José Eugenio Soriano García | Miércoles 14 de marzo de 2012
En muchos puntos de muchas ciudades españolas, desde luego en Madrid, es muy frecuente que en semáforos y sitios que obligan al detenimiento del vehículo, aparezcan mendigos, pidiendo dinero, ofreciendo los pobres limpiar el parabrisas y algunos también haciendo de saltimbanquis mientras se pone en verde la luz de tráfico.
Ocasionan algunas molestias desde luego. Pero no es eso lo que debería preocuparnos. La cuestión grave es que actúan continuamente entre los coches, en el mismo tráfico rodado y no son pocas las veces – más bien son muchas – en las que parecen “torear” a los coches, con grave peligro de su integridad y quizás de su vida.
Como además muchos, la mayoría, no entienden el español, no hay manera de indicarles correctamente que se aparten, apenas pueden hacerse gestos, que aunque es seguro que entienden, impiden muchas veces que hagan la maniobra correcta para evitar cualquier colisión o atropello. Arrollar a un viandante de estas características es algo que continuamente puede ocurrir, y milagro es que no pase más veces.
Sin embargo, la policía municipal no actúa, no al menos en muchos puntos de Madrid, de lo cual me atrevo a dar fe y hacer de Notario, ya que he visto varias veces, por ejemplo en el Paseo de la Castellana, actuar a cinco o seis mendigos en un semáforo estando enfrente una dotación de la Policía Municipal.
Examinemos a continuación qué ocurre si se atropella a una persona que esté pidiendo de continuo en la calle.
Dependerá, como siempre, del Juez que te toque, el que aprecie o no, la voluntaria puesta en riesgo continuo de su vida por parte del atropellado o del arrollado por un coche con ocasión de un arranque en que no se haya visto bien al mendigo o se le haya sobrepasado si apenas darse cuenta. En esto, los jueces penales son cada uno de su propio pelaje, además de que dependerá enormemente de cada caso concreto lo que efectivamente haya ocurrido en tal supuesto.
Pero, añadida, hay otra cuestión, a saber, la responsabilidad patrimonial del Ayuntamiento por dejación de sus funciones y por permitir una violación flagrante y sistemática de la Ley de Seguridad Vial (además de otras leyes desde luego) en las que, como decía ya aquél viejo Código de la Circulación, todo depende de la autoridad de tráfico, en concreto en este supuesto, de la Policía Municipal.
Será difícil que un abogado encargado de un asunto no implique al Ayuntamiento, incluso penalmente, por esta tremenda dejación de funciones. Además, desde luego, de solicitar la reparación integral con condena en costas en otras vías (civil, contencioso – administrativa).
No tiene ningún sentido abdicar de las funciones de autoridad, precisamente por quienes tienen supuestamente la Autoridad. No hemos entregado los coches y armamento y medios a la policía municipal para que esté cruzada de brazos. El riesgo en que permiten que se coloquen estos mendigos se traduce en responsabilidad en caso de accidente o siniestro.
Esta absurda situación tiene que acabar. No se puede permitir que personas continuamente expongan su vida en riesgo, por cierto con actuaciones al final ilegales. No se puede permitir que consienta la Policía municipal mirando a otro lado cuando el atropello se puede producir en cualquier momento. Habrá en ese caso, problemas de toda clase, desde luego para el infeliz conductor que atropelle a un mendigo, en primer lugar. Pero luego también para el propio Ayuntamiento, cuyas arcas, tan menguadas, habrán de responder directamente o por derivación en estos casos.
Proteger a esas personas, protegiendo al mismo tiempo la seguridad del tráfico y la tranquilidad de los ciudadanos es deber del Ayuntamiento. Si no, al tiempo. Habrá querellas, demandas, exigencias y problemas sin cuento.
La ley está para que todos la cumplamos. También los Ayuntamientos.