¿Qué tal lleva los maratones de entrevistas y fotos, como el que le ha tocado vivir en Málaga?Por supuesto, forma parte de este juego. Estoy ya viviendo mi madurez. Ahora soy un hombre tranquilo, satisfecho, que empieza a conducir el coche de la vida con calma y serenidad.
¿Le ha costado mucho lograr este equilibrio?La verdad es que no. La vida me ha tratado bien y creo que he sabido estar a la altura del privilegio de tener las cosas que me ha proporcionado. Creo que he tenido mucha suerte.
Le gusta cultivar el misterio. Sólo se deja ver cuando hay algo de qué hablar. "Todos estamos invitados" le ha hecho salir del escondite.(risas) Creo que los actores sólo tenemos que dejarnos ver cuando tenemos algo que contar. Y estoy encantado de tenerlo que hacer sobre esta película -en la que interpreta a Xavier, un profesor de universidad amenazado y en el punto de mira de los grupos radicales vascos por disentir de sus ideas-. Creo que el resultado es magnífico, porque se habla de un tema muy delicado pero con muchísimo respeto y sutilidad, sin ningún color político. Lo que cuenta, en el fondo, es una historia de amor pero con un fondo de terrorismo, que hará reflexionar al espectador sobre el tremendo problema con el que viven muchas personas en el País Vasco. No se puede mirar hacia otro lado ante este problema, de ahí la invitación del título para que todos nos impliquemos.
Xavier, su personaje, ¿es un valiente o un insensato?Yo creo que es un hombre digno, un hombre normal. Ni valiente ni cobarde. Tiene una gran ética y rebela contra la injusticia y la ignorancia de la gente por no poder solucionar las cosas a través del diálogo. Xavier lo que quiere es que se pase la página terrible de cuarenta años de miedo y que la gente consiga vivir en paz.
¿Qué le une y le separa de él?Es un personaje que me ha dado mucho. Me ha transmitido un entendimiento de la situación que yo antes no veía. Viví dos meses en San Sebastián, hablando con mucha gente amenazada por Eta, con gente con miedo, a la que le dejan una nota diciendo "sabemos dónde está el colegio de tu hijo". Situaciones como ésa te rompen la vida y a mí, en concreto, me ha cambiado la percepción de las cosas.
¿Está viviendo su mejor momento como actor y persona?Creo que, poco a poco, han ido reconociendo mi talento e implicación en proyectos comprometidos. Día a día he ido manejando mejor los recursos de la interpretación y he estado ahí, jugando en Primera División. Creo que estoy un buen momento aunque, para llegar hasta aquí, he tenido que hacer películas muy alejadas de lo que hoy tengo entre manos.
¿Imaginaba llegar hasta aquí?Yo no soñaba con ser actor, así que todo esto es como un regalo. De las cosas malas que he hecho, no me arrepiento nunca porque he aprendido más de ellas que de las buenas. He aprendido de mis trabajos malos, porque me han enseñado a "buscarme la vida". No me arrepiento de ellos porque todos los pasos que he dado en mi vida son los que me permiten estar ahora aquí, sentado contigo después de muchos años de trabajo, y jugando a ganar. Y así soy muy feliz.
¿Qué le hace diferente para que siga en una posición de privilegio?Yo creo que la clave ha estado en que nunca le he hecho ascos a nada. No me ha importado torear el toro más difícil en la plaza del pueblo para seguir aprendiendo. He arrastrado con paciencia mi fama de galán, de chico atractivo y de películas orientadas a potenciar mi físico. Siempre he tenido claro que un actor para ser completo tiene que ser un todoterreno y demostrarlo en cine, teatro y televisión. Incluso, si hay que hacer publicidad ¡¡se hace!! porque cuando te llaman para ese tipo de cosas es porque eres creíble y no un friki. Me gusta todo lo que tenga que ver con comunicar.
¿Qué le "renueva por dentro y se le nota por fuera" y que no es el yogur?(Risas) Sin duda alguna, mi actual situación personal que es excelente con mis hijos, mi familia, con la gente que me rodea, con mis amigos. Y, por supuesto, porque trabajo sin parar. Todo eso me da mucha tranquilidad por dentro y se nota por fuera (risas).
