Entre adoquines
Viernes 02 de marzo de 2012
El compositor Gioachino Rossini es probablemente uno de los personajes nacidos en un 29 de febrero más famosos de la historia. Por eso, Google no ha querido dejar pasar la ocasión de conmemorar, con uno de sus famosos “doodles”, el 220 aniversario de su nacimiento. Así, cuatro elegantes ranas llegaron ayer desde Mountain View para representar una escena de la ópera más conocida de Rossini, El barbero de Sevilla, en clara alusión al término anglosajón Leap Year – año bisiesto –, ya que leap hace referencia asimismo a la acción de brincar o saltar y no existe brinco más característico que el de la rana, venga o no ataviada con las vestimentas de Rosina, de Bartolo, de Fígaro o del mismísimo conde de Almaviva.
En todo caso, lo de conmemorar los años bisiestos es algo relativamente nuevo. Antes, más que celebrar que un año tenía 366 días lo que se acostumbraba a hacer era encomendarse a todos los santos conocidos y por conocer para que el “maldito” año terminara pronto y sin dejar atrás demasiados desastres. Refranes como “Año bisiesto, año siniestro” o “Año bisiesto, ni casa, ni viña, ni huerto, ni puerto” son una pequeña muestra de la pésima fama que siempre ha acompañado a estos particulares años a los que se atribuyen todo tipo de calamidades y malas rachas. Y si el año bisiesto es malo, aún peor es, claro, ese día concreto que aparece y desaparece puntual cada cuatro años. Pero aunque sean mayoría los meses de febrero que cuentan con 28 días, los que tienen 29 existen también y durante sus correspondientes 24 horas tienen lugar acontecimientos cuya trascendencia exige de la correspondiente celebración de su aniversario. Por ejemplo, los nacimientos.
En la actualidad, los nacidos en bisiesto han dejado atrás bromas y complejos. Desde hace algún tiempo vienen reivindicando su estatus de “cumplidores especiales” de años y hasta se dan cita en esta fecha que les pertenece más que a nadie, para reírse los últimos y, por lo tanto mejor, de todas aquellas oscuras leyendas que les atribuían poderes sobrenaturales por el hecho de haber venido al mundo en tan caprichosa fecha. Hoy ya nadie duda de que son tan normales o extravagantes como cualquiera venido al mundo en otra fecha, aunque todavía queden lugares como Escocia, donde eso de nacer un 29 de febrero se considere de muy mal augurio.
Curiosamente, no ocurre así en la vecina Irlanda, donde, por el contrario, el bebé bisiesto llega con un pan debajo del brazo en forma de billete de 100 libras que el Estado regala a cada “leaper”. En aquel país, además, la fecha es también especial para las mujeres. O, mejor dicho, lo fue hace mucho tiempo. Una antigua leyenda narra que en siglo V, santa Brígida comentó con preocupación al patrón de los irlandeses, san Patricio, que muchas mujeres se veían obligadas a esperar demasiado tiempo para casarse, porque los hombres de aquellas tierras eran tan tímidos que nunca acababan de formular la propuesta de matrimonio. Parece ser que san Patricio reflexionó profundamente sobre el curioso asunto que le había sido planteado hasta que acabó por decidir que el 29 de febrero sería, a partir de entonces, el día en el que las mujeres tendrían la posibilidad de pedirlo a sus novios. Un día cada cuatro años, entendió el santo que era más que suficiente para intentar atajar el problema de los novios indecisos sin molestar a la rígida sociedad irlandesa de la época. Lo que no sabemos es lo que les pareció a los tímidos novios.
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