tribuna
Lunes 19 de marzo de 2012
Nuestros sindicatos tienen el triste honor de compartir con los partidos los últimos lugares en el ranking de confianza institucional de la ciudadanía española. Según nuestra encuesta de julio pasado, los sindicatos ocupaban el último lugar con 3,26 puntos de confianza en una escala de 1 a 10 y los partidos el penúltimo con 3,38. La confianza sindical se situaba, incluso, por debajo de la de las organizaciones empresariales (4,32). Y aunque todos (partidos, sindicatos y patronal), han retrocedido en su puntuación de confianza en los últimos años, son los sindicatos los que se llevan la palma con 1,32 puntos de retroceso (frente a las seis décimas de la patronal y las ocho de los partidos). ¿Conocen los sindicatos este tipo de información? ¿Habrá mejorado la confianza ciudadana en ellos en los últimos ocho meses? ¿Es esta una buena circunstancia para convocar una huelga general? Lo más grave es que esa puntuación de (des)confianza es generalizada entre hombres y mujeres, casi todos los grupos de edad, las distintas clases sociales, sea cual sea el nivel de estudios o la situación laboral y, más serio aún, el electorado. Solo los menores de 24 años (4,9), los estudiantes (5) y, en menor medida, socialistas (4,1) y nacionalistas (4) rompen la barrera del 3 en la que se sitúan todas las categorías sociales estudiadas. Pero, estos mismos grupos reparten el mismo nivel de confianza con los empresarios (5, 5, 4 y 4.4, respectivamente).
La opinión pública española piensa mayoritariamente que los sindicatos no son representativos de los trabajadores (51% frente a un 46% que los considera representativos), que es la opinión mayoritaria de quienes están trabajando en este momento (55%) --- no así la de quienes están en paro, que se muestran más divididos --, sea cual sea el género, el nivel formativo (desde el 49% de quienes tienen estudios primarios al 53% de quienes han hecho FP), la posición social, los grupos de edad (tan solo en el de 25 a 34 años prevalece una ligera mayoría favorable del 49%), aunque no sucede lo mismo con la adscripción política. Las opiniones mayoritariamente desfavorables a su representatividad destacan entre los votantes del PP (59%), UPyD (56%), los pequeños partidos (54%) y los abstencionistas (50%), mientras que los electorados socialista (53%) y de IU (54%) se inclinan por su representatividad, mostrándose mucho más divididos los votantes nacionalistas. Hay que destacar que en todos ellos hay importantes contingentes minoritarios en contra o a favor, respectivamente. Por eso, una mayoría similar cree que los trabajadores no tienen motivos suficientes para afiliarse a un sindicato (55% frente a un 39% que si cree que hay motivos), que es lo que piensan la mayoría de quienes están trabajando en este momento.
Es verdad que para la mayoría no son responsables de la actual situación económica (58% frente a un 38% que si lo cree), ni de nuestro elevado nivel de desempleo (54% frente a un 42% que si lo cree), pero la opinión pública percibe mayoritariamente que no tienen suficientemente en cuenta el interés general del país (59% frente a un 36% que si lo cree). Al mismo tiempo, aunque se espera de ellos que defiendan sus posiciones con firmeza y movilización (68% frente a un 28% que piensa lo contrario), también se les requiere que en determinados momentos deben de moderar sus demandas en beneficio del interés general (75% frente a un 21% que piensa lo contrario). ¿Estaremos ante uno de esos momentos? ¿Cuál de estas dos demandas o expectativas primará más en este momento?
Todo apunta a que los sindicatos han optado más por la firmeza reivindicativa y movilizadora. La cuestión es si ésta es la opción más responsable ante el interés general que les pide preservar y defender la inmensa mayoría de nuestra ciudadanía. Los grandes sindicatos nacionales han optado por la agenda de huelga general (política) para el día 29, que ya habían fijado con mucha anterioridad los sindicatos nacionalistas (ELA y LAB) en el País Vasco. Es bien conocida la responsabilidad social y económica con la que han venido actuando dichos sindicatos vascos (basta recordar la huelga que le convocaron a Patxi López sin haber sido investido Lehendakari). ¿El día 29 lograrán reducir la brecha que les separa de la mayoría de la ciudadanía española o, por el contrario, la agrandarán?
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