Crónica económica
Martes 13 de marzo de 2012
El programa cubre reuniones con funcionarios de la troika comunitaria, del gobierno griego, sindicatos, empresarios, bancos… El lunes fue el primer día del programa, con una agenda muy apretada, que incluía la visita a dos ministros del gobierno de coalición: Michalis Chrysohoïdis, titular de la cartera de Protección del Ciudadano (Interior), y Stavros Dimas, el ex comisario europeo, que es ministro de Exteriores.
Aunque hay un relato más o menos consensuado sobre qué camino ha seguido Grecia para llegar a una situación como la actual, cada uno incide más en un aspecto que en otro, y la visión sobre las posibilidades de que el país salga del atrolladero económico y fiscal que vive cambia mucho de uno a otro portavoz.
Michalis Chrysohoïdis, quien hasta hace pocos días ocupaba la cartera de Desarrollo y Competitividad, la misma que nuestro Luis de Guindos, ha expuesto la situación de su país en términos muy crudos: comparando la situación de Grecia y de Austria en 1991 y en la actualidad. En 1991, Grecia y Austria tenían un peso de las exportaciones sobre el PIB, ambas, del 26 por ciento. Visitaban Austria 12 millones de turistas, y Grecia 8 millones de turistas. En la actualidad, visitan Austria 32 millones de turistas, y Grecia 15. Y el porcentaje de las exportaciones sobre el PIB, en Grecia, ha pasado a ser el 45 por ciento, mientras que en Grecia ha caído al 10 por ciento.
Es decir, que mientras Austria ha seguido siendo una economía competitiva, que ha podido volcarse hacia el exterior y beneficiarse de la participación de sus empresas en la globalización, Grecia ha ido para atrás. Chrysohoïdis lo achaca, principalmente, a la generosa política de ayudas y subvenciones por parte de la Unión Europea. Puede parecer desagradecido, pero lo que dice Chrysohoïdis es que ese dinero fácil (los agricultores que compraban coches de lujo en lugar de invertir en maquinaria, por ejemplo) ha acabado “con la cultura del esfuerzo, con lo mejor de Grecia, que son sus trabajadores. Todo se perdió por las subvenciones de la UE. Por el dinero fácil, sin producción y sin exportaciones”. Luego reconoció que “nosotros, en el Pasok, no estábamos preparados para afrontar la globalización”.
Aunque el sistema financiero no constituía un problema en Grecia, la crisis fiscal y la subsiguiente descalificación de su deuda por las agencias de rating llevaron, en cascada, a la rebaja en la calificación de sus bancos. Y esto estranguló el acceso de las entidades financieras al crédito internacional, lo que ahogó financieramente a la economía doméstica.
Eso fue al comienzo de la crisis. Porque ahora el país sufría otro estrangulamiento. “¿Quién iba a invertir en este país si no se sabía si en cualquier momento íbamos a suspender pagos e irnos del Euro?”. El éxito del acuerdo con los tenedores privados de deuda griega para una quita de las obligaciones del Estado Heleno ha logrado darle un gran respiro al país, porque ha alejado, durante un buen período de tiempo, esa incertidumbre.
Chrysohoïdis ha incidido en los avances que ha hecho el país en los últimos quince meses. “Estamos reformando Grecia. Por lo que se refiere a la facilidad de hacer negocios, Grecia es un país nuevo”. Lo cual es cierto. Se ha reducido y simplificado mucha regulación. Pero aún los retos a los que se tiene que enfrentar Grecia son enormes, y algunos de ellos parecen casi insalvables, al menos en un período de tiempo medio. Y esos retos no los podrá solucionar un gobierno reformista, sino la sucesión de gobiernos reformistas durante años, lo cual sólo se logrará con el respaldo del conjunto de la población.
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