Izabela Barlinska | Viernes 11 de abril de 2008
Hace 40 años estallaron en varias ciudades de Polonia masivas protestas estudiantiles contra la censura y la falta de libertad y de democracia. Las protestas se vieron inspiradas por la Primavera de Praga y la liberalización llevada a cabo en Checoslovaquia por el líder comunista Dubcek, y constituyeron el prefacio de los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia. Se produjeron enfrentamientos entre la policía, los estudiantes y los intelectuales que les respaldaron, a quienes las autoridades acusaron de ser sionistas y traidores al servicio de intereses extranjeros.
El Partido Comunista polaco de entonces estaba dividido en dos corrientes que luchaban por el poder: una encabezada por el secretario general Wladyslaw Gomulka, que contaba con aprobación de la URSS, y otra de los partidarios de un comunismo más nacionalista. Estos últimos calcularon que, deshaciéndose de los judíos en el partido, en su mayoría seguidores de Gomulka, podrían hacerse con el poder, consiguiendo, a la vez, la simpatía de una gran parte de la sociedad polaca que compartía su antipatía por los judíos.
Con ese fin iniciaron una brutal campaña contra “los sionistas”, encaminada a destituir de sus cargos a los judíos, dándoles la opción de la renuncia a la ciudadanía polaca y la emigración. En total, escogieron la salida de Polonia unos 15.000 judíos, la inmensa mayoría de ellos gentes profesionales, y muchos intelectuales. Tras esta purga, Polonia quedó marcada por una fuerte etiqueta antisemita, y el régimen comunista nunca acabó de reconocer oficialmente los hechos.
El actual presidente polaco, Lech Kaczynski, que encabezó las ceremonias de conmemoración de este triste aniversario, ha prometido devolver la ciudadanía polaca a los judíos que fueron despojados de ella al salir forzados del país. Una medida que quizás ayudará a cicatrizar la herida dejada por el éxodo forzoso de 1968.
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