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MEJOR PELÍCULA, ACTOR Y ACTRIZ, ENTRE OTROS

La teoría del todo, la historia de amor de Hawking y un Oscar para Redmayne

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
La teoría del todo , la historia de amor de Hawking y un Oscar para Redmayne
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Dura, pero sobre todo tierna y emotiva. Uno de los mejores biopics de los últimos años.
La de Stephen Hawking es una gran vida, no hay duda. El genio de la física afectado de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) se ha convertido en un elemento indisociable de la cultura popular occidental desde mediados de los ochenta y su figura es la mejor embajadora de la conexión de la ciencia con el gran público. Sin embargo, una gran vida garantiza apenas la base para un gran biopic. A partir de aquí, la maquinaria del cine tiene más que hacer que el propio retratado y, en este caso, el trabajo del cineasta James Marsh es absolutamente impecable haciendo de La teoría del todo uno de los mejores biopics de los últimos años y una de las películas de la temporada.

La teoría del todo muestra la vida de Stephen Hawking entre 1963, cuando a los 21 años empieza su doctorado en Cambridge, y finales de los noventa, cuando su Breve historia del tiempo se convierte en un best seller. Sin embargo, el acierto de Marsh reside en traer al primer plano lo que ocurre en casa de los Hawkings entre esos dos hitos profesionales, una mirada de puertas hacia adentro: la relación con su primera mujer, Jane Wilde, desde que se enamoran en la Universidad hasta que se separan, casi tres décadas marcadas por la lucha contra una enfermedad que apenas daba dos años a la recién estrenada pareja para disfrutarse.

La apuesta de Marsh es la del contraste, la de enfrentar a uno de los grandes hombres de la ciencia del siglo XX con los mecanismos menos racionales del ser humano: el amor, la fe, la esperanza, la lucha contra el tiempo. La película se basa en las memorias de la propia Wilde, Travelling to Infinity. My Life with Stephen, publicadas en 2008; y aunque en ella hay espacio, claro, para explicar con apasionamiento y vocación didáctica las teorías de Hawking y soltar un buen puñado de frases memorables en torno a la ciencia, el foco está puesto sobre una de las historias de amor más sinceras que se ha llevado nunca al cine. Y sincera no quiere decir siempre hermosa ni romántica.

El hecho de haber contado con el beneplácito de Wilde para trasladar su texto a la gran pantalla hace que algunos pasajes -sobre todo los relativos al triángulo amoroso entre el matrimonio Hawking y el profesor de música que se les ofrece como ayudante- no sean todo lo claras que probablemente Marsh hubiera deseado. Sin embargo, ni siquiera en estos momentos la cinta pierde garra y deja abierta una puerta a la interpretación del público. Un “y hasta aquí puedo leer” del director que, sin embargo, sabe a mucho más.

En el tono, La teoría del todo es una película dura a ratos, pero sobre todo tierna y emotiva, que convence sobre todo por las soberbias actuaciones de Eddie Redmayne y Felicity Jones.

Dice el director de la cinta que Hawking celebró haberse visto a sí mismo en la gran pantalla, reflejado en el ahora nominado al Oscar Eddie Redmayne. No es de extrañar, porque el trabajo del actor británico es espectacular. Primero, contenido, para dibujar a Hawking que aún no mostraba síntomas de ELA pero sí tenía una gestualidad característica, propia de una persona con pocas habilidades sociales, torpe, un poco tímido. Redmayne lo clava y asombra su capacidad para reproducir física y anímicamente la degeneración del cuerpo del protagonista, gradual y dolorosa. El actor transmite con miradas y el público llega a comprender más allá de lo que los diálogos dictan en voz alta. Probablemente el Hawking de Redmayne quedará en el ADN de la historia del cine.

Aunque era inevitable que su compañero de reparto la eclipsara de alguna manera, Felicity Jones hace un trabajo excepcional, y así se lo ha reconocido la Academia de Hollywood al nominarla como mejor actriz en los premios Oscar. Jane está en realidad tan encerrada como la prodigiosa mente de Hawking. Primero, por una situación que la consume, que la ha apartado de sus propios sueños (como, en contextos muchos más convencionales, a una gran mayoría de mujeres de la época). Segundo, por su propia naturaleza fuerte, fiel, luchadora, responsable. De hecho, en algunos momentos ella se echa la pantalla a cuestas y nos recuerda que La Teoría del todo no es una película sobre Hawking, sino sobre ese primer matrimonio Hawking que, en parte y según la película, es indisociable de lo que es a día de hoy el popular físico.

En lo formal, la narración abraza lo clásico, salpicada de sugerentes planos con constantes referencias visuales a los agujeros negros y al universo. Además, Marsh recurre a la imitación del rodaje doméstico en más de una ocasión para firmar varias secuencias de transición muy emotivas, estampas familiares de la vida de Hawking. Un recurso nada original, pero muy efectivo para hacer avanzar la historia sin perder el ritmo y apelar a lo emocional. Especialmente reseñable es también la banda sonora, que ayuda dejarse llevar de forma suave y delicada por la emotividad que requiere la cinta para disfrutarse.

La realidad, como materia prima de historias, necesita pasar unos procesos y muchos interrogantes antes de exponerse en una sala de cine. Partiendo de una base con carácter suficiente, Marsh ha logrado exprimir al máximo el componente cinematográfico a base de distanciarse de la figura pública y poner el foco en la persona y sus circunstancias. Con unas actuaciones memorables y un pulso milimétrico, La Teoría del todo se hará sin duda un hueco entre los imprescindibles de este año.