Opinión

Guerra de banderas, ¿otra vez?

Javier Cámara | Jueves 15 de marzo de 2012
Los nacionalismos en España se repiten más que el chorizo frito. Son muy cansinos. Nada nuevo bajo el sol. De forma cíclica, como las estaciones o las crisis económicas, insisten en su particular ‘guerra de banderas’ porque aborrecen las insignias de España en los ayuntamientos o, si tienen ocasión y el éxito deportivo acompaña, disfrutan más que un cerdo en el barro si pueden abuchear el himno nacional, insultar al Rey y gritar a calzón quitado que no son españoles.

Ahora, además, dos novedades: los hay que llaman a no pagar impuestos a la Agencia Tributaria española, y pagar sólo a la catalana y lo último, la tramitación en el Parlament de la nueva Ley de Consultas Populares, que ha sido promovida por CiU y que, con la excusa de conseguir un nuevo logro en la carrera nacionalista contra el Gobierno y procurar su erosión, el objetivo final de Artur Mas no es otro que el de arrancar a Mariano Rajoy un nuevo modelo de financiación con el que sacar más dineros de las arcas públicas.

La misma cantinela de siempre. Los partidos nacionalistas a lo suyo. Lo que sucede es que, si bien silbar durante el himno de España se puede entender como un derecho de libre expresión o intentar arañarle unos eurillos al erario es absolutamente lícito, no colocar la bandera nacional o no pagar impuestos es ilegal y contra eso sólo cabe una cosa: los Tribunales.

Ahí entra el papel de los responsables de administrar Justicia en este país y su voluntad para hacer cumplir la ley. De su buen hacer dependerá en gran medida evitar una nueva felonía del nacionalismo, que busca, una vez más, enfrentar su legitimidad con la del Estado, poniendo así en peligro la armonía y concordia de nuestra coexistencia. Pero lo dicho, a los que defienden eso de la soberanía catalana les da igual, para ellos lo importante es socavar la legitimidad del Gobierno, para eso les pagan. Que la comunidad está en quiebra, no importa. De lo que se trata es de quitar o eliminar aquello que no les gusta, que por lo general es todo lo que huela a español.

Y digo yo: ¿Estamos de acuerdo todos en que el único objetivo de los nacionalistas es obtener más prebendas y privilegios? ¿Por qué de la lengua, la bandera, el futbol, las embajadas, los impuestos y la financiación, al final, lo más importante es el dinero? ¿Cuántas guerras de banderas volveremos a tener en los próximos cien años? ¿Conseguirán los nacionalistas sus objetivos algún día?

La vida funciona así. A unos le amarga la roja y gualda y a una mayoría de españoles no gusta que las aficiones del Fútbol Club Barcelona y del Athletic de Bilbao (no todos los seguidores, claro) conviertan la Final de la Copa del Rey en una gran muestra de rechazo por España y por el Rey. Y hay que respetar el derecho de expresión de todo el mundo. Así debe ser. En cualquier caso, ver que grupos independentistas vascos y catalanes quieren convertir este evento deportivo en la mayor marcha antiespañola de la Historia de Madrid resulta incongruente con el hecho de disputar un torneo patrocinado por el Jefe del Estado.

Que cada uno se entretenga a su manera, pero que se respete al prójimo y no le rompan su coche, su tienda o, incluso, la cara simplemente porque opine de forma diferente. Alguien debería apuntar que el peligro viene de la radicalización de las demandas de los partidos políticos que tienen luego su reflejo en la calle. Pero a ellos les da igual, mientras se pueda aprovechar para obtener privilegios.

Al final, que se lo tomen como quieran, la realidad es tozuda para algunos y tanto el País Vasco como Cataluña son España. Esto, de momento, no va a cambiar.

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