¿Qué le ha proporcionado la madurez?Serenidad y, sobre todo, capacidad de selección. Ahora elijo con sensatez lo que quiero hacer y con quién quiero estar. Antes no decía no a nada ni nadie y ahora dejo pasar esas cosas con total tranquilidad. Ahora soy un hombre sereno, tranquilo, selectivo.
Si uno de sus hijos decide seguir sus pasos, ¿es el destino ideal que quiere para él?Yo descubrí mi vocación a los treinta años. Quiero ese futuro para ellos si se toman la vida del actor como yo me la he tomado, porque creo que así es muy enriquecedora. Es una vida que te permite investigar en otras y enriquecerte personalmente de una forma que ninguna universidad te va a dar. Lo que yo quiero es que mis hijos sean felices, que hagan lo que les guste y para lo que valgan.
¿Es un padre severo o tolerante?Muy tolerante y, en contra de lo que se pueda pensar, creo que es muy bueno porque ellos responden muy bien a la libertad y tolerancia que les doy. Soy consentidor y les mimo porque hacerlo así me da muy buen resultado con ellos. Tenemos absoluta confianza, sobre todo con el mayor porque la niña aún es muy pequeña. Somos muy amigos, nos lo contamos todo. Ponemos encima de la mesa los errores que cometemos y lo hacemos sin ningún tipo de miedo al efecto que pueda generar en el otro. Somos muy cómplices..
¿Hay un antes y un después respecto a la paternidad?Yo no me hice un hombre de verdad hasta que no fui padre. Hasta el momento de la paternidad era un niñato total. Es la experiencia más enriquecedora por la que he pasado. La he vivido por partida doble y de manera diferente, debido a las edades de mis hijos. Cuando nació Nicolás estaba en una edad en la que me comía el mundo. Tener un hijo estaba bien, pero sólo quería "comerme el mundo". No me arrepiento de aquella etapa porque conseguí "comérmelo muy bien" y llevar a ese hijo a que hoy seas un "hombre de pro", por supuesto con ayuda de su madre también. Ahora con la niña es diferente, no sólo se me "cae la baba" sino que, una vez comido el mundo y que me he ganado mi trozo de pastel, ahora es más importante un catarro de mi hija que me llame Scorsese, por ejemplo.
Se puede hacer compatible leerle un cuento y rodar con Spielberg, ¿no?(risas) Claro que se pueden hacer compatibles pero, si tengo que elegir, Spielberg tendrá que esperar hasta que termine de leer el cuento de mi niña. Lo que me han dado mis hijos no me lo da un reconocimiento, un premio, ni el mejor guión del mundo. La felicidad que yo siento cuando estoy con mis hijos no la iguala nada. Antes, si mi profesión no me hacía feliz, me moría. Ahora todo es diferente.
¿La cincuentena le pasa factura?Físicamente la noto. No me enteré de los cuarenta, pero ahora noto que he perdido elasticidad y la máquina ya empieza a fallar más. Lo acepto, pero intento combatirlo llevando una vida ordenada, haciendo deporte y comiendo sano. Cuido mi salud, pero mi exterior cada vez me preocupa menos. Soy cero coqueto.
¿Qué le tiene ilusionado en estos momentos?Estoy preparando dos nuevas películas y hacer Hamlet, en el teatro, con Juan Diego Botto. Estrenaríamos en Almagro y luego haríamos gira, llegando a Madrid en diciembre en el Centro Dramático Nacional. Hace cinco años que no hago teatro y necesito volver a pisar un escenario y regresar a la fuente de la interpretación.
¿Le apetece probar la aventura de Hollywood? No. Mi puerta está cerrada "a cal y canto" para las propuestas de Hollywood. No me interesa nada, porque tengo cincuenta años y hay que ser realista. Tengo una a la que no quiero renunciar. Aceptar esa aventura significaría no estar con mis hijos, ni con mis amigos, no poder ver el Real Madrid-Barca un domingo. Prefiero ser aquí cabeza de ratón que allí cola de león.