Sábado 12 de abril de 2008
La composición del nuevo gabinete ministerial pasará a la historia por ser el primero que incorpora entre sus filas un mayor número de mujeres -9 frente a 8 hombres-. Si tal acontecimiento es de por sí una buena noticia para el progreso de la mujer, no lo es tanto el hecho de que se destaque la condición femenina por encima del currículum. Es de suponer que Zapatero habrá elegido a los miembros de su gobierno ponderando criterios de aptitud y no de sexo. Lo contrario es derogatorio para la mujer. No olvidemos que éste es el equipo de personas que ha de hacer frente a los retos de una nueva legislatura que se presenta complicada. Ojalá, pues, prime el esfuerzo por encima del efectismo. A veces, da la impresión de que se busca más el impacto mediático que la solución a nuestros problemas y ésa no es la mejor forma de gobernar un país. A la presentación del nuevo gobierno le ha sobrado, como suele ocurrir con el Presidente, representación y actuación. El señor Zapatero debería reconciliarse con el hecho de que, a la postre, la realidad -que no la teatralidad- termina por imponerse, como le ha ocurrido con la escasez de agua en Barcelona, y que no siempre le será posible convencer a su propio electorado que la culpa es del PP, de Irak o de la herencia franquista.
Suele ser práctica habitual la concesión de 100 días de gracia a la hora de evaluar los defectos y virtudes de alguien que debuta. Ese plazo sería entendible con las nuevas caras, Cristina Garmendia (Innovación), Bibiana Aído (Igualdad), Beatriz Corredor (Vivienda) y Celestino Corbacho (Trabajo). No lo es, en cambio, para aquellos que repiten. Algunos, como la “ascendida” Carme Chacón, -cambia la cartera de Vivienda por la de Defensa- se asientan en el entorno más próximo del Presidente. Otros, los Vicepresidentes Solbes y de la Vega, seguirán siendo sus principales baluartes, al igual que Rubalcaba, quien permanece al frente de Interior. Caso curioso es el de Miguel Sebastián, repescado tras su estrepitoso fracaso en las municipales de Madrid. Por lo demás, la línea que se atisba es ciertamente continuista. Quitando que tal reflexión pueda tener detractores o partidarios, sí es cierto que, a la hora de “vender” la remodelación ministerial, podrían haber pesado otros argumentos. La apuesta por la ciencia y tecnología (y los esfuerzos para integrarlas en el circuito productivo) son loables y constituyen una apuesta genuina y acertada que Zapatero ha demostrado ya, más allá de gestos y palabras, con los hechos del presupuesto. Y lo mismo cabe afirmar en relación a la plena incorporación de la mujer a cargos de responsabilidad. Pero esto último queda devaluado por la machacona insistencia en hablar de féminas en lugar de personas. La batalla de la igualdad se ganará el día que las cuotas se arrinconen en pos de las cualidades personales, que las hay.
Crisis de gobierno. Desde luego, crisis, y aguda, es la que sufre nuestra Justicia, sumida en socavones más profundos que los que originan las obras del AVE. Por ello, cuesta entender que en Infraestructuras y Justicia no haya habido movimientos. Magdalena Alvarez y Mariano Fernández Bermejo respectivamente, han dado muestras de una supina incompetencia, a la que hay que añadir una total falta de talante, y unas maneras que distan mucho de un nivel mínimo de cortesía. El caso de Justicia es particularmente delicado. No hay democracia, en el sentido occidental de la palabra, sin un funcionamiento razonable de la Justicia y sin asegurar su autonomía e independencia. En este sentido, las injerencias de los dos grandes partidos en el Tribunal Constitucional es más que preocupante. El pacto entre ambos debe ser para reformar la Justicia, no para repartírsela. Y muchos dudan que el ánimo sectario del señor Bermejo sea el más indicado para esa tarea. En cuanto a la política exterior, lo más adecuado es seguir el ejemplo del Presidente y dejar de mencionarla porque lo cierto es que no existe ni en su cabeza, ni en su actividad, ni en su gobierno. En todo caso -y dado nuestra diminuta relevancia internacional- se entiende que en Exteriores, nunca mejor dicho, siga Moratinos. Con todo, la realidad internacional, aunque salga poco en los sondeos, existe y su ignorancia nos está saliendo muy cara. Esta realidad, así como la marcha de economía y el funcionamiento de la Justicia, deberían de ser prioritarias para Zapatero y su equipo. Tienen una oportunidad de oro, toda vez que esta legislatura nace sin tantos chantajes nacionalistas como la anterior, siempre y cuando se aproveche la modulación moderada en el actual discurso de Rajoy y se busque el pacto en las grandes cuestiones de Estado -la territorial incluida- con preferencia al “cordón sanitario”. Sea como fuere, un acercamiento sería un buen comienzo. El respaldo que ambos líderes han obtenido el las urnas les avala para ello. Y a España le hace falta.
ESPERPENTO BOLIVARIANO
Si Bolívar levantase la cabeza, se avergonzaría del uso que de su nombre hace un personaje como Hugo Chávez. Caricatura de sí mismo e histriónico hasta los límites del ridículo -frecuentemente traspasados- el mandatario venezolano parece tener un cupo semanal de ocurrencias que a nadie ya sorprenden, por más que alarmen. No obstante, esta vez ha ido algo más allá. Es sabida la devoción que el líder bolivariano siente por su amigo Fidel Castro, del cual pretende tomar el testigo ideológico -si es que sus limitaciones se lo permiten- y abanderar un frente antiimperialista y anti muchas más cosas, fundamentalmente todas aquellas que se asemejen a cordura o se asemejen a libertades y derechos. Y es conocido igualmente su afán por rodearse de dirigentes afines en todo el continente americano.
Por eso ha causado cierta extrañeza su intención de de nacionalizar la siderúrgica Sidor, del grupo argentino Techint. Tal decisión pone a prueba la estratégica relación que ha construido en los últimos años el Gobierno de Hugo Chávez con Argentina. Cristina Fernández de Kirchner, que ha defendido en distintos foros internacionales su amistad con Chávez, calla ahora ante semejante atropello. Es lo que ocurre por juntarse con malas compañías. El gobierno español, que había callado sino celebrado en su día las ocurrencias del caudillo caribeño y cometido el dislate de venderle armas, ya sufrió el correctivo de la desagradable realidad muy tempranamente. Ocurrió algo parecido con la nacionalización de la cementera mexicana PEMEX, y el silencio guardado por López Obrador, frente a la airada protesta de la práctica totalidad de la clase política mexicana. Sus relaciones con Lula -cuyos intereses fueron amenazados en Bolivia- tampoco son todo lo fluidas que cabría esperarse de dos personas procedentes de la izquierda. Y es que el Presidente de Brasil hace tiempo que se distanció de actitudes carnavaleras y se dedica, con más o menos éxito pero con realismo y sentido común, a trabajar por su país.
Visto lo cual, el rosario de despropósitos de Chávez debería servir como aviso a navegantes. Todos le sufren. Nacionaliza empresas, cierra medios de comunicación, expropia tierras a particulares, protagoniza intervenciones públicas sonrojantes y juega con la estabilidad del precio del petróleo. En la historia americana ha habido personajes funestos, pero pocas veces han dispuesto de ingentes recursos para ponerlos al servicio de planes hegemónicos a escala continental como Hugo Chávez. Y lo peor es que sus desmanes no parecen tener fin. En manos del pueblo venezolano está derrotar -ya ha sufrido un primer revés hace poco- en las urnas a uno de los mayores problemas que ha tenido nunca Venezuela, en particular, y América Latina, en general.
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