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Boletín Económico del Banco de España, en el segundo mes de este año, es un poco ilusorio. España empezó a decrecer en el último trimestre del año pasado, y los datos que ya tiene el órgano regulador del mercado financiero indican lo que, por otro lado, ya sabíamos: que la recesión está ya aquí.
En concreto, el BdE dice que “los indicadores coyunturales referidos al inicio de 2012 son todavía escasos, pero apuntan, en general, a la prolongación de la dinámica contractiva de la actividad”, y se fija en la confianza de los consumidores, las matriculaciones de vehículos particulares y la inversión en bienes de equipo.
Pero más interesante es la valoración que hace de la última reforma laboral del Gobierno. En una pieza separada, dentro de un repaso a la evolución del mercado laboral en el último año. Primero repasa los cambios introducidos por el Gobierno. Y luego los valora, con un juicio que se resume en estas palabras: “En conjunto, la reforma aprobada por el Gobierno incluye modificaciones de amplio alcance que mejoran aspectos clave del funcionamiento del mercado laboral en España”.
¿Por qué le parecen positivos? Sobre todo porque “los cambios introducidos deberán facilitar el ajuste de las condiciones laborales de los trabajadores a la situación económica de cada empresa, favoreciendo una reasignación más eficiente de los recursos, con un ajuste más equilibrado entre salarios y empleo, a diferencia de lo ocurrido al principio de la crisis con la legislación vigente”.
Es decir, que ahora para las empresas les es más fácil ajustarse a los cambios en la situación reasignando el puesto de los trabajadores y, sobre todo, rebajando los sueldos o conteniéndolos, en lugar de tener que recurrir, como era el modelo castizo español, despidiendo a los trabajadores.
Ahora bien, “si no se aprovechan con intensidad las medidas de flexibilidad interna aprobadas para adaptar las condiciones laborales a las necesidades específicas de cada empresa, se podría producir todavía alguna reducción adicional del nivel de empleo”. Es decir, si las empresas no utilizan todos los huecos que le ofrece la reforma y siguen con las prácticas habituales, seguiremos en la misma situación.
Todo ello, señala, “en el horizonte más inmediato”. Porque lo que facilitará a largo plazo es que “los efectos globales de la reforma favorecerán la creación de empleo”. El razonamiento es que la rebaja de los costes salariales a la productividad, ahora menor, permite funcionar a la empresa sin realizar despidos. Y que cuando esa productividad se recupere, las empresas podrán contratar sin asumir tantos costes y tantos riesgos como antes.
De hecho, la economía española necesitaba crecer al
2 o al 2,5 por ciento para empezar a generar empleo. Los nuevos cálculos, todavía muy inciertos, apuntan a que con la nueva reforma laboral España podrá crear empleo con un crecimiento del entorno del punto porcentual. ¿Cuándo creceremos al uno por ciento? No este año. No el año que viene, en el que no está claro ni que vayamos a crecer. Pero probablemente sí en 2014.