rumores sobre un deterioro del estado del caudillo suramericano, que sus vasallos gubernamentales intentaron fallidamente desmentir, para terminar haciendo el ridículo, se confirma que Chávez sigue enfermo y que el cáncer continúa en su cuerpo. Todo ello a menos de ocho meses de las elecciones generales del 7 de octubre.

Digamos que el teatro propagandístico- mediático de Miraflores terminó por desmontarse y no hay coctel de esteroides que puedan disfrazar los estragos de una dura enfermedad que exige reposo y tratamiento médico minucioso. Dos cosas a las que Chávez ha hecho caso omiso por la sencilla razón de que no está dispuesto a ceder el poder que ha acaparado y que tanto codicia, aún cuando la Constitución venezolana contempla medidas para situaciones de este tipo.

La falta de transparencia que ha acompañado las informaciones sobre el estado de salud del teniente coronel retirado, que aspira en el último trimestre del año, repetir un tercer y largo mandato de seis años, siembran más sospechas e incluso pistas, sobre el agravamiento de la enfermedad del paciente presidencial.

Ahora el chavismo se encuentra ante dos dilemas que ponen a temblar las bases del Partido Socialista Unido de Venezuela que en todos estos años ha operado exclusivamente en función de su presidente: 1) abordar el debate sobre la sucesión del “Líder Supremo”, y 2) analizar si Chávez se encuentra en condiciones de ir a las elecciones de octubre.

Estos dos puntos, sobre todo el segundo han de ser observados por el oficialismo bajo la lupa del criterio, atendiendo más los intereses nacionales que personales, sobre todo porque el mandatario deberá implicarse a fondo en una dura campaña electoral que podría sobrepasar sus capacidades físicas, por más esteroides que le pongan y diálisis que le hagan.
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