Andrea Donofrio | Viernes 11 de abril de 2008
A falta de pocos días para el voto, un dato sigue sorprendiendo a los analistas políticos: el elevado número de indecisos, que se estima alrededor del 30%. En realidad, en un país estancado económicamente, administrados por gobiernos inestables y desanimado moralmente, no hay que sorprenderse mucho. Las causas de la insatisfacción ciudadana y del sentimiento antipolítico tienen raíces profundas: el desencanto y la sensación de impotencia determinan una apatía que lleva a los electores al borde del abstencionismo. La campaña electoral constituye una premisa poca esperanzadora. Los líderes de los partidos políticos se han enfrentado evitando el combate, limitándose a polémicas indirectas y estériles.
Las últimas encuestas otorgan a Berlusconi una ventaja de 6-7%, pero al mismo tiempo invitan a la cautela teniendo en cuenta el sistema electoral italiano, tan malo como impredecible. A pesar del bicameralismo perfecto, el diferente mecanismo de elección de las dos cámaras provoca una situación confusa: en la Cámara de los diputados, donde el premio de mayoría es otorgado automáticamente al más votado (un solo voto más equivaldría al 54% de los escaños), la ventaja de Berlusconi no parece en peligro; al contrario en el Senado, donde el premio de mayoría se calcula con base de proporcionalidad regional, cualquier vaticinio parece arriesgado. Según los sondeos, la coalición de Berlusconi conquistaría la mayoría relativa, consiguiendo el 44-46%, mientras el Partido Democrático de Veltroni obtendría alrededor del 38-40%. Por lo tanto la mayoría al Senado no resulta incuestionable: el riesgo de una situación parecida a la del 2006 parece real, de un escenario ingobernable que minaría al nacer la estabilidad del 28 gobierno en 30 años.
Sin embargo, además del potencial abstencionismo, hay otra incógnita que complica cualquier previsión sobre el resultado electoral: el elevado porcentaje de indecisos, cada vez mayor y mayormente confusos, tanto que se habla de PdI, Partido de los Indecisos. El electorado italiano se presenta muy dividido: un Norte predominado por el voto a la derecha conservadora, un Centro mayoritariamente de izquierda progresista y un Sur particularmente incierto y móvil. La volatilidad del voto al Sur podría resultar decisiva como ya lo fue en el 2006: como escribió “Il Sole 24 Ore”, la paradoja de estas elecciones podría ser que el electorado del Sur conceda la victoria a Berlusconi y a la Lega, el partido defensor de los intereses del Norte y caracterizado por una dialéctica poco conciliadora con Sur, muchas veces provocadora o racista.
La movilización-persuasión de los indecisos es tarea de los últimos días de campaña: principalmente preocupado se muestra Veltroni porque sabe que la mayoría son electores de centro-izquierda insatisfechos por la gestión del gobierno Prodi. Su estrategia del “partido único”, útil para corregir el bipolarismo trastornado del últimos años, no parece suficiente para el “sorpasso”; por ello, el ex alcalde de Roma está subiendo el tono y la intensidad de sus ataques, motivando el electorado contra Berlusconi, aprovechando los errores del mismo (como sus frases en contra del ex Presidente de la República Ciampi, en contra de la Magistratura advirtiendo de la propuesta de instituir un “examen de salud mental”, o justificando la evasión fiscal o desmintiendo la candidatura de show-girls en su lista en cuanto “no aptas a la política pero si para otra cosa”) y las criticas de gran parte de la prensa internacional. La estrategia de Berlusconi parece la misma de siempre: su estilo polémico y sus proclamas desprovistas de realismo desembocan en un particular sentido del humor, frecuentemente de mal gusto tratando temáticas serias y de interés nacional (desempleo, precariedad, desencanto de los jóvenes, sentimiento antinacionalista).
Los indecisos terminan decidiendo sobre una base emocional más que racional y pesará la ausencia del cara a cara (no aceptado por Berlusconi) principal instrumento de convicción. Por lo tanto, difícil que se asista a una movilización de votos. Difícil que Berlusconi no gane, aunque parece que lo haya intentado. Difícil que en Italia cambie algo.
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