La campaña electoral italiana se cerró ayer como estaba previsto: con las arengas al
“cambio”, a
“la unidad” y al
“voto útil de la izquierda”, incluida la más radical, de un Walter Veltroni, el ex alcalde de Roma y a sus 51 años líder de la nueva fuerza de centro-izquierda, el Partido Democrático (PD), que quiere ofrecer a los italianos una política diferente. Pero en el fondo, sigue siendo “más de lo mismo”, pues el “nuevo” PD es fruto de una de esas extrañas fusiones a la italiana, en este caso entre ex comunistas y católicos moderados.
En una céntrica Plaza del Pueblo de Roma, Veltroni buscó sobre todo el voto de ese tercio del electorado -nada menos que 16 millones de italianos- que aún no se han decidido entre el líder del nuevo centro-izquierda y el ya casi “eterno” Silvio Berlusconi, el líder del centro-derecha con más que serias posibilidades de regresar al poder por tercera vez.
Al contrario de otras elecciones, en las que más de 20 formaciones se aliaban bajo las dos grandes coaliciones -de centro-izquierda y centro-derecha- con un candidato a primer ministro, mañana van a las urnas 16 candidatos a la jefatura de gobierno y numerosas listas electorales.
Dos candidatos menores, el ex presidente de la cámara de Diputados, Fausto Bertinotti, líder histórico de Refundación Comunista, exponente de la izquierda más radical de comunistas y verdes, y Pier Ferdinando Casini, un democratacristiano moderado que rompió con Berlusconi, podrán desempeñar un papel clave, para bien o para mal, en la formación del próximo gobierno.
Puede ser que para contrarrestarlos, el magnate de las comunicaciones y líder del Partido de la Libertad (PdL) cerrara su campaña, sorprendentemente, el jueves. Según su partido, para adelantarse a Veltroni e “innovar”, según algunos medios de prensa italianos, por un excesivo cansancio a sus 71 años.
Aburrida campañaAntes del obligado "silencio mediático" del sábado, ambos líderes se enfrentaron durante una campaña, considerada como una de las más aburridas de los últimos años, con una opinión pública descreída de su clase política y angustiada por los problemas económicos que, por cierto, ninguno se atrevió a encarar.
El líder del PD, logró reducir en dos meses de campaña a menos de la mitad la ventaja de 15 puntos con la que partió Berlusconi. A este último, los sondeos de hace dos semanas -los últimos autorizados- seguían dándole la victoria incluso por siete puntos de diferencia.
El objetivo de ambos ha sido hacerse con ese “voto útil” que les permita obtener la mayoría más amplia posible en el Senado, pues es ahí donde se juega el futuro de Italia. "La campaña electoral se termina con el engorroso fantasma del empate, un resultado que no existe en política, una especie de anulación del partido", comentó en un editorial el diario La Stampa.
Walter VeltroniProbable batalla en el sondeoNinguno de los sondeos ha podido establecer el resultado en el Senado, donde se repetirá probablemente la batalla electoral del 2006 y el suspense permanecerá hasta que se contabilice la última papeleta. La Constitución italiana adjudica a las dos ramas del Parlamento el mismo poder y es necesario contar con la mayoría en ambas para poder formar gobierno.
La ley electoral, adoptada en diciembre de 2005 durante el gobierno de Silvio Berlusconi, es de proporcionalidad pura, lo que favorece la fragmentación del Parlamento y la inestabilidad de los gobiernos.
Ese complejo sistema electoral, que según expertos fue copiado de una propuesta hecha durante el régimen fascista, generó la paradójica situación de hace dos años: la coalición de centro-izquierda de Romano Prodi alcanzó una cómoda mayoría en la Cámara de los Diputados pese a sólo contar con 25.000 votos de ventaja y también obtuvo la victoria en el Senado, por dos escaños más, pese a que la coalición de derecha contabilizó más votos a nivel nacional.
Por eso ha sido tan importante que, por segunda vez en la historia de Italia, 12 diputados y 6 senadores del Parlamento italiano vayan a ser elegidos por los italianos que residen en el exterior, que son cerca de tres millones. Y de ahí que en esas votaciones, que se cerraron el jueves, ya haya acusaciones de fraude y compra de votos con la participación de la mafia, según el diario La Stampa.
Crisis de valoresAsí, con el espectro del fraude, el temor a un “empate” que no sacaría al país de su actual crisis institucional, descreída de la política y con un futuro económico sombrío es como va Italia a las urnas.
La elección de Milán como sede de la Exposición Universal de 2015 le dio un poco de optimismo y la ocasión de mostrar su dinamismo en un momento en que su imagen se ve muy dañada por asuntos como la crisis de la basura en Nápoles, la mozzarella contaminada con dioxina y la agonía de su compañía aérea, Alitalia.
En todo caso, tanto si gana Veltroni como si lo hace Berlusconi o si “empatan” y necesitan crear un improbable gobierno de coalición a la alemana, el nuevo ejecutivo tendrá que hacer frente a una coyuntura marcada por una brusca desaceleración del crecimiento a sólo 0,6% del PIB este año, tras un crecimiento de 1,5% el año pasado, según el ministerio de Economía. Además, a pesar de una situación de las cuentas públicas en mejora desde hace dos años, el futuro gobierno no dispondrá de márgenes de maniobra, ya que este año se pronostica un déficit público de 2,4% y una deuda de 103% del PIB. Por si no bastase, Italia aún posee asimismo el récord europeo de evasión fiscal.
Naturalmente, estas dificultades económicas alimentan un sentimiento difuso de pérdida de estatus y se suman a una desconfianza creciente de los italianos hacia las instituciones. De esta forma, en Italia, la sociedad y la clase política se parecen cada vez más "a una pareja separada que vive en la misma casa", como resumió el presidente del centro de estudios políticos Eurispes, Gian Maria Far.