Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 03 de marzo de 2012
Con el 85% del voto escrutado y una participación del 64,2 % de los iraníes con derecho a voto, el radical Jamenei –cuyos candidatos han ganado la mayoría de los escaños- ha derrotado al radical Ahmadineyad en las elecciones parlamentarias celebradas el viernes. No había moderados porque están excluidos del proceso electoral, arrestados en su domicilio o encarcelados. La oposición había llamado al boicot del proceso electoral y ahora el régimen tratará de presentar la participación de más de la mitad del censo como un éxito.
De los más de 48´2 millones de iraníes llamados a votar, la mayoría ha apoyado al candidato apoyado por el Líder Supremo, Alí Jamenei, que ha utilizado en su provecho la red de oficinas de la Guardia Revolucionaria, vigilante del proceso electoral y auténtico Estado dentro del Estado. El Primer Ministro Mahmud Ahmadineyad contaba con el Ministerio del Interior pero ha sido insuficiente para evitar la derrota en la lucha interna que se libra en el seno de la Revolución Islámica por el poder político y económico.
Así, el verdadero problema es que en estas elecciones no había moderados ni liberales ni nada que pueda parecerse lejanamente a candidatos demócratas ni pacíficos. Ganase quien ganase saldrían perdiendo la paz, la seguridad y los derechos humanos en Irán. Así ha ocurrido. Ni Larijani ni Jamenei ni Ahmadineyad difieren en sus ideas respecto al control religioso de la sociedad, ni el programa nuclear ni la amenaza constante a sus vecinos en la región.
Ahora, el Primer Ministro necesitará recomponerse antes de las elecciones presidenciales y superar su imagen de revolucionario derrotado. En el mejor de los casos, Ahmadineyad tiene un año para recuperar el prestigio perdido antes de que Jamenei le dé el golpe de gracia en las presidenciales. Ahora bien, la semana que viene el Primer Ministro debe acudir al Parlamento y podría sufrir una moción de censura que lo apartase del poder en medio de acusaciones de corrupción. Nadie sabe si Ahmadineyad podrá ganar al pulso. De todos modos, lo logre o no, lo que vendrá no promete ser mejor que lo que hay: continuará la amenaza nuclear sobre Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y los demás vecinos de la región así como el riesgo de una escalada bélica de consecuencias incalculables para todo el planeta.
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