Opinión

El PSM vota seguir perdiendo

Javier Zamora Bonilla | Martes 06 de marzo de 2012
El Partido Socialista de Madrid ha reelegido como secretario general a Tomás Gómez por una amplia mayoría de votos, que le han permitido constituir una ejecutiva según su sentido de la integración, que, a la luz de los acontecimientos, es más homogéneamente integral que el de Rubalcaba, a pesar de las críticas que Gómez hizo al nuevo secretario general del PSOE tras la constitución de la nueva ejecutiva federal. La contrincante Pilar Sánchez Acera apareció tarde en el panorama electoral del 12.º Congreso madrileño, después de que otros potenciales candidatos, con mayor presencia pública, rechazaran dar un paso al frente para encabezar la oposición rubalcabista a Gómez. Así, no pudo articular un discurso que se opusiese claramente al del secretario general madrileño.

Gómez se presentó hace unos años como la salvación del PSM tras el descalabro de Rafael Simancas por el tamayazo, aquella traición que impidió que el PSM alcanzase, aliado con Izquierda Unida, el Gobierno madrileño, pero que sirvió también para mostrar la selección inversa de los candidatos a diputados que hacía el partido, priorizando frente a los méritos intelectuales y profesionales otros valores que resultaron ser una mezcla de incompetencia supina y trapacería urbanística. Y, claro, los madrileños, que habían decidido sacar al PP del Gobierno, y vieron aireados esos “ejemplares” valores en una comisión de investigación televisada, tomaron nota de en manos de quién podían poner la gestión de los asuntos públicos si votaban al PSM, y decidieron dar una nueva mayoría absoluta al PP, a pesar de las más que turbias sospechas sobre la implicación de algunos intereses populares en el tamayazo.

Gómez era entonces el alcalde que se enorgullecía de ser el que tenía el mayor porcentaje de votos municipales en España, pero, si me permiten el símil futbolístico, al final ha resultado como esas estrellas que triunfan en equipos segundones y llegan al Madrid y fracasan. Gómez se hizo con el poder orgánico de la antigua y siempre conflictiva y dividida Federación Socialista Madrileña. Ganó méritos y más poder orgánico al empeñarse, frente a un ya decaído Zapatero, en celebrar primarias para ver quién encabezaba la lista a las últimas elecciones autonómicas madrileñas, cuando el entonces presidente del Gobierno decidió saltarse al PSM y poner a Trinidad Jiménez como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

La victoria frente a ésta en las primarias le sirvió también a Gómez para presentarse durante un tiempo como alternativa a un Zapatero que hacía aguas por todos los lados. Ni siquiera su derrota frente a Esperanza Aguirre le llevó a hacer una crítica seria del continuo descalabro electoral del socialismo madrileño desde los tiempos de Leguina y Barranco. Contrariamente, en vez de mirarse en el espejo de su fracaso, siguió pontificando sobre cómo deberían hacerse las cosas en el PSOE a nivel nacional. Y así, Gómez se atrevió a mantener el pulso con la dirección federal, heredada por Rubalcaba, quien había apoyado a Trinidad Jiménez. Su apoyo de última hora, aunque esperado, a Carme Chacón en el último Congreso federal lo interpretó todo el mundo más como una manera de vengarse de Rubalcaba que de su convicción en las virtudes chaconianas, pues nunca explicó de forma clara el sentido de su voto.

Gómez ni siquiera ha cambiado de forma sustancial el discurso por momentos escorádamente izquierdista de Simancas, aunque sí dejó en una nebulosa aspectos importantes como la defensa de la escuela pública. Sabe que la mayoría de los padres madrileños eligen llevar a sus hijos a la escuela privada concertada, y temiendo perder votos, prefiere lanzar un mensaje de crítica a Aguirre por la degradación de la enseñanza pública y la priorización de la enseñanza privada, pero sin que el PSM haga pedagogía social para que las clases medias madrileñas vuelvan a confiar en la escuela pública.

Pasan los meses y ni el PSOE ni el PSM inician el debate ideológico que requieren los malísimos resultados electorales. Quizá después de las elecciones andaluzas se abran espacios de reflexión y crítica, sobre todo si el PP consigue allí mayoría absoluta. En el caso concreto de Madrid, hace falta un análisis profundo y serio de la sociedad madrileña, de los intereses ciudadanos y de sus prioridades, porque de qué sirve insultar constantemente, aunque sea de forma indirecta, a esos ciudadanos que votan al PP en lugar de pensar por qué lo hacen y cómo se puede transformar el sentido de su voto. La elección de Tomás Gómez, salvo que modifique la que ha sido hasta ahora su dinámica política, no parece que se encamine hacia esta reflexión y, consecuentemente, su elección como secretario general es una apuesta por seguir perdiendo.

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