Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 17 de marzo de 2012
Este jueves se ha cumplido un año del comienzo de las revueltas en Siria. Los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo han decidido cerrar sus Embajadas en Damasco mientras los refugiados llenan los hospitales libaneses. La entrada en Homs de las tropas del Presidente Bashar el Asad –cuya familia gobierna el país desde 1971- ha endurecido la represión en barrios como Bab el Amro. Las informaciones que llegan a través de los pocos periodistas desplegados en la zona, las agencias islámicas de ayuda humanitaria y las organizaciones de derechos humanos hablan de francotiradores disparando contra población civil desarmada, fusilamientos, torturas y bombardeos indiscriminados. ACNUR cifra en treinta mil los sirios que han abandonado el país desde el inicio de las revueltas. España suspendió las actividades de su Embajada la semana pasada y el PSOE ha pedido que el Embajador de Siria en España sea expulsado.
Desde que comenzaron las revueltas en Siria, el régimen ha reprimido sin piedad a los opositores, que sin embargo han resistido hasta ahora aunando fuerzas distintas, contradictorias y aun rivales. El Consejo Nacional Sirio, con sede en Estambul, agrupa a los Hermanos Musulmanes sirios, los miembros que firmaron la llamada Declaración de Damasco, y la Comisión General de la Revolución Siria entre otros. España, el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos los han reconocido como los representantes legítimos del pueblo sirio pero cada vez son mayores las dudas sobre los verdaderos vertebradores de la resistencia en Homs y en el resto del país contra el régimen de El Assad. Sin duda existen líderes demócratas entre los opositores –y desde luego son más democráticos que cualquier miembro del Gobierno sirio- pero hasta ahora la oposición ha sufrido divisiones internas, abandonos y traiciones que han menoscabado los esfuerzos de resistencia contra el dictador. Mientras tanto, Damasco gana tiempo y reprime a los opositores en una vieja táctica ya ensayada por Irán con éxito y por Gadafi sin él: aguantar de manera que cuando la comunidad internacional reaccione sea demasiado tarde. El dictador libio lo intentó pero no tuvo tiempo suficiente: los bombardeos de los aliados detuvieron su ofensiva sobre Misrata, acabaron con su superioridad militar sobre los rebeldes y abrieron el camino a un contraataque rebelde que ya fue imparable. Irán, sin embargo, consiguió detener la Revolución Verde, encarcelar a los opositores y reconquistar las calles antes de que la comunidad internacional tuviese tiempo de reaccionar.
Los ataques contra Homs y Hama han sido importantes avances psicológicos para El Assad, que pasa a la ofensiva. Los bastiones rebeldes han sufrido un castigo terrible y la búsqueda de opositores se hace casa por casa. Sin embargo, el régimen está cada vez más aislado internacionalmente. Teherán continúa apoyando a El Assad y le ha aconsejado no mencionar a Al Qaeda como responsable de atentados pero sí agradecer su apoyo a los países amigos. La visita de Kofi Annan a Siria ha sido más un refuerzo del régimen que un balón de oxígeno para los opositores. Todos los miembros del Consejo de Seguridad han respaldado su gestión. La Federación Rusa y la República Popular China siguen manifestando su oposición a una intervención militar que –de todos modos- el propio Presidente Obama ha valorado con mucho escepticismo.
Ahora bien, quedan los países del Golfo, las monarquías árabes amenazadas por la creciente influencia iraní y la inestabilidad en la región. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos desconfían de Teherán y ven en el apoyo a los rebeldes sirios una forma de socavar la influencia iraní en la región. Qatar, Omán y Kuwait no son tan optimistas frente a una guerra fría contra Irán, uno de cuyos frentes sería Siria. Es cierto que en la República Islámica el escenario político es confuso. Ahmadineyad ha salido debilitado de las últimas elecciones y algunos creen que lo más prudente sería dejar que los radicales de Teherán luchen entre sí hasta agotarse. Quienes piensan así parecen no estar amenazados por el programa nuclear iraní.
Cuando termino esta columna llegan informaciones sobre un atentado en Damasco contra el cuartel de la Inteligencia Aérea y contra la sede de la policía criminal. Se habla de 97 muertos. El Ejército libre Sirio anunció hace pocos días la captura del general Naim Jalil Oda y pidieron, a cambio de su liberación, la de los presos encerrados en la sede de la inteligencia Aérea, el edificio que ha sufrido el atentado. En el pasado, fuentes estadounidenses han vinculado ataques contra la seguridad del Estado a Al Qaeda, que podría aprovechar el vacío de poder en el país para cometer atentados.
La represión contra la población civil dura ya más de un año. Ni El Assad ha caído ni los rebeldes se han rendido. Nadie quiere intervenir pero nadie puede quedarse al margen. Si el Assad gana, Irán saldrá fortalecido. Si cae, nadie sabe bien qué sucederá.
He aquí la tragedia de Siria.
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