Opinión

Casi dos siglos de El Imparcial

Margarita Márquez | Martes 15 de enero de 2008
A punto de iniciarse la primavera de 1867, la tarde del 16 de marzo, veía la luz El Imparcial, fundado por D. Eduardo Gasset Artime, joven pero ya experimentado periodista que había dirigido la más famosa de las revistas ilustradas de la España isabelina, el Semanario Pintoresco fundado por Mesonero Romanos en 1836. La cabecera no era nueva. Alcalá Galiano dio vida por primera vez al rótulo El Imparcial en el Cádiz de las Cortes, allá por 1812. Lista y Hermosilla habían escrito en un periódico homónimo de corte afrancesado durante el Trienio Liberal y en 1846 fue la voz de los moderados más cercanos a Bravo Murillo y Donoso Cortés. Los tres intentos fueron breves en el tiempo y escasos de éxito. Pero El Imparcial nacido en 1867 resultó ser desde el inicio una empresa sólida que ayudó a transformar y modernizar la prensa en España y con el tiempo demostró ser un periódico longevo y líder con una mirada serena en la política sin dejar el mundo de la ciencia y la cultura logrando un éxito de tirada y ventas hasta entonces inimaginable.

Hacer un repaso a su vida (1867-1933) no es solo recorrer la Historia de España desde los últimos momentos de la monarquía de Isabel II hasta la Segunda República, sino también contemplar la evolución del periodismo pues fue precisamente el último tercio del siglo XIX el momento en que los grandes periódicos comenzaron a emanciparse de los partidos políticos y, sin dejar aún de tener vinculación ideológica e incluso personal a las grandes figuras públicas, entendieron la empresa informativa: formar, informar y entretener con el propósito de hacer crecer sus tiradas, sus anunciantes y su público lector.

Pionero en estas lides fue Gasset y Artime que poseía olfato periodístico y perspicacia política para atinar con la zona templada donde situar su nueva obra. La temprana muerte del fundador en 1884, dejó a su segundo hijo, Rafael Gasset Chinchilla, al mando del periódico con 17 años, circunstancia que no empañó la trayectoria de El Imparcial. El nuevo director mejoró incluso la labor de su padre llevando el cenit del diario durante la campaña de Cuba en los años 1895-1898 cuando el mismo Rafael Gasset viajó a la isla para informar in situ de los acontecimientos bélicos.

Las innovaciones no se ciñeron solo al marco ideológico. Sobre la base informativa y noticiera del diario primó el carácter intelectual y didáctico que le dio un aire reflexivo a sus editoriales, y en sus páginas se reservó una importante atención al mundo de las letras, de las ciencias y las artes. Eduardo Gasset, uno de los introductores del krausismo en España, ayudó a difundir el pensamiento institucionista a través de las páginas de su diario. En 1874 introdujo en su Imparcial el que sería el más afamado de los suplementos literarios de la prensa española, los Lunes, dirigidos desde 1879 por el futuro yerno del fundador, José Ortega Munilla, que fue quien elevó la sección a la categoría de excelente.

Adelantado también en la técnica, el periódico madrileño que comenzó con una máquina que tiraba a mano 500 ejemplares diarios, adquirió una de las primeras rotativas del mundo en 1875 (el invento es de Walter en los 60 para el diario londinense The Times) registrando por esa fecha los 45.000 ejemplares. Con el tiempo tendría edificio propio, dos rotativas y consiguió 130.000 periódicos diarios.

Dos escisiones tuvo que vivir El Imparcial durante su vida. En 1879 un grupo de redactores y operarios dejaron el periódico para fundar El Liberal, al no estar de acuerdo con la línea impuesta de aceptación de la política de la Restauración. En 1917 de nuevo gran parte de la plantilla abandonaba el periódico para levantar El Sol, esta vez por el malestar que provocó en Rafael Gasset la publicación del artículo de su sobrino, José Ortega y Gasset: "Bajo el arco en ruina" que vaticinaba el irremediable fin del régimen canovista. Ambas empresas lograron ser también grandes diarios de éxito.

La fórmula de ser imparcial ma non troppo, pues nunca negó su marcado carácter liberal, ecuánime pero no indiferente, alejado de extremismos de cualquier signo y de ser firme y sensato en su opinión pero atrevido y audaz con las noticias, distanciando la una de las otras, le valió a El Imparcial un resultado excelente tanto en notoriedad como en ventas.

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