Enrique Arnaldo | Jueves 22 de marzo de 2012
Han transcurrido escasamente tres meses desde la formación del nuevo Gobierno. Ni siquiera hemos llegado a los cien días y en tan breve espacio de tiempo parecen haberse consumido varios lustros. Se vive a una tan vertiginosa velocidad que el mes anterior se nos pierde en los huecos de la historia. ¡Y qué decir del Gobierno de Zapatero! Ha sido tan rápidamente olvidado que ni siquiera los más informados son capaces de situar exactamente la fecha de caducidad.
¿Quién recuerda hoy la alianza de civilizaciones que tantos esfuerzos y recursos consumió? ¿Se acuerda hoy alguien de la memoria histórica que tantas frustraciones y rencores ha alimentado? ¿Dónde queda la cultura de la subvención que prodigiosamente se instauró como la madre de todas las políticas? ¿En qué año de la edad de piedra se puede situar la bondad intrínseca de la creación de Agencias, Consejos, Observatorios o Comisiones que han sido la guinda del pastel de cualquier ley?
Quizás corresponde a los egiptólogos la investigación sobre las preguntas enunciadas, que nos rememoran una suerte de nueva disciplina: la arqueología política. Ahora, a día de hoy (y los que le quedan), nos domina, de manera casi totalitaria, el monotema de la crisis económica. Ya hay grupos amigos y de compañeros de trabajo que se han impuesto, como deber inexcusable, no hablar… de lo de siempre. Si el Gobierno anterior, el perdido en la noche de los tiempos, nos dejó exhaustos, al nuevo le ha correspondido dar malas noticias justo cuando los ciudadanos están dando síntomas de agotamiento, de no poder más con la carga de la innombrable crisis. Aunque me temo que nos quedan bastantes meses de mili… para empezar a ver la luz. Si es que hay.
Las grandes preguntas son si nos acostumbramos a vivir sin un Defensor del Pueblo en cada Comunidad Autónoma; si seremos capaces de entender una ciudad que no disponga de teatro de la ópera, orquesta sinfónica y polideportivo multiusos olímpico; si entenderemos un dial en el que desaparezcan las televisiones públicas; si comprenderemos un país en el que no haya una Universidad a la puerta de casa. No amarguemos más la jornada del viernes. Bastantes piedras llueven y no pocos pedruscos quedan por caer –según dicen- tras las elecciones andaluzas del próximo domingo que, por el momento, han operado como tapón de las decisiones más duras.
La historia es circular, nos dijo Toynbee. Y la circularidad nos enseña que de todas las crisis surgen sociedades más fuertes y decididas, pero eso sí, tras previamente haber operado un severo proceso de selección. Ese proceso selectivo comporta que mucho tejido adiposo sea despegado y se queme en la pira. Pero no teman los políticos, a ellos no les quemarán, pero sí a miles de páginas del BOE.
P.S.: Buena prueba de que ya nadie se acuerda de Zapatero es lo que aconteció el otro día en el Caprabo de Pozuelo de Alarcón. Concurrían muchas personas con sus carritos al uso. Entre esas gentes, Zapatero y Sonsoles. Nadie les miró. Nadie les saludó. Nadie ni siquiera se dio por aludido de su presencia. Y ¿realmente estaban allí?
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