Opinión

GARCÍA MARGALLO, CASTIELLA, MARTÍN FERRAND, GIBRALTAR

Luis María ANSON | Viernes 24 de febrero de 2012
Manuel Martín Ferrand ha acertado plenamente en su artículo de hoy sobre Gibraltar. Si Londres, porque así lo aprobó el Parlamento británico, no hará nada que violente los deseos de los gibraltareños, no se puede seguir alimentando la prosperidad de Gibraltar. Por el contrario, habrá que hacer la vida de sus habitantes lo más incómoda posible. El desatino de Moratinos alejó a España de la recuperación de la colonia.
Fue Fernando María Castiella el que se dio cuenta del fondo de la cuestión y tomó en su día una serie de medidas que enrarecieron la vida de los gibraltareños. Como ha escrito Martín Ferrand, Margallo tendrá un mayor acierto cuanto más se aproxime a los supuestos de Castiella en los años sesenta. “El Peñón -ha escrito el gran periodista- es, dicho sea de frente y por derecho, una cueva de contrabandistas y un refugio de operadores financieros y fiduciarios instalados en el límite de la Ley. No son estos tiempos para, como se planteó en el siglo XIX, “rendir por el hambre” a los inquilinos de Gibraltar; pero sí de, en el estricto cumplimiento de lo acordado en Utrecht, dificultar el negocio del contrabando y anular una sede fiscal indeseable. Solo desde una posición de arrogante superioridad será posible el diálogo civilizado e igualitario entre las dos únicas partes del problema, España y el Reino Unido”.

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