Jueves 01 de marzo de 2012
En México se respira un aire de zozobra: ¿quién ganará las elecciones presidenciales de julio próximo? ¿Qué partido político tendrá mayoría en el futuro congreso federal? ¿Qué pasará con la delincuencia organizada? ¿La violencia disminuirá en el norte o se extenderá por todo el territorio mexicano?
Si bien la democracia por naturaleza debe ser incertidumbre en el resultado, no lo debe ser en el procedimiento. En México, la confusión en materia electoral es tan grande, que los legisladores que hicieron la ley de la materia no la entienden y acuden y reclaman al organizador de las elecciones (Instituto Federal Electoral) que les aclare el contenido de la ley. Dentro de la confusión, hay por lo menos algo claro: que muchos legisladores mexicanos no saben Derecho, no tienen sentido común y no saben de técnica legislativa.
Así las cosas, los próximos meses los ciudadanos mexicanos vivirán un auténtico bombardeo propagandístico. En vez de extender el panorama de cultura y educación, en México la gente oirá y verá durante las siguientes 18 semanas propuestas populistas, demagógicas y unas cuantas inteligentes para votar por los mejores o quizá por los menos malos. Por otra parte, nada muy distinto de lo que ocurre en tantas democracias.
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