Opinión

Los sindicatos y el 11-M

Lunes 12 de marzo de 2012
Ayer se cumplía el octavo aniversario del atentado más salvaje cometido en Madrid, donde el 11 de marzo de 2004 perdieron la vida 192 personas. Debía haber sido un día de unión y conmemoración, sin más objeto que el recuerdo de quienes fallecieron en aquel fatídico día y el apoyo a sus familiares. Sin embargo, las asociaciones de víctimas celebraron los actos de homenaje por separado, habida cuenta de las distintas sensibilidades que hay en su conjunto. Esto último no tendría nada de particular -siendo deseable la unidad en acontecimientos de esta índole-, salvo por el hecho de que los sindicatos acudieron sólo a uno, en el que participaba Pilar Manjón para, acto seguido, encabezar una marcha de protesta en contra de la reforma laboral.

Las libertades de expresión y reunión están consagradas en la Constitución, pudiendo ser ejercidas sin más límites que los que marque la ley. Dentro de esos límites, como es lógico, no están los temporales; su ejercicio no está sujeto, por tanto, a horas o fechas determinadas. Ocurre que un día como el de ayer tendía que haberse dedicado más al recuerdo que a la protesta; hay 364 más indicados para reivindicar lo que se estime oportuno. Estados Unidos honra a sus víctimas del 11-S y Japón a las suyas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki -y ahora, las del terremoto del pasado año- en exclusiva, sin que acto público alguno coincida con una fecha tan señalada. Lo mismo debía haber pasado ayer en Madrid.

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