Opinión

Perdón (una vez más) a las deudas de las corporaciones locales

José Eugenio Soriano García | Domingo 26 de febrero de 2012
“ ¿Y por qué os afanáis por el vestido? considerad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan; pero os digo, que ni aun salomón, en medio de todo su esplendor, se vistió como uno solo de ellos. pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa en el horno, dios la viste así, ¿no lo hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? no os afanéis, pues, diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos? porque todas estas cosas las buscan con afán los gentiles; pues vuestro padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. mas buscad primeramente el reino de dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Mateo 6:28-33

Así dice la Biblia y a fe que puede incluirse este párrafo en la Exposición de Motivos de la Ley de Régimen Local.

Ser Entidad Local en España es una bicoca. Ser Alcalde de pueblo, una maravilla. Te dedicas a hacer por tus vecinos, especialmente desde luego por los que te van a votar a los que conoces bien, toda clase de dádivas y prebendas; colocas en el Ayuntamiento a familiares y amigos en no pocas ocasiones y haces por tu pueblo lo que éste nunca soñó que podía llegar a tener, desde un polideportivo, residencias de ancianos, pisos para jóvenes, en fin, toda clase de festejos, desde las Fiestas del pueblo hasta la de Fin de Año; todo, todo, acaba teniendo color municipal y por tanto, presupuesto municipal. La “vida local” hoy es una vida administrativa, no social, todo depende del Ayuntamiento, desde los puestos de trabajo hasta cualquier servicio o bienes, desde la vivienda hasta el ocio, la caza, la pesca, el entretenimiento, en fin, hasta lo más superfluo y propio de cada individuo y de la sociedad civil.

Y no solo los Alcaldes, que también hay muchos empleados municipales que, subordinadamente, logran estas prebendas y tienen también su esfera
de poder en su pueblo.

Esa situación en la que los vecinos son siempre dependientes, esto es, que dependen del Ayuntamiento para todo, equivale a una carga presupuestaria inmensa, creciente e ilimitada. El alegre Alcalde, omnipotente en su aldea, decide sobre la vida de vecinos y allegados. Y para ello, nada mejor que realizar toda clase de obras y ofrecer servicios en, pongamos, Matarabitos de Abajo, como si se tratase de New York.

Como además la contrapartida consiste en no cargar a los vecinos con impuestos ni ningún otro tributo, puesto que se trata de vivir en el “gratis total”, en el “rancho para todos”, el Ayuntamiento hace dos cosas: se endeuda primero y cuando ya no le dan crédito, pues no paga. Exactamente la misma técnica que los Reyes, quienes tanto los Austrias en el siglo XVI como todo el siglo XIX con los “Vales Reales”, el hundimiento constante de la Hacienda era la nota común. Con lo cual, se arruinaban a cantidades ingentes de emprendedores y se transmitía a la sociedad que no era necesario para nada esforzarse y trabajar, sino que el Poder Público proveerá, como en la Biblia, mediante esa economía “maná”, esto es, que caen los panes del cielo y no hay que preocuparse.

Los Ayuntamientos, al final, están en quiebra. Quiebra periódica, porque lo que ha ocurrido es que sistemáticamente cada cierto tiempo, viene papá Estado a resolver sus problemas, perdonando las deudas y poniéndoles otra vez a cero el contador presupuestario.

Eso mismo acaba de ocurrir con el Real Decreto-ley 4/2012, de 24 de febrero, por el que se determinan obligaciones de información y procedimientos necesarios para establecer un mecanismo de financiación para el pago a los proveedores de las entidades locales.

Otra vez más. Los Ayuntamientos han vuelto a ver sus deudas condonadas. Y no solo eso, sino que para lograr la aceptación por los proveedores, se les “invita” a rebajar sus deudas, esto es, a hacer una “quita” lo cual les dará preferencia para cobrar. Se impone pues lo siguiente: primero los Ayuntamientos de endeudan como les viene en gana sin límite alguno prácticamente (pese a las normas legales de contención de tales deudas).

Luego, no pagan a los proveedores, a los que arruinan, al mismo tiempo que se quedan sin suministradores: nadie en su sano juicio les provee.
Ante esta situación, acuden al Estado. Éste les vuelve a regalar el crédito. Dice que les pide a cambio un “plan”, y dice que impone “ciertos límites”.

¡Otra vez lo mismo! Desde el Presidente Suárez a nuestros días, siempre la misma historia: endeudamiento, quiebra, sanación estatal. El cuento de nunca acabar.

Luego dirán que por qué los mercados financieros no se fían de nosotros. Pero es que España, sus Autonomías y Entes Locales no son de fiar y tienden como manirrotos al gasto sin límite.

Gastar lo que se pueda. Esa es la consigna. ¡¡ Gástese lo que se deba y débase lo que se gaste!!

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