Sábado 25 de febrero de 2012
Ayer daba comienzo en Túnez la reunión internacional que, bajo el nombre de “Amigos de Siria”, pretende poner fin al clima de enfrentamiento civil que vive el país. Desde que la población se echó a la calle reclamando reformas democráticas, se estima que han perdido la vida entre 6.000 y 8.000 personas, dato éste tan abrumador como difícil de contrastar, habida cuenta del cerrojazo informativo impuesto desde Damasco. La lista de atrocidades cometidas por Bashir al Assad va en aumento cada día, sin que nada ni nadie parezca capaz de detenerle.
No obstante, esta conferencia abre un atisbo a la esperanza, por cuanto la postura de Rusia parece estar flexibilizándose en cierta medida, si bien su apoyo al régimen sirio aún permanece inalterado. Tampoco deben ponerse muchas ilusiones en los progresos que pueda hacer el enviado especial a la zona por Naciones Unidas, Kofi Annan. Únicamente Rusia tiene hoy el poder para revertir la situación en Siria. Sin su apoyo, hace ya tiempo que Basir al Assad habría caído. Pero Moscú es consciente de que la tragedia humanitaria que se está produciendo en las ciudades sirias, y tampoco le interesa que la opinión pública internacional siga viéndole como lo que hasta la fecha es: cooperador necesario de un genocida. Incluso Turquía y la Liga Arabe se posicionan ya abiertamente en contra de al Assad. ¿Cuántos miles de inocentes más tienen que perder la vida para que Rusia ponga fin a esta tragedia?