césar antonio molina
Sábado 12 de abril de 2008
Un "hombre de cultura", como él se autodefine, que tendrá que lidiar con un controvertido canon digital, la difusión del español en el mundo, el reto de la digitalización de la bibliotecas, la creación de una conciencia cultural europea y sentar las bases para una mayor exportación de la cultura española, la mejor y más eficiente representación del nombre de España en el mundo.
El presente 2008 se presenta como un buen termómetro para calibrar la gestión de Molina al frente de una cartera con un potencial altísimo, cuya dirección puede reportar réditos importantes, tanto en la cohesión nacional, como elemento generador de economía. El Año Europeo del Diálogo Intercultural o el Año Iberoamericano de los Museos son dos buenas oportunidades para ir más allá de la mera representación institucional para estrechar lazos fértiles de cooperación entre España y la comunidad internacional. Siguiendo el modelo del Año de España en China, que finalizó en febrero con buen sabor de boca entre los organizadores, César Antonio Molina debe reforzar la presencia española en los circuitos culturales internacionales.
De puertas adentro
Dentro de nuestras fronteras, es tarea del Ministerio de Cultura continuar la labor iniciada con el Plan de Modernización de Instituciones Culturales, que dio un nuevo brío a "baluartes" culturales como el Museo Reina Sofía o el la Biblioteca Nacional, que se encontraban "enquistadas", según sus propias palabras.
La Biblioteca Nacional, tras la destitución de Rosa Règas y con Milagros del Corral, de perfil más técnico, al frente, debe asumir el reto de digitalizar sus fondos. El Reina Sofía, con un director, Manuel Borja-Villel, elegido tras concurso internacional, debe convertirse en un museo internacional, con sinergias con los mayores museos del mundo, y aspirar a convertirse en la referencia museística del sur de Europa, siguiendo el ejemplo del MoMa de Nueva York. Con un Prado renovado con la ampliación de Rafael Moneo, la inauguración del CaixaForum y el Thyssen, la cuadratura del círculo artístico de la capital de España se convierte en un fenómeno del arte que debe saber ser aprovechado y bien promocionado.
La propiedad intelectual
Otro de los caballos de batalla para Molina tiene que ver con los derechos de autor, tras la polémica aprobación de un canon digital similar al que se aplica en muchos países europeos, pero que desde la Comisión Europea tratan de pulir. Los autores parecen satisfechos, pero no así el público español, que no recibe con agrado nuevos gravámenes, pero que está a la cabeza en las descargas consideradas ilegales. Nueva medidas orientadas a garantizar la transparencia del cobro, así como fórmula alternativas de una tasa que se aplica al conjunto de los consumidores, sin discriminar a quien hace copias ilegales de quien no.
Otros retos importantes serán la supervisión del patrimonio subacuático para evitar capítulos como el del Oddysey, cuyo proceso debe seguir Molina hasta el final, para recuperar el posible expolio que se haya llevado a cabo, e incentivar la producción cinematográfica hacia cuotas de negocio más rentables que las actuales.
Molina deberá entender la cultura como un bien trascendental que se traduce además en buenos términos de índole económica y social, una herramienta fundamental para la que se necesita una hábil y comprometida gestión.
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