Alieto Guadagni | Martes 15 de enero de 2008
La Ronda Doha agoniza por la intransigencia de la Unión Europea en abrir sus mercados agrícolas, la negativa de los Estados Unidos en reducir subsidios y la nula vocación de apertura de Japón, Corea, Noruega y Suiza. Todos se esfuerzan en caracterizar al “otro” como responsable de este fracaso en cumplir las promesas de favorecer el crecimiento de los países que dependen de sus exportaciones agrícolas para abatir la pobreza. Los que nunca dejaron dudas sobre su posición fueron los franceses, quienes siempre dejaron en claro que no tenían ninguna vocación por abrir sus mercados.
La agricultura representa 2/3 de los beneficios de una liberalización de todos los bienes, a pesar que representa apenas el 4 por ciento del PBI mundial; esto es así porque las restricciones al comercio agrícola son superiores a las vigentes en las manufacturas. La equidad en las negociaciones exigía que la liberalización fuera mayor en el sector más protegido y subsidiado del comercio mundial procurando que se equipare al bajo nivel de protección que hoy existe en las manufacturas. La Ronda Doha fracasa así por la falta de voluntad política y por la carencia de un liderazgo de envergadura en lo que alguna vez se bautizó como la “Alianza Atlántica” entre Europa y los Estados Unidos.
Pero no todas son malas noticias, según The Economist, el índice de precios de alimentos está en el punto más alto desde su creación en 1845. Esto se debe a que la agro-inflación está sostenida por cambios de largo plazo en la dieta que acompaña la creciente riqueza de las economías emergentes. Además, los altos precios del petróleo están hoy alentando los biocombustibles. Se estima que su participación en el consumo mundial de los vehículos se multiplicará cinco veces, trepando del uno por ciento a más del 5 por ciento hacia el 2020. El aumento en la elaboración de biocombustibles, promovido por los altos precios del petróleo, tenderá a incrementar los precios del maíz, trigo, soja, canola, azúcar y aceite de palma.
Pero Chávez y Castro insisten en que los biocombustibles agravarían la pobreza mundial vía alza del precio de los alimentos; este argumento es un error. La pobreza mundial es hoy un fenómeno rural y lo seguirá siendo por muchos años a pesar de la creciente urbanización. Un futuro promisorio para el mundo en desarrollo, exige que no se trabe el progreso agrícola capaz de abatir la pobreza rural en América Latina, África y Asia. Toda nueva oportunidad para la producción agrícola tenderá a valorizar este progreso, creando nuevas posibilidades de empleos y mejores remuneraciones.
Según el Banco Mundial, el 75% de la población pobre del mundo que vive con menos de U$1 diario, habita en las zonas rurales. La tasa de pobreza rural es mayor que la tasa de pobreza en las áreas urbanas. En su mayoría, la población pobre continuara habitando las áreas rurales durante muchos años mas. La mayor parte de la población rural pobre depende de la agricultura como medio de ganarse la vida, ya que es una fuente de ingreso para casi el 90% de la población rural y es la fuente de trabajo de 1300 millones de pequeños agricultores y trabajadores rurales sin tierra. El crecimiento del PIB originado en la agricultura es dos veces más eficaz en beneficiar a la mitad mas pobre de la población que el crecimiento obtenido por sectores no agropecuarios.
Así como las naciones en desarrollo dependen de su agricultura, las que hoy controlan la oferta petrolera, tienen muy baja participación de gente que depende del campo. No olvidemos que el 5 por ciento de la población tiene nada menos que el 84 por ciento de las reservas de petróleo. La riqueza petrolera está en manos de multinacionales o de estados, muchos de los cuales son controlados por minorías feudales y donde la renta petrolera es apropiada corruptamente por los políticos en el poder. Es razonable que Chávez proteste contra los biocombustibles, ya que su interés es petróleo caro, aunque la cuenta la paguen millones de africanos, asiáticos y latinoamericanos. Pero carecería de sentido que su prédica fuera acompañada; las nuevas fuentes de energía pueden ser eficaces para diversificar geográficamente la oferta mundial, ya que quienes son eficientes productores de biocombustible no son los tradicionales productores petroleros.
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